La música del azar, de Paul Auster

miércoles, 30 de noviembre de 2016


"Sabía que Pozzi tenía grandes posibilidades de ganar, que de hecho jugaba con muchos puntos de ventaja, pero la idea de ganar le parecía demasiado fácil, algo que ocurriría con demasiada rapidez y naturalidad como para traer consecuencias permanentes. Por ello la posibilidad de la derrota ocupaba un lugar predominante en su pensamiento, y se decía que siempre era preferible prepararse para lo peor que dejar que te cogiera por sorpresa. ¿Qué haría si las cosas salían mal? ¿Cómo actuaría si perdía el dinero? Lo extraño no era que pudiera imaginar esta posibilidad, sino que pudiera hacerlo con tal indiferencia y distanciamiento, con tan poco dolor interno. Era como si en realidad no tomara parte en lo que estaba a punto de sucederle. Y si ya no estaba implicado en su propio destino, ¿dónde estaba, entonces? ¿Y qué había sido de él? Pensó que quizá había vivido en el limbo durante demasiado tiempo, y ahora que necesitaba encontrarse a sí mismo de nuevo ya no había nada a que agarrarse. De pronto se sintió muerto por dentro, como si todos sus sentimientos se hubieran agotado. Deseaba sentir miedo, pero ni siquiera el desastre podía aterrorizarle."


Curiosamente, el libro que os traigo hoy llegó a mí por azar. Nadie me lo recomendó ni me llamaba especialmente la atención. Fue uno de esos encuentros casuales que parecen surgir de la nada: una ramita que el viento rompe y de repente aterriza a tus pies. Si hubiera sucedido en cualquier otro momento, puede que nunca me hubiese fijado en este libro. Sin embargo, el hecho de que era el único de los cinco libros que estrenaron la hermosa colección Edición limitada de Anagrama y teniendo en cuenta sus pocas páginas y lo mucho que me gustó Brooklyn Follies, me tiré a la piscina sin referencia ni advertencia alguna. Hoy os traigo La música del azar, de Paul Auster.

Patria, de Fernando Aramburu

lunes, 28 de noviembre de 2016


"- ¿Por qué actúo así?
- Por cobardía.
- Exacto. Porque soy un cobarde como él y como tantos otros que a estas horas, en mi pueblo, estarán diciendo bajito para que no les oigan: esto es una salvajada, un derramamiento inútil de sangre, así no se construye una patria. Pero nadie moverá un dedo. A estas horas ya habrán limpiado la calle con una manguera para que no quede rastro del crimen. Y mañana habrá murmullos en el aire, pero en el fondo todo seguirá igual. La gente acudirá a la siguiente manifestación en favor de ETA, sabiendo que conviene dejarse ver en la manada. Es el tributo que se paga para vivir con tranquilidad en el país de los callados."

Hay un personaje del libro que os traigo hoy que dice del País Vasco que es un "pueblo emprendedor, aventurero, de hombres valientes y piadosos. Hemos trabajado la madera, la piedra, el hierro, y hemos andado por todos los mares; pero desgraciadamente, en el curso de los siglos, los vascos no hemos prestado suficiente atención a las letras". No sé si esto será cierto, pero la verdad es que hasta ahora nunca había leído a ningún escritor vasco. De hecho, ni siquiera conocía el nombre de Fernando Aramburu. Teniendo en cuenta esto y que la sinopsis de su último libro no me llamaba demasiado la atención (¡Una novela política! ¡Paso!), está claro que, si hay algún culpable de que me haya leído esta delicia de novela es Laura, del blog Dsdmona, que me lo recomendó a través de Goodreads. Hoy os traigo Patria, de Fernando Aramburu.

Lost in translation, de Ella Frances Sanders

miércoles, 23 de noviembre de 2016


"Por más que queramos ser diferentes, sentirnos como individuos, y nos entusiasmamos con la expresión, la libertad y las experiencias que nos hacen únicos, todos estamos hechos de la misma sustancia. Reímos y lloramos de forma similar, aprendemos palabras para después olvidarlas y, cuando conocemos a personas de culturas y lugares distintos a los nuestros, de alguna forma comprendemos cómo viven sus vidas. El lenguaje nos une a través de sus significados, tentándonos a cruzar fronteras y ayudándonos a comprender las preguntas terriblemente difíciles que la vida, implacable, nos arroja".

