La ley del garrote y el colmillo.
La llamada de lo salvaje, de Jack London

miércoles, 15 de febrero de 2017


«A cada momento le sobrevenía una sorpresa desagradable. Lo habían arrancado de manera repentina del centro de la civilización para arrojarlo bruscamente al corazón mismo de lo primitivo. La suya ya no era una vida regalada, acariciada por el sol, sin otra cosa que hacer que haraganear y pasar el rato. Aquí no había paz ni descanso, ni un solo momento de seguridad. Todo era acción, un desorden confuso; no había instante en que su vida o su cuerpo no corrieran peligro. Era necesario estar siempre alerta porque aquellos perros y aquellos hombres no eran perros ni hombres civilizados. Eran todos salvajes que no conocían más ley que la del garrote y el colmillo».

No soy muy aficionado al cine, pero una de mis películas favoritas es Hacia rutas salvajes, inspirado en hechos reales y, específicamente, en un libro que recientemente Ediciones B ha reeditado como Dios manda. Hacia rutas salvajes es la historia de Chris McCandless, un joven de veinticuatro años con unos excelentes estudios y un futuro prometedor cuando, en 1992, deja familia, pareja y futuro atrás para aventurarse sin apenas equipo a las tierras salvajes de Alaska para vivir solo en contacto con la naturaleza. Esta película, pues tengo que reconocer que la vi antes de leer el libro, me cambió la vida. Cuando los créditos desfilaron por la pantalla miré a mi alrededor sumido en un maravilloso estado de confusión y desorientación, invadiendo mi interior la sensación de estar totalmente fuera de sitio, que la historia de McCandless había hecho temblar los pilares que sostienen mi vida, mis creencias, mis prioridades y mis temores. He recordado esta película muchas veces, especialmente cuando he viajado a lugares más pobres y he visto a familias felices bañándose en las costas de Tanzania o en los lagos de Guatemala, sin preocuparse del ascenso de Trump al poder, o el próximo examen, o del futuro de la Unión Europea, o de demostrar su felicidad constantemente en las redes sociales. Tienen otras prioridades y otros temores, pero mi sensación es que ellos son más felices porque están más en contacto con el mundo real, ese que en el primer mundo solo sabemos ver cuando muere algún ser querido, momento en el cual todas nuestras preocupaciones y alegrías diarias se desvanecen y despertamos momentáneamente del sueño en el que estamos sumidos siempre. Pues de momento nuestro mundo ficticio no ha sabido esquivar el abrazo letal de la muerte. A veces pienso que solo cuando dejas todo lo superfluo atrás, como hizo McCandless, vives de verdad. Pero, ¿y si en vez de un hombre es un perro quien se va hacia lo salvaje? Hoy os traigo La llamada de lo salvaje, de Jack London.

Donde se juntan los océanos.
Maladrón, de Miguel Ángel Asturias

domingo, 5 de febrero de 2017


"No conquistadores, caballeros andantes que bajaron de los Andes Verdes, leales con ellos mismos, bajo la cruz del Maladrón, hasta dejar de ser ellos, porque al final de sus vidas y su desesperada búsqueda de locos, ya eran otros, no los mismos que llegaron de España, otros unos seres que formaban parte de la geografía misteriosa de un país construido de los mares al cielo, por manos de cataclismos y terremotos, igual que una de esas pirámides blancas, altísimas, que en su andar contemplaron perdidas en las selvas"

