Trece tristes trances, de Albert Sánchez Piñol

martes, 30 de abril de 2013



"He venido – dijo el cuervo- para hacerte sufrir un poco más. Y lo haré de la manera más lícita que hay de causar dolor: contándote la verdad."

Antes de asistir a la entrevista de Mònica Terribas a Albert Sánchez Piñol, autor de Victus (libro más vendido en Cataluña este Sant Jordi), como llegué muy temprano decidí pasearme por el Fnac y comprar dos libros del escritor catalán que me faltaban por leer. Me fijé en esta obra. Después de leer su último y extenso libro me picaba la curiosidad: ¿cómo se movería en el terreno del cuento? Lo descubrí pues en Trece tristes trances, de Albert Sánchez Piñol.

Tretze tristos tràngols es el segundo volumen de cuentos del autor, el primero es Pallassos i monstres. En este caso el título nos da toda la información de su contenido: consta de trece cuentos tristes. A través de éstos el autor da vueltas a temas tan actuales como la inmigración, el sentimiento de culpa, la frustración y más. Albert Sánchez Piñol sabe adaptar su estilo cercano e íntimo al terreno del cuento y, con una ritmo muy natural y aportando algunas dosis de fantasía, se gana al lector rápidamente. Los trece cuentos tienen moraleja pero ninguna resulta ser de fácil sustracción, va a cuenta del que los lee sacar sus conclusiones y adaptar los difusos cuentos con sus impactantes finales a sus propias teorías.

Como novato en la literatura de cuentos una de las cosas que más me ha gustado es la distancia de los cuentos entre sí. El único punto en común que he sabido encontrar es la tragedia y la melancolía que parece teñir los trece cuentos que componen este volumen. Sin embargo, de una página a otra damos saltos impresionantes. De la Antártida a la sabana y del mar Báltico a un congreso internacional socialista. No sabría describir la sensación que dan estos espectaculares saltos narrativos pero, al ser los cuentos muy cortos, podemos hablar de un libro que engancha mucho, es ameno y no decae en ningún momento. Cada relato es independiente del anterior y, al igual que el sultán Shahriar ante los cuentos de Scherezade en Las Mil y Una Noches, esperaremos impacientes el final de cada uno de los trece cuentos que nos narra Albert.

Atendiendo a la independencia que caracteriza a los cuentos de este libro y buscando siempre la integridad de información en mis reseñas, me dispongo a dar una opinión clara y concisa de cada uno de los cuentos. No hay spoilers pues no resumo ninguno de los cuentos, me limito a comentar lo que me transmitieron.

  1. Cuando caían hombres de la Luna: clara metáfora a la inmigración. Es un cuento que nos recuerda que no somos diferentes a aquellos que en ocasiones son considerados invasores non gratos.
  2. Todo lo que necesita saber una cebra para sobrevivir en la sabana: el cuento que hace de portada en la edición en español del libro (Alfaguara). En mi opinión aquí el autor nos revela uno de los secretos a voces de la sociedad. ¿Cómo sobrevivir cuando eres el débil y nada puedes hacer contra un enemigo que va a por ti y está dispuesto a pasar por encima tuyo?
  3. La nave de los locos: este es uno de los cuentos que más me atrapó. Quizás fue su aura de  oscuridad y desamparo pero inmediatamente me conquistó, aunque no supe sacar ningún mensaje más allá de esa soledad que late a lo largo de todo el relato, la solidaridad de los locos y el egoísmo de la gente sana de juicio.
  4. La solidaridad que vino de las estrellas: muchos tendríamos que leer este cuento de vez en cuando. Cada vez que ha nacido un movimiento, y no quiero hablar de política, se ha dividido. No sabemos ver que a los políticos les interesa enormemente que nos enfrentemos entre nosotros. Este cuento es un himno a la unidad y el final es tab desesperanzador como impactante.
  5. La ley de la selva: este fue de los cuentos que menos me llegaron y no precisamente por el tema, los agresores de mujeres, porque me interesa mucho. El final no me acabó de convencer.
  6. De chiquitín, tos de mastín; más adelante, pata de elefante: este cuento hace de portada en la edición en catalán (La Campana). Es el más peculiar de los trece relatos a mi parecer. Aunque no supe acabar de entender la moraleja me resultó muy divertido.
    Edición del libro en idioma original (La Campana)
    Es la edición que adquirí y que Albert me firmó.
  7. Entre el cielo y el infierno: este cuento no me convenció. No supe entender su sentido ni su mensaje.
  8. Titus: una alegoría al pasado y a las falsedades para ser socialmente aceptado. Nos sitúa en la Roma imperial. El estilo de Albert resalta mucho en este cuento desvergonzado.
  9. Ya no puedo más: viajamos a la vida de un desgraciado esquimal que debe plantar cara en demasiados frentes.
  10. El espantapájaros que amaba a los pájaros: este cuento me gustó mucho. Veo en el protagonista un mártir de las generalizaciones y la poca fe en las diferencias que reina en nuestra sociedad que, vistiéndose de cosmopolita y multicultural, a veces nos demuestra ser muy poco tolerante.
  11. Nunca compres churros un domingo: este cuento me llegó especialmente pues incide en la poca ética y moral que nos encontramos día a día por la calle. Muchas veces a la gente le gusta no ver ni oír las injusticias, alejándose de los problemas en un individualismo egoísta.
  12. El rey de reyes y las dos ciudades: me gustó el relato y el final da vueltas a la traición y la ambición. Sin embargo y tras mucho pensar no he sabido entender del todo su mensaje.
  13. Sólo dime si aún me quieres: mi cuento favorito y, en mi opinión, perfecto para ocupar el último puesto de los trece trances tristes que forman este libro. En este cuento el autor nos invita a reflexionar sobre el amor, las infidelidades, el matrimonio y el sexo.
En conclusión, Trece tristes trances es el segundo volumen de cuentos de Albert Sánchez Piñol, que se mueve muy bien en el terreno del relato corto. Punto en común entre ellos es que todos están impregnados de desolación y contienen un mensaje entrelíneas que no viene dado, el lector debe saberlos sustraer por si mismo. El autor solo hace la mitad del trabajo y deja la otra mitad al destinatario de sus palabras. Imprescindible para los amantes de los cuentos, recomendable para los que no os habéis iniciado en el género.


