No hay más preguntas, de David Nicholls

lunes, 21 de enero de 2013



"Quiero escuchar grabaciones de sonatas para piano y saber quién toca. Quiero ir a conciertos de clásica y saber cuándo aplaudir. Quiero pillar el jazz moderno sin que me suene todo a desafinado, y saber qué es exactamente la Velvet Underground. Quiero zambullirme en el Mundo de las Ideas, comprender la economía en toda su complejidad y entender qué le ven a Bob Dylan. Quiero tener ideales políticos radicales pero humanitarios y bien informados, y debatir con pasión pero con lógica en torno a mesas de madera de cocina, diciendo cosas como "¡define los términos!" o "¡es obvio que partes de una premisa falaz!", y descubrir de pronto que ha salido el sol, y que llevamos toda la noche hablando. Quiero usar con aplomo palabras como "epónimo", "solipsista" y "utilitarismo"."
Después de leer Los Miserables y El retrato de Dorian Gray, tan excelentes como exigentes, anhelaba una novela sencilla y rápida. De David Nicholls había leído "Siempre el mismo día", que mereció el Premio T 2012 al mejor libro para llorar, y es que es una gran historia que, aunque el estilo del autor no acabó de conectar conmigo, no me arrepentí de leerlo. Así que cuando en un caluroso día de verano, paseando por Palafrugell, me topé con esta novedad del autor (novedad en España, ya que realmente fue la primera novela de David) decidí volver a probar con él.


Años 80. Conocemos a Brian Jackson, un chico impaciente para empezar su primer año en la Universidad y cuyo padre pereció años atrás. Desde el día que le dieron la beca para estudiar Literatura en la Universidad de Bristol crecen sus expectativas de cambiar su vida, convertirse en adulto y ser, como dicen los ingleses, cool. Quiere entender el mundo, acostarse con chicas guapas y huir de su pueblo, de su madre y hasta de sus amigos. Una vez en la Universidad, conocidos sus extravagantes compañeros de habitación y enamorado de una  estudiante llamada Alice Harbinson, se encuentra con la oportunidad de asistir a las pruebas de "No hay más preguntas", un concurso de preguntas y respuestas entre Universidades que es emitido por televisión. Impulsado por el descubrimiento de que Alice también asistirá a las pruebas y por el recuerdo de él y su padre intentando adivinar las respuestas del programa ante la televisión decide apuntarse.

Este libro, narrado en primera persona por el mismo Brian, es de estos ideales para leer en verano. Es fresco, divertido y engancha. Somos testigos de las peripecias que lleva a cabo el protagonista para llamar la atención de Alice, para encajar en el mundo universitario y agradar. Peripecias que en su inmensa mayoría acaban en nada. De alguna manera un servidor se vio reflejado en algunos aspectos de Brian como su anhelo de entender el mundo y destacar en algo o esa sensación de ser la persona más torpe que haya existido jamás sobre la faz de la Tierra. Sin embargo, nuestro protagonista es el perfil completo de un adolescente con todas sus consecuencias: sus hormonas lo pierden y se replantea su forma de ser constantemente para verse aceptado. Brian es un adolescente normal y corriente que al largo de la novela irá aprendiendo a quererse más a si mismo.

A mí me fue imposible no reír con este libro y con esto no quiero decir que hallaréis en esta novela juvenil un humor hábil e inteligente, se trata más bien de un humor a lo "American pie". Pero es que a mí esta clase de humor me puede. Hablo del típico chico gafe que todo le sale mal, que hace el ridículo en cada momento. El lector no podrá evitar susurrar al largo de la lectura un "No... Por Dios, no lo hagas". Me gustó especialmente Rebecca Epstein, una estudiante de Derecho judía que pese a ser tan fría y mal hablada es imposible no cogerle cierto aprecio debido a sus buenas intenciones. Un dulce detalle del libro es que cada capítulo empieza con una pregunta y una respuesta que nada tienen que ver con la historia pero es entretenido. Una buena idea. 

Por otro lado, también es verdad que esta novela sería mucho mejor como película, es de un ritmo muy cinematográfico pero a la vez bien trazado. Los personajes están excesivamente estereotipados y apenas cambian su personalidad al largo de la novela. Otro punto negativo, en mi humilde opinión, fue el trato del protagonista hacia su madre. Entiendo que David hizo esto para retratar la inconsciencia adolescente pero a mí me partía el corazón. Por último, el final. Buf, vaya final. 100% Brian. Os transcribo literalmente lo que dije en voz alta: "¡NO!, ¡NO!, no pot ser.... serà idiota...".

La novela fue llevada al cine en 2006 con el título de "Un chico listo" pero me ha sido imposible encontraros un trailer en español, por lo que se ve cumplida mi propuesta. Además, la adaptación parece adecuarse bastante al libro. 

En conclusión, esta es una novela juvenil, fresca y empapada de humor. No hallaréis en este libro una trama profunda ni original sino una "comedia" que os hará pasar un buen rato y os enganchará. El "¿Qué más le puede pasar al pobre Brian?" es respondido página tras página. Ideal para lectores no exigentes, perfecta para leer el próximo verano.

PD: estos días no he podido estar muy presente en la blogosfera lectora. Entre los exámenes y unas merecidas vacaciones no he encontrado el momento. Prometo hacerlo en cuanto vuelva a la rutina. Prometo también que la rutina llegará pronto.

Título: No hay más preguntas. Autor/a: David Nicholls. Título original: Starter for ten
Editorial: Maeva. Nº páginas: 382. Precio19,50€

El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde

domingo, 13 de enero de 2013


"Existiría un verdadero placer en vigilarlo. Seguiría a su espíritu en sus meandros secretos. Aquel retrato sería para él el más mágico de los espejos. Del mismo modo que le había revelado su propio cuerpo, le revelaría su propia alma. Y cuando llegase el invierno para el retrato, él seguiría aún en el lindero tembloroso de la primavera con el estío. Cuando la sangre fuese desapareciendo de su cara y dejase atrás una máscara lívida, como enyesada, de ojos inexpresivos, él conservaría el esplendor de la adolescencia. Ninguna floración de su lozanía se marchitaría nunca. El pulso de su vida no se debilitaría jamás. Como los dioses de los griegos, él sería fuerte, alígero y alegre. ¿Qué podía importar lo que sucediese a la imagen pintada sobre el lienzo? Él se salvaría. Esto era todo."

Ya hacía bastante tiempo que tenía muchas ganas de leer esta obra de Oscar Wilde. Me lo habían recomendado muchos blogueros literarios y nunca le había encontrado un agujero en mi tiempo. Es por eso que, cuando me acabé Los Miserables, de Victor Hugo, decidí leerme otro clásico ambientado en el siglo XIX. Después de recorrer las revolucionarias avenidas de París me retiro a las nublosas calles turtuosas de Londres para presentaros El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde.