Se cumplió un año desde mi retorno de Guatemala, país de la eterna primavera, tierra de lagos mágicos, volcanes inmortales, terremotos furiosos y verdes selvas, bendita y maldita a la vez, llena de idiomas antiguos y secretos por descubrir, mágica e inolvidable, cuando decidí me atreví a leer otra obra de Asturias. Al comprobar que sí, que ya había pasado un año desde que volví de ese país que tanto me enamoró, decidí volver a las letras de su héroe literario nacional, su Shakespeare, Miguel Ángel Asturias, Premio Nobel de Literatura. Mi relación con Asturias es ambivalente, hay libros suyos que me han enamorado de arriba a abajo (como Leyendas de Guatemala o El señor Presidente), otras que me empezaron gustando pero me perdí en el torbellino de sus letras (como Mulata de tal) y otras que simplemente abandoné, tan absoluto era mi estado de desorientación (como me sucedió con Hombres de maíz). Sin embargo, hay algo en su literatura que me recuerda al propio país de Guatemala. Esa sensación de que por mucho que mires y remires hay realidades que se escapan de tu vista, que flotan invisibles en el aire, o se hallan enterrados en el fértil suelo, como las ruinas de castillos antiguos, o permanece oculto en las profundidades del bello y misterioso lago Atitlán. Secretos antiguos, callados como el quetzal desde la invasión de los españoles. Por eso decidí acercarme a otra obra de este interesante autor, paradigma del realismo mágico más exaltado y libre. Hoy os hablo de Maladrón, de Miguel Ángel Asturias.


No decepcionar a papá.
Leyenda de un suicidio, de David Vann

domingo, 29 de enero de 2017


"Su padre hizo una pausa, y Roy dijo: ¿Y entonces qué?
Con el tiempo los confines se terminaron tocando. Se doblaron y se unieron y formaron el globo, y el peso echó el mundo a rodar y los hombres y las bestias dejaron de mirarse. Entonces el hombre miró al hombre y, como todos éramos tan feos, sin pelo y con bebés que parecían escarabajos patateros, el hombre se dispersó y empezó a matar bestias y vestir su pelaje más bonito.
Ja, dijo Roy. Pero luego qué.
Lo que pasó luego es muy complicado de contar. En algun momento aparecieron la culpa, el divorcio, el dinero y Hacienda, y todo se fue al infierno.
¿Crees que todo se fue al infierno cuando te casaste con mamá?
Su padre le lanzó una mirada que dejó claro que Roy había ido demasiado lejos. No, creo que se fue al infierno un poco antes. Pero es difícil decir cuándo."


Pocas emociones han invadido con tanta fuerza mi interior como el anhelo de no decepcionar a mi padre. El padre, quien de pequeño veía tan grande, tan poderoso, incluso tan misterioso, a veces lejano, otras sorprendente, con opiniones y pareceres contundentes que no admiten réplica alguna, con la severidad del juez más seguro de su equidad y la implacabilidad del policía más vigilante y estricto. El padre, quien marca las líneas rojas, quien, con su entrada en casa después de trabajar, las normas se endurecían. Pero detrás de todo esto el padre, la figura a la que te quieres parecer de mayor, su fuerza, su espíritu, su éxito y sus principios. No decepcionar a papá, no hacerlo nunca, un anhelo nato y automático en nuestro cuerpo del que pocas veces nos damos cuenta, pero que si se nos pasa por alto puede tomar decisiones en nuestro nombre y seguir el camino que siguió papá, y no el que nosotros queremos seguir. Hoy os hablaré de la primera obra de David Vann, Leyenda de un suicidio.

Las ambiciones de Emma.
La señora Bovary, de Gustave Flaubert

lunes, 9 de enero de 2017


"¡Tengo un amante! ¡Tengo un amante!", recreándose en esa idea, como si le hubiese sobrevenido otra pubertad. Por fin iban a ser suyas esas alegrías del amor, esa fiebre de la felicidad con las que ya no contaba. Estaba entrando en algo maravilloso donde todo sería pasión, éxtasis, delirio; la rodeaba una inmensidad azulada; las cumbres del sentimiento le resplandecían en la imaginación, y la vida corriente no se le aparecía sino muy abajo, en la sombra, entre los intervalos de esas alturas."

Hacía ya tiempo que, sin haber leído la famosa novela escrita por Gustave Flaubert, Emma estaba presente en mi vida. La primera vez que supe de esta obra fue en un curso de narrativa del Ateneu Barcelonès, en el que me quedé hipnotizado por el detallismo, la perfección, el realismo y el gran control sobre todos los elementos narrativos que demuestra Flaubert en la primera escena de esta novela, en la que el bueno de Charles Bovary, futuro esposo de Emma, entra torpemente al colegio a sus doce años de edad. A partir de ese momento empecé a oír constantemente el nombre de Emma Bovary, junto al de Anna Karenina, en conferencias, discursos y conversaciones, como referentes literarios femeninos del adulterio. Por esto, aun antes de empezarla, ya sabía más o menos el argumento de esta novela.