Una pausa. Esto es lo que buscaba: una pausa. Hoy os traigo un libro diferente que ha sido mi pausa. No estoy naufragando en ninguna crisis lectora, tampoco estoy perdido en una crisis bloguera. Sin embargo, es obvio que desde que he empezado a trabajar en el despacho (y a pesar de que me muero de ganas de explicaros mis últimas lecturas) cuando llego a casa solo tengo fuerzas para arrastrarme hacia la calidez de la cama, coger el libro de la mesilla de noche y leer hasta que se me cierran los ojos de agotamiento. Prefiero ignorar el número de reseñas pendientes. Quizás es por esta necesidad de una pausa, es decir, de una lectura simpática, diferente, original, sin más pretensiones que asombrar al lector, que me ha llegado tanto el libro que os traigo hoy; Lost in translation, de Ella Frances Sanders.

La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón

miércoles, 16 de noviembre de 2016



Todavía recuerdo aquel amanecer en que mi padre me llevó por primera vez a visitar el Cementerio de los Libros Olvidados. Desgranaban los primeros días del verano de 1945 y caminábamos por las calles de una Barcelona atrapada bajo cielos de ceniza y un sol de vapor que se derramaba sobre la Rambla de Santa Mónica en una guirnalda de cobre líquido. 

Mañana se acaba una espera insoportable para los seguidores de Carlos Ruiz Zafón; mañana sale a la venta El Laberinto de los Espíritus, la última parte de la tetralogía El Cementerio de los Libros Olvidados. Esta saga está formada por cuatro libros independientes y autónomos que comparten hilos argumentales, personajes y, evidentemente, el mismo cementerio de libros olvidados. Esta última aventura, de más de novecientas páginas, cierra el círculo que abrió, ya hace quince años, el libro que os traigo hoy. Convertido en best-seller mundial con más de diez millones de ejemplares vendidos en treinta y seis idiomas diferentes, hoy os traigo La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón.

Estupor y temblores, de Amélie Nothomb

lunes, 7 de noviembre de 2016


"El señor Haneda era el superior del señor Omochi, que era el superior del señor Saito, que era el superior de la señorita Mori, que era mi superior. Y yo, yo no era la superior de nadie.
Podríamos decir las cosas de otra manera. Yo estaba a las órdenes de la señorita Mori, que estaba a las órdenes del señor Saito, y así sucesivamente, con la precisión que las órdenes podían, además, saltar los escalones jerárquicos.
Por lo tanto, en la compañía Yamamoto, yo estaba a las órdenes de todo mundo"


Hay escritores con los que, pese al éxito que tienen, uno no logra conectar. Me ha pasado con muchos: Haruki Murakami, Mathias Enard, Patrick Modiano, Ken Follett, Ildefonso Falcones... Leo sus novelas y me suelen dejar indiferente, busco qué ven muchos lectores en sus historias, en sus personajes, en su estilo, en sus finales, no por ganas de ser como todo el mundo sino por la sensación de que se me está escapando algo que a otros han sabido apreciar. Uno de estos autores que me sacan de quicio porque acabo sus libros sin entender qué es lo que ven otros lectores -con los que solemos coincidir en muchas reseñas de otras lecturas- que yo no, es Amélie Nothomb. De ella ya he leído Una forma de vida y me dejó indiferente. Sin embargo, Jorge (del blog Persiguiendo a dragones) me dijo que esa era una de sus obras menores e insistió en que le diera otra oportunidad. Para decidir la siguiente lectura me dirigí a su blog, a una utilísima guía de lectura de Amélie Nothomb que ha escrito, y de entre las que recomendaba elegí el que me llamó más la atención. Hoy os hablo de Estupor y temblores, de Amélie Nothomb.