La historia empieza con una conversación entre Basil Hallward, un reputado y bohémico pintor inglés, con un ex compañero suyo de Oxford, Lord Henry. En dicho diálogo al pintor se le escapa que siente un aprecio desmesurado hacia un joven llamado Dorian Gray el cual ha conocido recientemente y representa la belleza más pura que haya conocido jamás. Lord Henry, evidentemente, muestra interés por conocerlo y aunque Basil quiere evitarlo tiene la mala fortuna de que en ese preciso momento llega el joven Gray al taller para la última sesión de su retrato, en el que Basil está trabajando apasionadamente. El ingenuo Dorian en seguida se siente atraído por la oscura concepción que tiene Lord Henry de la vida. Basil, ausente de su conversación, acaba el retrato y cuando Dorian Gray lo ve se da cuenta, por vez primera, de su propia belleza. Delante de la obra acabada exclama que vendería su alma con tal de conservar siempre esa fresca juventud reflejada en el retrato. Error fatal, pues aunque tendrá su anhelada lozanía eterna, en el cuadro quedará reflejada su alma, con todos sus años y pecados.

En la primera conversación del libro ya se distinguen dos personalidades completamente diferentes: la concepción de la vida de Basil es la búsqueda de la inspiración, la belleza perfecta, la entrega a su propio arte y cierta antipatía a una sociedad comercial, convencional y materialista. Lord Henry, en cambio, tiene una concepción muy práctica del bien y el mal reduciendo el amor a una enfermedad y viendo al placer como el único objetivo en la vida.

Es el primer libro que leo de Oscar Wilde y la verdad es que me ha dejado impresionado. Dorian Gray enamora con su extraordinaria belleza al bueno de Basil que, a su vez, se lo da todo. Al principio la fatal influencia de Lord Henry queda frenada por el amor que siente Dorian por una joven actriz llamada Sibyl. Sin embargo, cuando él la abandona de una forma malvada y caprichosa y esta se suicida, la filosofía de Lord Henry empieza a marcar los pasos del joven Gray, que irá actuando de forma más egoísta y despiadada. Su progresiva corrupción lo separa de Basil y lo acerca a Lord Henry y el pecado gradualmente. Los años van pasando, pero su belleza pura resulta inalterable, quedando reflejadas todas sus acciones en el retrato, que acaba siendo el temor y pesadilla de Dorian.

El ingenio que caracterizó en vida al autor queda gravada en todos los diálogos que harán pensar al lector constantemente sobre los caminos del bien y el mal, tema que protagonizará todas las reflexiones filosóficas del libro. Y dicha perspicacia queda implícita sobretodo en la capacidad de Wilde de dar argumentos a favor del bien en boca de Basil, a favor del mal en boca de Lord Henry y la dirección del que tiene que decidir entre los dos en boca del protagonista. Los mejores diálogos, en mi opinión, son los de Lord Henry y su prima, la duquesa de Monmouth. El estilo de Wilde en esta novela recuerda muchas veces a la formalidad inglesa de las novelas de Jane Austen mezclado con soliloquios constantes y profundos que harán estremecer al lector. El narrador omnisciente nos relatará todas las dudas, temores, odios y amores de Gray.

Además, el hecho fantástico del retrato que muestra su alma hace esta historia única e irrepetible. Este es uno de los muchos elementos que hace que el lector no pueda dejar de leer -yo me lo acabé en menos de tres días- y anhele con impaciencia saber un final que se le presentará de manera totalmente inesperada. Parece ser que la conclusión a todo el debate entre el bien y el mal queda zanjado en un final rápido y de esos que dejan al lector sin aliento con la última frase.

El único factor que no me ha acabado de convencer es la longitud del libro. En mi opinión el hilo argumental da para un libro mucho más largo. La fantástica idea del retrato podría haber sido mucho más explotada y sobretodo el proceso que sufre Dorian Grey del bien hacia el pecado podría ser narrada detalladamente de forma que se le presente al lector de un modo mucho más escalonado y no pasar por este cambio de puntillas y en un solo capítulo (XI). A parte de esto, la historia es una genialidad y los diálogos un caramelo para los lectores más exigentes.

Es fácil ver en este libro cierto paralelismo con su vida. En la figura de Dorian Gray distingo la del refinado, bello y caprichoso lord Alfred Douglas, con quien mantuvo una relación amorosa el autor. Oscar lo idolatraba y se dejaba influenciar por él. Douglas, ferviente racista por cierto, llegó a animar a Wilde para que denunciase a su padre por difamación e injurias cuando este acusó al escritor de tener un affaire con su hijo. El escritor inglés denunció y acabó en prisión. Cuando abandonó el presidio (y también Inglaterra para siempre) estaba convencido de que el egoísmo de Lord Alfred había sido el culpable de su ruina. Oscar Wilde fue el primer mártir de la homosexualidad moderna.

En conclusión, El retrato de Dorian Gray es un libro perfecto para leer en invierno. Aunque en mi opinión es demasiado corto para una trama tan buena, el talento de Oscar Wilde en todos los diálogos, las reflexiones que suscita y la historia en sí hacen que este sea un libro diez que, sin duda alguna, volveré a leer en cuanto tenga ocasión.

Título: El retrato de Dorian Gray. Autor/a: Oscar Wilde. Título original: The Picture of Dorian Gray
Editorial: Debolsillo. Nº páginas: 265. Precio8,95€

Los miserables, de Victor Hugo

viernes, 11 de enero de 2013

"La mirada de las mujeres se parece a ciertos rodajes tranquilos en la apariencia, pero formidables. Pasamos a su lado todos los días quieta e impunemente y sin sospechar nada. Llega un momento en que hasta olvidamos que aquello está allí. Se va, se viene, se sueña, se habla, se ríe. De pronto, nos sentimos cogidos; todo acabó. La rueda nos detiene; la mirada nos ha preso. Nos ha preso, no importa por dónde, ni cómo, por una parte cualquiera de nuestro pensamiento que vagaba sin objeto; por una distracción que hemos tenido: estamos perdidos. Pasaremos completamente por toda la máquina; se apodera de nosotros un encadenamiento de fuerzas misteriosas, y en vano luchamos; no hay socorro humano posible. Vamos a caer de engranaje en engranaje, de angustia en angustia, de tortura en tortura; nosotros, nuestra imaginación, nuestra fortuna, nuestro porvenir, nuestra alma; y según que nos hallemos en poder de una criatura malvada, o de un noble corazón, no saldremos de esa espantosa máquina, sino desfigurados por la vergüenza o transfigurados por la pasión."

