Feliç Sant Jordi


Hace mucho, mucho tiempo, el pueblo de Montblanc vivía aterrado por un monstruoso, horripilante, gigantesco y peligroso dragón. Tan fétido era su aliento que provocaba la muerte a todo aquel que, por desgracia, lo respirara. Tan aterradora era su mirada que todo aquel que visualizaba el destello rojizo de sus ojos se quedaba paralizado y hasta los soldados más valerosos lloraban como niñas perdidas. El Rey de Montblanc, al ver que nada podía hacer contra esa criatura infernal, decidió sacrificar cada día un rebaño de ovejas para llenar el hambre voraz del dragón. Gracias a esta idea Montblanc pudo ser reconstruido y sus gentes vivieron algunos meses una paz fría como la muerte, pero paz al fin y al cabo. Cada vez que se oían las voces de las aturdidas ovejas sacrificadas desde el bosque todos los ciudadanos de Montblanc, famosos por su bondad, bajaban la cabeza avergonzados.

Sin embargo, llegó el día en el que los rebaños de ovejas se acabaron. No nacían y crecían con la misma velocidad con la que el dragón las engullía. De este modo y sin otra opción, el buen Rey decretó que, para salvaguardar la recién reconstruida villa de Montblanc y sus gentes, empezarían a sacrificar personas para calmar el hambre del dragón. Se elegiría a una persona diariamente y al azar en un sorteo matutino. La paz se prolongó pero esta vez no se oían las voces de ovejas desde el bosque sino gritos del hijo del jornalero, la hija del panadero... y ahora los ciudadanos no solo bajaban la cabeza avergonzados, también lloraban en silencio. Cada día un ciudadano más era arrastrado y atado por dos férreos soldados al siniestro bosque donde habitaba el dragón. Nunca volvía nadie.

Llegó el día en el que en el sorteo matutino le tocó a la hija del Rey. La voz que lo anunciaba tembló al decir su nombre, las gente enmudeció. La princesa era muy amada por su pueblo. Daba de comer a los más necesitados, era solidaria con todo el mundo y estaba dotada de una belleza sin precedentes: su melena rubia, su honesta mirada y su sonrisa indulgente alegraba a los corazones más melancólicos. Es por eso que centenares de ciudadanos, tanto nobles y ricos como pobres y humildes, se ofrecieron voluntarios para sustituirla. Sin embargo, el Rey era justo y severo y obedecía sus propias leyes rigurosamente. Con un pesar en el corazón que solo cargan los padres cuando pierden a sus hijos y con lágrimas resvalando por sus reales mejillas rechazó a todos aquellos bondadosos voluntarios. Así pues aquel mismo mediodía la joven princesa se dirigió hacia el oscuro bosque. No lo acompañaron los dos férreos soldados, todos confiaban en la honestidad de la princesa. Al entrar en el bosque sintió una brisa fría y escalofriante. La princesa recordaba que unos pocos años atrás en aquel mismo lugar cantaban los pájaros y florecían flores de todos los colores y frutos silvestres. Ya no habían pájaros, solo murciélagos. Todos los árboles parecían observar aterrorizados como la princesa se dirigía a su destino fatal. De repente oyó un ruido a su derecha y, despidiéndose de la vida, se giró para encarar al monstruo que había destrozado su vida y la de los suyos. Sin embargo, cual fue su sorpresa cuando distinguió un caballero con un gran escudo y armado con una larga lanza. El caballo, blanco y rápido, se detuvo ante su presencia. El yelmo del caballero no permitía ver el rostro del caballero, aun así la princesa le gritó:
- ¡Huid, huid de aquí buen caballero! ¡Huid rápidamente a la villa de Montblanc, que se acerca un hambriento dragón y yo soy su comida! ¡Huid o seréis vos su cena!
Una voz viril, joven y valerosa salió de aquella brillante armadura:
- No huiré, gentil princesa, pues no he venido de tan lejos para huir sino para salvarla a vos y a vuestro pueblo del monstruo que os atormenta sin descanso. 
Nuestro valiente caballero no tuvo tiempo de acabar esta frase que apareció el dragón, furioso y escupiendo fuego. Mientras salía de su cueva y se dirigía hacia su comida había oído las voces de la princesa y el caballero y por la presencia de éste se creía traicionado por la súbita resistencia de Montblanc. El dragón no era estúpido: en su perversa mente pensaba en deshacerse de aquellos dos y destruir una vez más la ciudad para aplacar toda esperanza de sus gentes. La princesa no lo recordaba tan gigantesco.