Lo que desconocía por completo era el motivo de la dedicatoria inicial de esta obra, motivo que no puedo hacer otra cosa que destacar siendo yo estudiante de Derecho. Flaubert dedicó La señora Bovary "a Marie-Antoine-Jules Sénard, miembro de la Orden de Abogados de París, expresidente de la Asamblea Nacional y Exministro del Interior". Y es que probablemente es gracias a este abogado que podemos leer hoy esta gran novela, ya que defendió a Flaubert en las cortes judiciales ante los censores del gobierno de Francia, que querían prohibir su publicación "por ofensa a la moral pública y religiosa y a las buenas costumbres".

El juicio tuvo lugar en el Palacio de Justicia de París el 29 de enero de 1857. El abogado imperial, Ernest Pinard, de quien más tarde se dijo que era autor de unos poemas eróticos y aficionado a la pornografía, acusó a La señora Bovary de ser una obra obscena, y apenas siete meses más tarde hizo lo mismo con Las flores del mal, de Charles Baudelaire. El día del juicio Pinard destacó una selección de escenas, atendiendo especialmente a lo que dice el texto sin decirlo explícitamente, para concluir que, "aunque la obra es admirable desde el talento, es execrable desde lo moral". Por el otro lado, Sénard se centró en defender que para valorar la moralidad de una obra no se tiene que atender a los pecados y escenas que aparecen en ella, sino en las consecuencias de estos y estas. Finalmente el juez, aun admitiendo muchos de los argumentos del astuto Pinard, no encontró falta bastante a la moralidad para impedir la publicación del libro que os traigo hoy, La señora Bovary, de Gustave Flaubert.


No lo esperaba ese día, o tal vez sí, pero me había olvidado
La Esposa joven, de Alessandro Baricco

sábado, 24 de diciembre de 2016


"De vez en cuando, me dijo, los hombres mientras lo hacen, cierran los ojos y sonríen: ama a esos hombres, dijo. De vez en cuando abren sus brazos por completo y se rinden: ama también a ésos. No ames a los que lloran mientras están follando, aléjate de los que la primera vez se desnudan a sí mismos; desnudarlos tú es un placer que te pertenece".

Llegó como la Esposa joven, con el sonido del timbre en la entrada. Y al igual que a la Esposa joven, tampoco era una llegada esperada para ese día, o tal vez sí, pero me había olvidado, inmerso como estaba en la lectura de Cuentos de Navidad, de Charles Dickens. Así que puse el punto, bajé las escaleras y abrí. Y ahí estaba el cartero con un misterioso paquete. En ese momento lo comprendí, supe que había llegado mi Bookish.


Ya hace años que existen en los países anglosajones las conocidas como box literarias, es decir, cajas literarias. Los que se suscriben a un box reciben cada mes una misteriosa caja que contiene un libro cuidadosamente seleccionado con una guía de lectura y algunos detalles relacionados con ella. Yo mismo hacía tiempo que tenía ganas de suscribirme a una, pero en España solo existían de literatura juvenil. Sin embargo, por las redes sociales empecé a seguir el rastro de Bookish, la primera box literaria que encaja a la perfección con mis gustos literarios, así que no me lo pensé. Mi mayor miedo con las box literarias, como lector compulsivo que soy, es que me enviaran un libro que ya me había comprado, pero Bookish solo envía novedades muy recientes. Y finalmente llegó con el sonido del timbre en la entrada, y no me lo esperaba, o sí y me había olvidado, el hecho fue que pronto descubrí cual sería mi primera lectura venida de Bookish, y fue ni más ni menos que un libro al que había estado cortejando ya alguna vez en la librería sin acabarme de decidir; La Esposa joven, de Alessandro Baricco.