Fue el cuatro de marzo del pasado año el día en el que fui a ver en Barcelona el musical de Los Miserables con mi novia -aunque aún no salíamos juntos-. Me habían recomendado más de una vez aquella obra de teatro pero, aun así, me sorprendió la calidad de los artistas, de las canciones, del decorado y de todo. La verdad es que los dos nos quedamos impresionados. Fue por eso que, cuando vi el libro más tarde por una de esas casualidades que se agradecen en esta vida no pude evitar hacerme con él. Aunque tenía el libro desde aquel momento no lo empecé hasta este pasado mes de noviembre, cuando me enteré de que salía la película. No podía prorrogarlo más. Y aún habiendo visto el musical, conociendo tanto el principio como el final de este clásico, no pude llegarme a imaginar todo lo que contenían esas 1.742 páginas divididas en dos tomos (edición Debolsillo). 
Hoy os presento Los Miserables, de Victor Hugo.

El pasado domingo os contaba a modo de cuento la increíble biografía de Victor Hugo bajo el título de Historia de una vida, el primer escrito mío que no es reseña publicado en el blog. Espero que lo disfrutaseis y si no lo habéis leído aún, por favor, si en esta reseña os convenzo para leer este colosal obra no podéis empezarlo sin haber leído su vida. Pues nunca los libros son libres de las experiencias de su autor. En Los Miserables están impresos todos los valores de Victor Hugo. De este modo, y como podréis entender, no puedo evitar presentar brevemente donde y como fue escrito este libro.

Se produjo el golpe de Estado de 1851 en París cuando Victor Hugo tenía cuarenta y nueve años. Se exilió a Bruselas y condenó desde allí el golpe de Estado. También le expulsan de Jersey por haber criticado a priori en Francia a la reina Victoria. Se retiró pues a Guernesey y allí escribió y publicó a los sesenta años de edad su obra más importante: Los Miserables. Una libro que defendía a los oprimidos. Para escribir esta obra se inspiró en un criminal, el cual tenía por nombre Vidocq, que redimió y acabó inaugurando la Policía Nacional Francesa.

La historia se sitúa a lo largo del siglo XIX en Francia. Vidocq pues se encarna en el protagonosta del libro: Jean Valjean (la edición Debolsillo lo traduce como Juan Valjean y aquí pronuncio mi humilde protesta: por favor, en estos clásicos no traduzcáis los nombres. Es el octavo pecado capital). La historia empieza con nuestro protagonista al cual le conceden la condicional después de estar veinte años en prisión por robar un pedazo de pan para sus sobrinos, que hacía unos días que no comían, y por intentar evadirse de prisión en dos ocasiones. Y es que Jean Valjean, que siempre había querido ser buena persona, la prisión lo transforma en un ser salvaje. Como se dice en la propia novela "el presidio hace el presidiario".  Es por esto que, después de verse negado de trabajo y de techo por ser presidiario, y el benévolo obispo de Digne le deja entrar a su hogar y le da de comer no puede evitar fugarse de su casa por la noche robándole los pocos objetos de valor que tiene. Los soldados lo detienen pero el obispo miente para salvar a Valjean diciendo que esos objetos se los ha regalado él, que es inocente. Nuestro protagonista, después de este perdón, se cuestiona sus acciones y decide renacer. Renacer conlleva desaparecer. Y desaparecer conlleva romper la condicional.

Este es solo el punto de partida de este maravilloso libro, pero es que no hay manera de hacer una sinopsis de esta obra. En el camino de nuestro protagonista se irán cruzando el de la pobre Fantine, el de los malvados Thénardier, el de la preciosa Cosette y el del gentil Marius entre muchos otros. 

Si tuviera que resumir este libro en una palabra sería "completo". Y es que entre sus páginas encontraréis de todo: moral, amor paternal, pasional y no correspondido, odio, historia, religión, oportunismo, política, ley, pobreza, riqueza, bondad, maldad, ensayo, filosofía y muchos de los cuales me estaré olvidando... Pero vayamos al grano:

La historia en sí es única. En ocasiones reflexionaba si Victor Hugo era de los que diseñan toda la historia antes de ponerse a escribir o si era más de improvisar. Fuere como fuere esta historia es una obra de arte en todos los sentidos. Es compleja por la cantidad de personajes y la prolongada presentación que nos ofrece el autor de cada uno. Antes de integrar a un nuevo personaje al hilo argumental el buen hombre se dispone a contarnos toda su vida y milagros. Y esto no es un factor negativo, como erróneamente puedes estar pensando, sino que es un elemento que hace que conozcas a cada personaje a la perfección, hasta cuando es secundario. Y si sabes de donde viene alguien, ya puedes intuir hacia donde se dirige.

Lo sentimientos de todos estos personajes -especialmente los frecuentes soliloquios- provocan extensas reflexiones expuestas con una elegancia y una musicalidad que me han dejado estupefacto. Las conclusiones sobre la vida son increíbles. Con este libro he aprendido mucho y, aunque no creo que a todos los lectores les guste este factor, la cantidad de páginas que emplea para reflexionar están bien invertidas en mi opinión. 
Siempre que hay una frase o un párrafo en un libro que me hace pensar o me encanta la subrayo con un lápiz. Normalmente recojo tres o cuatro de cada libro: de este he recogido más de veinte. Si he elegido el que he elegido para encabezar esta reseña es porque me recuerda muchísimo a la primera vez que vi a mi novia.

Otros factores que pueden haber influido en el hecho de que me maraville tanto con esta obra es el amor que le tengo a la capital francesa, el interés que me suscita la época, las emociones que me arrancan las obras del movimiento cultural romántico o el hecho de que soy estudiante de Derecho y me interesa sobremanera las reflexiones del autor sobre la justicia y las leyes.

Si tuviera que señalar los elementos que no me han agradado tanto serían los siguientes. En primer lugar el principio lento de este libro. Se nos empieza explicando toda la vida del obispo de Digne siendo su papel en la historia tan imprescindible como breve. Repito que, en realidad, me encantó a posteriori, pero la verdad es que al principio de la novela te frena un poco la lentitud con la que el autor  guía al lector hacia el hueso del hilo argumental. En segundo lugar, de vez en cuando se hacen largas explicaciones históricas que, no lo niego, si supiera mucho más de Historia de lo que sé lo disfrutaría como el resto de la novela. Sin embargo, como no es así, en más de una ocasión se habla de temas populares en aquel tiempo y un servidor ha tenido que utilizar la Wikipedia más de una vez para enterarse de lo que se le narraba. 