El caballero supo reaccionar rápido y, esquivando el fuego del dragón, hirió su ala derecha con la lanza. Después empujó a la princesa para que se ocultara detrás de un árbol. El dragón, aprovechando esta oportunidad, le dio un coletazo que dejó al blanco y fiel caballo inconsciente cerca del lugar donde se encontraba la princesa. El caballero se levantó de donde había caído y, con la lanza lejos de su alcance, desenfundó la espada. Oía el llanto de la princesa, que se culpaba del inevitable final de aquella lucha. El hechizo de la mirada de la fiera no tuvo efecto alguno en el caballero que, esquivando una vez más su llamarada letal se montó escalando por sus escamas pétreas. El temido monstruo lanzaba fuego por doquier intentando deshacerse del caballero. Con la luz del recuerdo de la mirada añil y delicada de la princesa iluminando todos sus pensamientos, el joven caballero escaló el ardiente y largo cuello del dragón y puso sus manos en la llamarada abrasadora para clavar su espada en su boca atravesando así su garganta. Poco a poco la luz rojiza y sangrienta de los ojos del dragón se fue apagando. La fiera se desplomó.

La Bestia había muerto. Su sangre se esparció por el suelo y, en cuestión de segundos, creció un rosario con las rosas más bonitas y rojas que se hayan visto jamás. El caballero, sin ninguna herida grave, se sacó el yelmo, cogió la más perfecta de entre las hermosas rosas y se la tendió a la princesa. Ella, con lágrimas de felicidad en las mejillas y creyéndose en un sueño, aceptó el presente. Sus ojos azules en seguida se enamoraron de la mirada audaz del caballero. Él no se atrevió a besarla pues, virgen de tales sentimientos, sentía miedo de perderla. Despertaron al caballo, que se alegró de levantarse, pues en sus sueños vivía la muerte de su amo. Así pues el caballero llevó a la princesa de vuelta a Montblanc montando el caballo más feliz que se haya visto jamás.

Todos los ciudadanos tenían los ojos húmedos de tanto llorar cuando, incrédulos, vislumbraron a la princesa entre los brazos de aquel apuesto caballero. Al recibir la noticia de la muerte del dragón, el Rey, que nunca había sido tan feliz, quiso conocer al bravo caballero.
- ¿Cual es tu nombre, aparte del de Salvador?
- Jordi, su majestad.
Los ojos marrones del caballero eran vivaces pero tenían un resplandor de sabiduría que solo tiene la gente que ha visto mucho y tiene miles de historias que contar. 
- Jordi, no hay palabras para agradecer el bien que has hecho aquí. A falta de éstas, pues, te concedo cualquier cosa que esté en mi mano.
- Su majestad es muy amable. Aunque no ignoro las riquezas de Montblanc, desconocía por completo que poseíais el tesoro de los tesoros. Te aviso que no hablo de dinero, pues si de algo no peco es de avaricia. 
- Desconozco el tesoro al que te refieres pero di y será tuyo.
- Me refiero, su majestad, a mi amor. Siempre que ella consintiera, no anhelo más en este mundo que la mano de su hija.
El Rey tardó unos segundos en responder, pues su hija era lo más preciado que tenía. Sin embargo vio verdadero amor en la mirada de aquel caballero extranjero y no podía olvidar lo que había hecho por su pueblo y por su hija. 
De este modo, unos meses después sonaron campanas de boda en una Montblanc resplandeciente y próspera. El miedo era ya recuerdo y todas aquellas muertes una cicatriz que duele pero deja vivir. Todos los ciudadanos fueron invitados en el acto y nadie faltó. El caballero y la princesa se besaron ante el altar y vivieron felices y enamorados para siempre y hasta el fin de sus días.