En cuanto a mi opinión sobre el musical y su adaptación cinematográfica (y eso es importante: la película no sale del libro, sino que sale del musical que, a su vez, sale del libro) después de leer la novela mi nota es la siguiente: sobresaliente. Me sigue encantando, sigue siendo de diez. "¡Oh! ¿Cómo? ¿Por qué? ¡1.742 páginas! ¡Se habrán saltado un montón de hechos!". Claro que se han saltado escenas, y muchas. Los Miserables no es Harry Potter. Ni mucho menos. Pero si quieres saber la historia original y completa... ¡para esto está el libro! Es imposible transmitir lo que contiene esta obra a la pantalla. Pero está bien llevada y adaptada, dotada de excelentes canciones. Cuando una cosa está bien trabajada, brinda para que todo el mundo siga su ejemplo.

En conclusión, aunque no me quedo satisfecho con esta reseña no sé qué más deciros pues es éste un libro tan complejo, completo y complacente que es difícil de describir y hasta de recomendar. Sí, aunque es ahora mi libro favorito soy consciente de que es también un libro hecho a medida por un tipo de público. Solo si vais a ver la película y os apasiona, coged este libro conscientes de su longitud y del hecho de que, aunque es imposible que os resulte tedioso, el estilo narrativo de Victor Hugo no es el más rápido. La historia, los sentimientos, las reflexiones, las explicaciones históricas y sus extraordinarias descripciones de la Ciudad de las Luces se mezclarán en un remolino que, aunque a mí me enamoró, a otros les puede resultar flemático.




Título: Los miserables. Autor/a: Victor Hugo. Título original: Les misérables
Editorial: Debolsillo. Nº páginas: 1002 y 742. Precio: 17,90€

Historia de una vida

domingo, 6 de enero de 2013


Érase una vez que se era, en una lluviosa mañana de febrero de principios del siglo XIX, Besançon, un pueblo de Francia cercano a la frontera con Suiza. Aquella mañana Victor llegó el mundo. Era hijo de un reputado general del Imperio, Joseph Léopold -nombrado conde por el mismísimo José I Bonaparte- y de su mujer Sophie, de origen bretón. Victor era el mediano de tres hermanos, Abel era el mayor y Eugène el menor. Los destinos militares de su padre hicieron que nuestro protagonista tuviera una infancia nómada. Residió unos años en la capital de la España ocupada, en una residencia para nobles franceses desde sus nueve años. En el internado, Eugène llamaba a su hermano mayor "la bestia" debido a su fealdad. Victor, por su parte, lo observaba en silencio, fija y serenamente hasta que Eugène se veía obligado a desviar la mirada. Esta fue siempre su única respuesta a todos sus insultos. Si bien no tenía Victor el mejor físico en aquella época, triplicaba la inteligencia de su hermano menor.

Cuando Victor cumplió once años -y Eugène diez- se mudaron a París para vivir con su madre, que se había separado del general Joseph Léopold. Este hacía tiempo que sufría la actitud hostil de Sophie, que estaba perdidamente enamorada del padrino de Victor. Cuando Victor hubo cumplido trece años su padrino fue ejecutado y separaron a los dos hermanos de su madre. Fueron internados en la una pensión donde Victor empezó, por sí mismo, a aprender a utilizar la rima y la medida. Su madre leía sus obras y, consciente de su talento, lo animaba a seguir escribiendo. Un joven maestro de la pensión en seguida hizo amistad con el pequeño Victor y, conocedor también de su precoz vocación, revisaba y corregía sus escritos. Nuestro protagonista admiraba a Chateaubriand, escritor romántico de moda en aquellos años, y anotaba en su cuaderno que quería ser como él, que si no llegaba a ser como él no sería nada. ¡Ingenuo! Desconocía que su destino le tenía reservadas cimas mucho más elevadas.

Su inmensa ambición fue su fuerza: participó en un concurso de poesía y no ganó debido a que el jurado consideró que un chico de quince años no podía escribir tan bien, que tenía que ser una farsa. Sin embargo, a los diecisiete años ganó, por fin, otro concurso en Toulouse. Esta pequeña victoria disparará su carrera: abandona las matemáticas y se centra en su vocación literaria. Junto con sus hermanos funda una revista en la que empezará a demostrar su talento como escritor al país y publica, a los diecinueve años, su primera colección de poemas. Se agota en cuatro meses y hasta el rey, impresionado por su talento, le otorgó una pensión anual de mil francos. Esos fueron días de alegría para Victor: su don le estaba abriendo puertas, ese dinero no sería mal recibido en sus precarias arcas y, además, estaba profundamente enamorado de una amiga de la infancia, llamada Adèle, y podría empezar a ahorrar para casarse con ella. Para nada olía las nubes negras cargadas de infortunios que se acercaban dispuestas a acabar con esos años de dicha.

Y al fin tales nubes acabaron por desembarcar en su vida. Su madre siempre había estado junto a él, apoyándolo en todos sus proyectos y recordándole lo bueno que era en su oficio. Estaban muy unidos debido a la falta de un padre, que deambulaba perdido en guerras inacabables. Sophie murió una cálida noche de junio. Su muerte afectó profundamente a los tres hermanos, pero especialmente a Victor. Quizás por soledad, por deseo de su madre, por tener ya suficiente dinero ahorrado o, lo más seguro, por amor, contrajo matrimonio un año después con su amada Adèle, con quien tuvo cinco hijos.  Adèle era una mujer hermosa e inteligente cuyo espíritu inquieto impregnaba sus escritos, dibujos y pinturas. Por eso, la noticia de que estaba embarazada a todo el mundo alegró. A todos menos a una persona.

Eugène empezó a fijarse en la sonrisa atrevida y la belleza de su cuñada meses antes de que su hermano decidiera casarse con ella. Los escasos instantes compartidos le hacían sentir una felicidad extraña, un sentimiento que en sus poesías más íntimas osaba llamar amor. Adèle era indiferente a sus débiles tentativas. Eugène estaba enamorado de la mujer de Victor. Debido a esto cuando supo que estaba embarazada de su hermano comprendió, muy a su pesar, que ya no quedaban esperanzas. Adèle nunca sería suya. No podía evitar observar a Victor con cierto recelo. A Eugène también le apasionaba escribir. Y escribía bien. Más que bien, según más de un lector. Pero él no había ganado ningún concurso ni recibía dinero del mismísimo rey por sus excelentes rimas. No, él no era tan bueno como su hermano mayor, centro de todo el orgullo de su madre. Aunque amaba secreta y locamente a Adèle y tuvo que contemplar como era él el centro del mundo de su difunta madre, era imposible odiar a Victor. Este lo había acogido en su propia casa, siempre lo ayudaba en todos los ámbitos y, aunque en la infancia Eugène lo llamaba "la bestia", nuestro protagonista nunca se vengó. De algún modo, habían crecido unidos ante las idas y venidas de sus padres. Con el paso de los años Victor había ido embelleciendo. Victor era más listo, más bello y tenía a Adèle.
Eugène intentó centrarse en los cortos textos con los que se ganaba algún que otro salario pero en aquella casa llegaba el sonido y el olor de un amor sereno y afligido hasta el último recoveco.  Como un fuego que en ocasiones era sereno y añil y en otras puro fulgor. Eugène enloquecía lentamente, el intenso amor que sentía lo estaba matando.

Tres meses después Eugène fue recluido debido a que sufría, según el informe médico, una esquizofrenia depresiva. Sin embargo, el motivo de su locura realmente fue el odio a dos amores, uno imposible por inalcanzable y el otro imposible por contradictorio. Fue recluido en un manicomio hasta su muerte. Victor lo visitaba regularmente, pero él no quería acudir a su encuentro, loco de amor y vergüenza. Su último pensamiento fue para la mujer de su hermano mayor. Y para su hermano mayor. Ni Victor ni Adèle supieron nunca el origen de su enfermedad. Nuestro protagonista, que había perdido a su hermano menor, también tuvo que sufrir la pérdida de su primer hijo, Leópold, que solo vivió cuatro meses.

Victor, por su parte, endureció su corazón. Rechazó todas las ayudas económicas que le ofrecía su padre y la familia vivió algún tiempo en la pobreza. La pensión anual del rey lo salvó de la indigencia. Para inspirarse petrificaba sus años de inocencia y los contemplaba desde el exterior, desde la fría y dura realidad. El pesar que atenazaba el escritor era tal que afectó a su oficio. Sus novelas empezaron a ser acogidas de forma más entibiada. En los próximos años, por si fuera poco, Victor vería perecer a otros dos hijos: Charles y François-Victor. El primero por tuberculosis galopante y el segundo de cáncer.

Sin embargo, la reconciliación con su padre y su posterior muerte fueron hechos que devolvieron la fuerza a su pluma y volvió a renacer como escritor. Hizo uso de la tristeza que le afligía para escribir con el corazón en la mano y con lágrimas en los ojos. Las heridas de la familia cicatrizaron lentamente -aunque nunca fueron olvidadas- y se empezó a relacionar con los mejores escritores de la época, tales como Delacroix, Dumas o Sainte-Beuve.

Adèle, después de cinco embarazos, dejó de acostarse con Victor y él lo entendió. Sin embargo, ella pronto sintió un amor vivaz y caprichoso por el escritor, crítico literario y amigo de su esposo Sainte-Beuve. Este admiraba ciegamente a Victor. Dijo en una visita "El poco talento que poseo me ha llegado a través de tu ejemplo...Sólo me siento feliz y en casa cuando me echo en tu sofá o junto a tu chimenea". Sin embargo no reaccionó como Eugène, es decir, con una envidia demente, sino amando a Victor y a todo lo que amaba él. Incluida a su esposa.
Así, decidió cortejar y poseer a Adèle. Mantuvieron una relación amorosa que, pasado un año, Victor descubrió. El desengaño amoroso lo hundió en una profunda crisis. Nunca más miró a su mujer del mismo modo. Nunca más compartió cama con ella. Y Sainte-Beuve, aunque seguía admirando a Victor y hasta le envió cartas de amor de Adèle hacia su persona para demostrar que no era él el traidor, no les volvió a visitar nunca más. 

Nuestro protagonista vivía momentos cumbres en su carrera literaria pero en cuanto a lo personal era desgraciado. Entre su esposa y él reinaba un silencio estremecedor. Ya no dormían ni siquiera en la misma habitación y el corazón de Victor estaba sediento de amor. Una vez empezó escribir, a fin de acabar con aquella angustiosa situación, una carta a su esposa. "Hay una palabra, Adéle, que aparentemente hasta ahora hemos tenido miedo de usar -la palabra amor-, no obstante que lo que siento por tí es amor genuino; el problema es uno de complicidad: si lo que sientes por mí es también amor."

A los veintinueve años de edad Victor publicó una gran novela con un gran propósito: evitar las intenciones de la comuna de París de derribar la famosa catedral de Notre Dame. Independientemente de la gran acogida de esta novela (nótese el éxito de su propósito), en estos años nuestro talentoso escritor se dedica casi exclusivamente al teatro. Se instruye con muchos maestros aunque una actriz llamada Juliette fue la que consagró su vida. Juliette, inteligente y hermosa, era una actriz que no acababa de triunfar en su carrera pero le daba a Victor todo lo que su esposa una vez le dio y en aquel momento era tan solo el recuerdo de un paraíso perdido. Juliette salvó a Victor del encarcelamiento durante un golpe de Estado y nuestro protagonista escribió para ella numerosos poemas llenos de amor y ternura. Tubieron una relación amorosa más discreta que la que tuvo Adèle con el crítico literario pero no menos apasionada. Victor seguía su vida familiar pero tanto él como Juliette tenían una cita anual obligatoria: celebraban juntos la fecha en la que se encontraron, año tras año, y escribían un cuaderno conjuntamente que llamaron cariñosamente "libro de aniversario". Con su ayuda, Victor supo trasladar sus palabras al escenario y volvió a triunfar.

Aquellos fueron verdaderos años de felicidad para Victor, años que se vieron interrumpidos con la trágica muerte de su hija preferida, Léopoldine, y su marido. Murieron ahogados en el río Sena tras el naufragio de su barco. Victor estaba de viaje en los Pirineos con Juliette cuando se enteró de la muerte de su hija por la prensa. Toda la felicidad que había ido conquistando a través de aquellos años se vio desvanecida al instante. Aquel mismo día empezó a alejarse de la pluma. Se despidió de la literatura. No escribió ni poemas, ni novelas, ni teatro. Interpretó la muerte de su hija Leópoldine como una maldición a su persona. En contrapartida, anheló cambiar las injusticias de su nación: se empezó a acercar a la política. Tema delicado en aquellos tiempos.

Su madre, Sophie, era una férrea partidaria a la monarquía. Independientemente del amor que sentía por ella, Victor se postuló a favor de la democracia. A sus cuarenta y dos años, se hizo confidente del rey para ganar influencia y llevar a cabo sus ideas. Empezó a ascender sin parar, fue nombrado alcalde del octavo distrito de París y diputado de la Segunda República Francesa. Sin embargo, no alcanzó la felicidad. Cuando se mezclan poder y profundo pesar en ocasiones se produce una singular reacción química: el poder sube a la cabeza de forma instantánea y letal, mezclándose con el dolor y la impotencia que una vez se sintió. Victor olvidó sus ideales: comandó tropas contra las barricadas durante la revolución. Quizá esperaba calmar esa furia que acumulaba desde que su hija murió ahogada en el helado río francés. Una vez se impuso el orden desaprobó la sangrienta represión en la que él mismo participó. Después de este hecho llevó a cabo una profunda reflexión que lo llevó a cambiar completamente su postura: empezó a enfrentarse a sus antiguos amigos políticos y a reprobar la política reaccionaria que él mismo llevó a cabo. Victor repartía el amor que su esposa traicionó entre Juliette y la nación. ¿Quien dijo que amar tanto a la patria no traería consecuencias?