He decorado la leyenda, ya sabéis que a esto no me puedo resistir, pero considero que he sido fiel a ella. Como se habrá notado, esta historia me ha encantado desde pequeño. En una obra de teatro del colegio me tocó hacer de jornalero. Decía dos frases y estaba más nervioso que el niño que hacía de Sant Jordi.  Espero que os haya gustado, ¡Feliç Sant Jordi a todo el mundo y leed mucho!

Comentarios

  1. Una de las tradiciones más bonitas, si no la más entrañable. Me encanta el halo que rodea la fiesta y que ensalza el amor y la literatura. Feliç Sant Jordi a tu també!

    Un abrazo.

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  2. Me encanta el día de Sant Jordi (que por cierto en Catalunya también es el día de los enamorados) por su romanticismo, su leyenda, su tradición, los millones de libros, las rosas, los libros, los libros... Me gusta muchísimo que nos recuerdes la leyenda aunque me gustaría que hubiese una versión en la que no matasen al dragón ;-) Feliç Sant Jordi!!

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  3. Sea cuento, leyenda o historia inventada no me importa. es preciosa y no la conocía.
    Me encanta esta fiesta
    Besos

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  4. La leyenda (o historia) es preciosa; la conocí de pequeña en el cole y, a pesar de no vivir en Cataluña siempre relaciono el 23 de Abril con dragones, rosas y princesas. Feliç Sant Jordi.

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  5. Aish, me ha encantado el detallito de la 'i' cual rosa *o*
    Y sí, se ha notado mucho que te gusta. Ha sido un placer poder leer la historia, que tengo que decir no recordaba muy bien, escrita de tu puño y letra. Bueno, metafóricamente, tú me entiendes.
    Además, las historias de dragones y princesas tienen un rinconcito en mi corazón, al fin y al cabo, son parte de la épica.
    ¡Feliz Sant Jordi!

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  6. Pero que bonica <333333 apenas para ponerla en juego de tronos xDDDD

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  7. Muchísimas gracias por compartirlo.
    Yo, desde luego, no la conocía. Y, con o sin un toque personal, resulta encantadora.
    ¡Ten un feliz Sant Jordi!

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  8. Preciosa historia! Y muy bien contada. Me ha gustado mucho! Y feliz día a ti también!
    Besotes!!!

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  9. Igualmente ^^ no conocía la leyenda y me ha gustado :)
    Saludos!

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  10. A todos los lectores nos encanta esta fiesta, es un poco en parte nuestro día, ¿verdad? Me encanta este orígen, esta historia que tiene detrás.

    Un abrazo y Feliz Sant Jordi!!

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  11. Conocía parte de la historia pero no con tanto detalle. Muy bonita. Feliz día para ti también. Besos

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  12. Me encanta la historia >.<
    Feliç Sant Jordi macu :)!

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  13. Completisima entrada, Feliz día para tí también!!

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  14. ¡Feliz día! Espero que te regalen muchos libros ¡¡!!


    Besos.

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  15. Una de las mejores tradiciones que tenemos, sin duda!!
    Felices lecturas!

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  16. Hermosa historia, muchas gracias por compartirla y también por pasar por mi blog. Me preguntas acerca de alguna obra de Virginia Woolf y te recomendaría todas, aunque El Faro es de mis favoritas.

    Feliz día del libro.

    Besos.

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  17. Perdón, que es Al Faro, eso me pasa por escribir tan rápido ;)

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  18. A mi me tocó hacer una vez de una de las chicas que se comía el dragón. Solo pude gritar, y poco más, jajajaja.
    Siempre me ha encantado esta historia y me encanta esta tradición, es uno de los días más felices del año, aunque reconozco que llevo 4 sin poder hacer nada especial, pues el trabajo no me deja salir y poder empaparme de libros, rosas, tradición,.... En fin, que ojalá pudiera salir de la oficina, pero como no se puede, mi tradición será estar en mi silla con un libro a mi lado, recordando esta bella tradición.

    BESOTES

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  19. Embelesada como una niña me he quedado con tu narración de la leyenda que da pie a este día.
    ¡Felicidades a todos los lectores y a todos los Jordis!

    Besos

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  20. Precioso post, gracias por recrear la leyenda e incluso realzarla con tu toque personal. :) Espero que hayas disfrutado mucho el día, allí deber ser impresionante celebrarlo. Besos

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