Se produjo un golpe de Estado cuando Victor tenía cuarenta y nueve años e intentó huir pero fue retenido. Sin embargo un comisario francés se negó a retenerlo. "Solo detengo a gente peligrosa", dijo. Victor se marchó voluntariamente a Bruselas y condenó desde allí el golpe de Estado. En Guernesey escribió y publicó a los sesenta años de edad su obra más importante. Una libro que defendía a los oprimidos. Una novela que relataba la historia de todos los miserables, fueren de donde fueren. Para escribir esta obra se inspiró en un criminal, el cual tenía por nombre Vidocq, que redimió y acabó inaugurando la Policía Nacional Francesa.
Victor, a pesar de la insistencia de su esposa afirmó que no pensaba volver a Francia hasta que no hubiera libertad y cuando consideró que la había cumplió su palabra. Recibió una acogida triunfal por parte de los parisinos. Los años fueron pasando, las idas y vueltas que vivió París esos años convulsos condicionaron la estancia de Victor en la Ciudad de las Luces.
Adèle, escritora compulsiva y única hija que le quedaba a Victor, nunca fue amada por su padre. Durante su exilio en Guernesey se enamoró ciegamente de un oficial que no le correspondió. La negativa la obsesionó primero y la enloqueció después. Fue ingresada en un manicomio y, aunque no le faltó de nada, su padre nunca la fue a visitar.
Victor, a los setenta y un años de edad, fue elegido senador y militó a favor de la amnistía, la propiedad literaria y el fundamento del dominio público. Valores, por cierto, esenciales en la actualidad.

Cuatro años después se sintió indispuesto y se retiró a Guernesey. Debido a su mal estado de salud detuvo por completo su actividad literaria. No obstante, no pudo vivir sus últimos años lejos de su amada ciudad, volvió a la capital francesa y hasta encontró fuerzas para ayudar a la Asamblea Republicana, convirtiéndose así en una de las figuras tutelares de la recuperada república. Se alojó en su residencia particular, donde murió a los ochenta y tres años de edad. Su única hija viva, Adèle, murió sola, con el corazón roto, en el manicomio y sin ver reconocido su talento como escritora, pocos años después de su padre.
El ataúd de Victor fue expuesto una noche bajo el Arco de Triunfo y fue visitado por un gran número de personas y delegaciones. Tan solo la comitiva fue seguida por más de dos millones de personas. 

Hoy en día Victor Hugo está considerado uno de los grandes pilares de la literatura francesa. Poco se podía imaginar que la novela que escribió para evitar el derrumbe de Notre Dame sería conocida por todos los niños del siglo XXI como El jorobado de Notre Dame. Nada podía saber tampoco de todos los excelentes musicales -y ahora adaptación cinematográfica- que han surgido de la novela que escribió en su exilio a Guernesey: Los Miserables. Sus valores, su ambición por hacer un mundo mejor y su amor a la generosidad siguen implícitos en todas sus obras, así como todos los acontecimientos que le marcaron en vida. Cuenta la leyenda que sus últimas palabras fueron su último poema:

"Es el combate del día y de la noche, 
veo la luz negra".
Texto de Trotalibros.

La noche en que Frankenstein leyó el Quijote, de Santiago Posteguillo

sábado, 5 de enero de 2013


"La historia es memoria y tenemos memoria colectiva desde que anotamos lo que nos sucede, pero más allá de la historia, mucho antes, seguramente en alguna cueva del paleolítico, un hombre dejó perplejos a los miembros de su tribu con un relato sobre una cacería; o quizá fue una mujer con un cuento que se inventó sobre las nubes y las estrellas para calmar el miedo de un niño.
Allí empezó todo."
Tú, que los libros son tu religión, que librerías y bibliotecas son tus templos. Tú, adicto al olor de los libros y al sonido de las páginas al pasar. Tú, que te encanta descubrir escritores, analizar su estilo y trotar mil aventuras a partir de sus palabras. Tú, que tu estantería está llena de todo tipo de libros: libros infantiles, juveniles, para adultos y clásicos. Tú, que has leído Shakespeare, Wilde, Dumas y Cervantes. Tú, ¿te consideras amante de los libros? Pues la respuesta es no si esta es tu respuesta a la pregunta siguiente: ¿Has leído este libro?

La noche en que Frankenstein leyó el Quijote nos explica qué hay detrás de los libros que todos amamos: la vida de los autores, secretos que aún no acaban de conocerse, libros que nunca salieron a la luz, curiosidades sobre las cosas más ordinarias en la vida de un lector... 
La verdad es que en más de un capítulo te quedas con la boca abierta. ¿Escribió Shakespeare las obras de Shakespeare?, ¿Cómo y quien se inventó el abecedario?, ¿Qué autor burló el índice de libros prohibidos de la Inquisición?, ¿Qué libro perseguía el KGB? Un total de veinticuatro enigmas, curiosidades y demás nos son relatadas en este libro.

En primer lugar debo reconocer la osadía de Santiago Posteguillo, autor de Los asesinos del emperador, por querer publicar un libro así. Aunque, a juzgar por los agradecimientos, también le debo reconocer tal valentía a David Figueras, editor de Editorial Planeta.
Bajo el curioso título -que, por cierto, tanto este como la portada no tienen desperdicio alguno- nos encontramos con un subtítulo: "La vida secreta de los libros (porque los libros tienen otras vidas)" y, después de leer este libro lo reafirmo. Detrás de cada historia encontramos mil historias más. En realidad, cuando leemos una obra literaria solo recibimos el resultado de un proyecto largo, lleno de aventuras y desventuras. A mí, si una obra me gusta mucho, siempre voy a informarme sobre la vida del autor. ¿Cual fue su inspiración para escribir esas líneas que tanto me han emocionado?, ¿Cómo consiguió editarlo?, ¿Tenía un título provisional?, ¿Sabéis que Orgullo y prejuicio al principio se llamaba Primeras impresiones? Ups, se me ha escapado. En fin, si os gustan este tipo de curiosidades no os podéis perder este libro.

La noche en que Frankenstein leyó el Quijote es un libro que al principio no me llamó del todo la atención. Aunque me guste mucho leer la realidad es la realidad: tengo diecinueve años y hace relativamente poco tiempo que estoy empezando a leer obra clásica. Me imaginaba un libro frío y -casi- académico que relataba curiosidades sobre autores que no conocía o libros que no había leído aún. Nada más lejos de la realidad. Nos habla de libros que todos conocemos: ¿Quien no conoce El Señor de los Anillos, Don Quijote, Frankenstein, El principito, Harry Potter, Jane Austen, Kafka, Dumas o Verne? Si no conocemos sus historias por vía literaria, lo hacemos por vía cinematográfica. En mi opinión este es el mejor elemento del libro en cuestión: Santiago Posteguillo ha sabido endulzar un libro que podría haber sido más denso y frío que las leyes. Además, nos es relatado a modo de historia. Hay diálogos y la escena nos es presentada como si fuera parte de una novela. Santiago nos suele reservar la identidad del protagonista y sus novelas para el final del episodio con la intención de ganarse el factor sorpresa, y lo consigue.

En general, si te ha gustado lo que has leído en esta reseña no dudes en hacerte con este libro. Yo aún no he leído Frankenstein, Don Quijote o La vuelta al mundo en ochenta días pero sé que no tardarán en caer, y cuando lo hagan, recordaré este libro. El estilo cercano y sencillo del autor, que anima constantemente a seguir leyendo, me gustó tanto que no descarto leer su famosa novela histórica.

Agradecimientos a Editorial Planeta por el ejemplar.
Título: La noche en que Frankenstein leyó el Quijote. Autor/a: Santiago Posteguillo.
Editorial: Planeta. Nº páginas: 240. Precio18€

Una vacante imprevista, de J.K. Rowling

jueves, 3 de enero de 2013


"La ambulancia, que tuvo que desplazarse desde la ciudad vecina de Yarvil, tardó veinticinco minutos en llegar. Para cuando la luz azul intermitente alumbró la escena, Barry yacía inmóvil en el suelo, en medio de un charco de su propio vómito; Mary estaba arrodillada a su lado,con las medias desgarradas, apretándole una mano, sollozando y susurrando su nombre."

Leída está la novela más esperada de este año. J.K. Rowling ha supuesto mucho para mí. Su saga de Harry Potter creció conmigo y su final dio por finalizado algo que llevaba muy dentro desde mi infancia. Por todo esto, cuando me enteré de que iba a escribir una nueva novela me quedé completamente descolocado. ¿No era ella más rica que la misma reina de Inglaterra? ¿Por qué tendría que publicar una nueva novela? Muy fácil, por amor a la literatura. Abrí este libro sabiendo que no me encontraría con una novela comercial, ni siquiera convencional, sino con la verdadera Rowling. La felicito por haber tenido la valentía de salir del mundo mágico de Harry Potter y aproximarnos a una historia cercana y realista. Hoy os presento "Una vacante imprevista".

J.K. Rowling sitúa la historia en un pequeño pueblo inglés inventado, Pagford, que se sitúa a las cercanías de una ciudad -también inventada- llamada Yarvil. Esta ciudad llevó a cabo años atrás la construcción de un barrio de viviendas de protección oficial llamados los Fields en un terreno que, aunque les pertenece, se encuentra más próximo a Pagford que a Yarvil, sufriendo todas las consecuencias el pequeño pueblo. Esto y la existencia de la clínica Bellchapel especializada en la destoxicación -cuyo edificio alquilado pertenece al consejo- crea una división en el pueblo. Unos están en contra por el mal ambiente y las malas influencias que ejercen los Fields al pueblo y otros están a favor para ayudar a esa gente y brindarles una oportunidad. Hasta el principio de la novela había cierto equilibrio debido a la serenidad y la persuasión que ejercía Barry Fairbrother, que creció en ese barrio y es muy querido por todo el pueblo. Sin embargo, a la muerte de este empieza una batalla para ocupar su lugar en el consejo. Unos luchan por los ideales del difunto y otros ven su oportunidad de deshacerse del barrio. Todos tienen sus razones. La historia, pero, no solo se centra en este conflicto sino que se extiende a las vidas de los habitantes de Pagford.

Elegí leer el libro en catalán por tres razones. En primer lugar, porque la portada me pareció mucho más bella. Lo sé, soy meticuloso pero después de esperar la novela durante tanto tiempo como para no serlo: el amarillo del borde me gusta mucho más que la edición en castellano y hecho de que "La" y "Vacant" estén conectados imitando la edición original me acabó de convencer. En segundo lugar, porque todos los libros de J.K. Rowling que tengo están en catalán. Y, por último, porque me dio la gana.

Además, por lo que he visto, la editorial Empúries ha hecho algo que Salamandra no: un breve resumen del carácter de cada uno de los personajes principales de la novela. ¿Por qué?, se preguntará mi perspicaz lector. Pues porque la novela está dotada de una gran complejidad de personajes que, si bien acabas teniendo claro quien es quien, al principio es un poco difícil situarse. Os recuerdo que solo se describen aquí personajes principales -y en mi opinión no están todos-. Os dejo aquí la traducción made in Trotalibros y, a posteriori, mi opinión sobre la novela:

Guía de personajes de Una Vacante imprevista 
1. Barry Fairbrother: Barry era un hombre normal, padre de familia, trabajador y entregado a su pueblo. Defendió los valores sociales de igualdad de oportunidades, integración y justicia. Pero después de su muerte al principio del libro, sabemos que no caía bien a todo el mundo.
2. Mary Fairbrother: mujer de Barry. Comparte la serenidad de su marido pero no los mismos ideales.
3. Parminder Jawanda: doctora de origen pakistaní. Estaba enamorada de Barry y trabajaba a su lado, luchando por los mismos ideales. Odia todo lo que tiene que ver con Howard Mollison, le considera un rival político y no dejará que en ningún caso se salga con la suya. Es malhumorada y muy recta.
4. Vikram Jawanda: ¿Quién no querría ser deseado como Vikram? El hombre perfecto y márido de Parminda Jawanda. Goza de reconocimiento profesional y es muy atractivo, eso hace que sea deseado por muchas mujeres.
5. Sukhvinder Jawanda: vivir día a día de tu existencia como si fuera un calvario interior, lamentarte de ser como eres y maltratarte por eso, sola y en silencio. Saber que saldrás a la calle y te mirarán mal porque no quieren descubrir qué hay dentro de ti. Depresiva, agobiada y víctima de burlas en el instituto. Así se siente Sukhvinder Jawanda.
6. Howard Mollison: seguro de si mismo, Howard busca la lealtad y la aprobación constante de la gente que lo rodea y dedica gran parte de su tiempo a trabajar para la comunidad sin perder de vista los intereses personales. Cada día significa un reto a seguir. La comida es una de sus debilidades.
7. Shirley Mollison: Mujer de Howard. Es la mujer perfecta pero nadie querría tenerla de suegra. Tiene una relación complicada y llena de hipocresía con su joven, Samantha, y al mismo tiempo idolatra a su hijo. Por eso convierte los encuentros familiares en auténticas obras teatrales en las que el final siempre es el mismo.
8. Samantha Mollison: a menudo se siente como una extranjera en la familia Mollison. Vive de las promesas que no se han cumplido en el matrimonio de su marido. Busca una perfección en la relación que constantemente la hunde en una realidad monótona y aburrida, que día a día la hace más infeliz a ella y a su marido. Sabe que lo tiene todo, pero al mismo tiempo no tiene nada.
9. Colin Wall o "Cubby": leal, honesto y director del instituto. Muy sensible, era muy amigo de Barry Fairbrother. A veces, pero, las personas tienen dos caras, y una es muy oculta.
10. Stuart Wall o "Fats": adolescente rebelde, es el estudiante más popular del instituto y tiene su propia visión del mundo sobre lo que es correcto y lo que no. Es un pervertido sexual y se ha ligado a muchas chicas del instituto.
11. Simon Price: agresivo, primitivo. Trabaja en la imprenta. Se involucra en nombrosos negocios de dudosa transparencia y legalidad. Es de aquellos hombres que no querrías tener ni como padre ni como marido.
12. Ruth Price: Cotilla. Viven aislados a las afueras de Pagford, y ella sufre una falta de vida social importante. Intenta salvar como sea la relación con su marido, ya que es la única cosa que le queda.
13. Andrew Price: adolescente que sufre todos los males de esta etapa: peleado con sus padres, enamorado de una chica del instituto, a menudos tiene pensamientos pervertidos relacionados con ella. Vive en una constante indiferencia al instituto y en casa. Odia a muerte a su padre y la impotencia de su madre. Es amigo y admirador de las experiencias sexuales de Fats.
14. Gavin Hugues: es un triunfador en el mundo laboral pero bastante desgraciado en las relaciones personales. Es muy indeciso, evita tomar decisiones y no quiere encarar los problemas que derivan de la situación de su nueva compañera sentimental, de quien no está enamorado pero tampoco sabe estar solo.
15. Krystal Weedon: es una chica joven que ha sufrido muchos problemas durante la infancia. Vive en los Fields. Hija de una mujer drogadicta, ha tenido que ocuparse de su hermano pequeño y luchar diariamente contra los educadores sociales. Se ha visto obligada a confiar solamente en ella misma. Camufla sus problemas con una actitud agresiva, pero en el fondo es una buena chica. Admiraba muchísimo a Barry Fairbrother, entrenador de su equipo de remo, que antes de morir le tenía que hacer una entrevista.

No sé si son los antecedentes de esta autora la razón por la cual me gusta tanto el estilo de Rowling: un estilo directo, austero, sin demasiada poesía ni ninguna reflexión propia del narrador omnisciente. Va a lo que va y, sin irse por los cerros de Úbeda, avanza la narración de un modo ágil y a ritmo cinematográfico. La historia, además, tiene sus momentos de fuerte intensidad y os puedo asegurar que engancha muchísimo. No pude parar de leer. Es como un tablero de ajedrez - tal como el que ideó la misma autora en Harry Potter y la piedra filosofal- en el que cada habitante de Pagford tiene sus objetivos, sus anhelos, sus temores, sus debilidades, sus odios y sus amores. No encontraréis en esta novela más que un villano -Obbo- ni más que un santo -Barry-. Cuando el lector se encariña con un personaje más tarde una acción suya lo decepciona y cuando odia a otro una acción suya posterior le hace comprender que también hay bondad en su alma.

J. K. Rowling ha sabido captar un seguido de personalidades y cada uno tienen su punto de vista en todos los elementos que aparecen al largo de la novela, y ninguno es igual. Al principio me asombré de como todo lo que va sucediendo puede pasar en el pequeño pueblecito inglés que es descrito bajo el nombre de Pagford. Es una historia compleja y narrada en tercera persona desde todos los prismas posibles. Más que una novela veo en este libro un experimento en el que Rowling intenta tejer una historia a partir de muchos puntos de vista hasta el punto de de ser estos el centro neurálgico de la novela. Se nota que Rowling se ha embarcado en una aventura sin tener en cuenta al público y esta es la joya de la corona. No busca con esta novela la aceptación de sus lectores -o sí pero no es su más importante objetivo-, no se censura, sino que se ha dejado llevar por las corrientes de aire de su imaginación.

Pero, como en toda novela -o en casi todas-, tiene sus pros y sus contras. En primer lugar, no es una novela que llegue al corazón del lector. Al ser el estilo de la autora tan directo y pragmático no consigue emocionar, convirtiendo el libro en meramente entretenido. Muchos personajes como Vikram o Ruth Price podrían haber sido mucho más explotados y sus dilemas quedan casi sin tratar. El final, al menos para mí, fue poco satisfactorio: pretende ser sorprendente -y en cierto modo lo es- pero deja muchos cabos sin atar.

Ya se han compardo los derechos para producir una serie del libro. Personalmente me parece bien pues esta historia puede hacer más bien como serie que como libro. Con esto no digo que la novela esté mal, simplemente que es perfecta para adaptar a una serie y quizás esta aporta el elemento emocional que a mí me faltó en su lectura.

En general, J.K. Rowling se ha despedido de Harry Potter y toda su magia infantil para sorprendernos con una novela realista y sociológica. Aunque no es un libro para releer pesa más lo que me ha gustado que lo que me ha desagradado. Pero atención, fans de Harry Potter, en esta novela hay sexo, drogas y una buena dosis de realidad. La autora parece ser otra que la que escribió la famosa saga. No leáis este libro porque os gustó las aventuras del mago, sino porque lo que se dice en esta reseña os atrae y os interesa. Si bien este libro no consiguió emocionarme, sí me hizo reflexionar.
Como he dicho en el principio de la reseña: los libros de esta autora crecieron conmigo: tenía cinco años cuando salió el segundo de la saga -Harry Potter y la cámara secreta- y salió a la venta el último cuando tenía catorce años -Harry Potter y las reliquias de la muerte-. Ahora, con diecinueve años, "Una vacante imprevista" encaja completamente con lo que busco en las estanterías de una librería. Apruebo su novela pero, aun así, Rowling no tiene tanta traza en los libros para adultos como la que demostró tener en los infantiles.


Título: La vacant imprevista. Autor/a: J.K. Rowling. Título original: The Casual Vacancy
Editorial: Empúries. Nº páginas: 599. Precio23,99€