Título: Tretze tristos tràngols. Autor/a: Albert Sánchez Piñol.
Editorial: La Campana. Nº páginas: 176. Precio14€


Otras obras del autor reseñadas en el blog: Victus.

Desde el jardín, de Jerzy Kosinski

miércoles, 24 de abril de 2013


"- Creo que lo ha expresado usted muy bien, señor Gardiner. ¿No le molesta que lo llame Chauncey? ¡Un jardinero! ¿No es acaso la descripción perfecta del verdadero hombre de negocios? Alguien que hace producir la tierra estéril con el trabajo de sus propias manos, que la riega con el sudor de su frente y que crea algo valioso para su familia y para su comunidad. Sí, Chauncy, ¡qué excelente metáfora! Un hombre de negocios productivo es en verdad un trabajador en su propia viña.

Chauncey se sintió aliviado antre el entusiasmo de la respuesta de Rand; todo marchaba bien."

Los que seguís el blog desde hace tiempo sabéis que Jerzy Kosinski es de mis escritores favoritos, me conquistó con Pasos y, sobretodo, con El Pájaro Pintado. Desgraciadamente ninguna editorial española o castellanoparlante se ha interesado por una valiosa mitad de sus principales libros. Es por esto que me maravillé cuando, por una formidable casualidad, me encontré en mi librería un ejemplar del tercero y último libro suyo que se comercializa. Hoy os traigo Desde el jardín, de Jerzy Kosinski.

Conocemos a Chance, un inocente hombre que siempre ha cuidado del jardín de un anciano, que lo salva de ir a un centro por un probable retraso mental. Nada conoce del mundo exterior, tampoco le interesa, ni siquiera se conoce la casa, solamente cuida el jardín desde que tiene uso de razón y se pasa las horas libres mirando el televisor. Es por esto que, cuando el Anciano muere, nuestro inocente protagonista choca con la realidad de la ciudad de Nueva York sin ni siquiera tener documento de identidad. Parece inevitable un funesto final para nuestro desorientado protagonista. Sin embargo al salir de la casa lo atropella la esposa de un magnate moribundo y esto cambia completamente el destino de Chance. La mujer decide llevárselo a casa para que su médico particular le eche un ojo y, con este punto de partida, empieza la gran ironía del libro: Chance, ese Don Nadie, acabará siendo la autoridad más importante de los Estados Unidos. Todos los programas de televisión se pelearán para entrevistarlo y sus consejos serán escuchados por el mismísimo Presidente.

Jerzy Kosinski tiene el poder de persuadirme. Cuando leí la contraportada me preguntaba lo mismo que probablemente os estaréis preguntando vosotros en este momento: ¿Cómo un Don Nadie que no sabe más que jardinería y lo que ve en el televisor puede llegar tan alto? Aquí es donde reside la gran ironía del libro. A lo largo de la historia se van dando sucesivos malentendidos y Chance, confuso y desorientado en un mundo incomprensible para él, va improvisando e intenta no decepcionar a nadie. Un ejemplo de esto es la cita que os he dejado encima de la reseña. En esa escena el magnate de Wall Street Rand le pregunta sobre su oficio y, cuando Chance le responde que es jardinero, esa es su respuesta. A partir de situaciones como esta y sucesivas casualidades Kosinski nos deja entrelíneas una buena moraleja.

Es verdad que si fuera un libro largo me hubiera cansado. La ingenuidad y el ver como todo el mundo no cree en la simplicidad divierte mucho pero también puede llegar a aburrir. Kosinski, consciente de ello, hace de la historia un cuento, una historia muy corta -a duras penas 155 páginas-. Sin duda es un libro que me ha hecho reír, pero también me ha hecho reflexionar mucho. Todos miramos la televisión día a día, unos más que otros pero todos al fin y al cabo. La cuestión reside en si al que estamos escuchando por la televisión, la radio o cualquier otro medio merece nuestra atención. Si, realmente, por el hecho de salir a la televisión es más sabia que muchos otros. Pero no solo es esa la moraleja que he notado en el cuento Desde el jardín, también aprecio una oda a la simplicidad, a vivir la vida sin complicarse demasiado en debates profundos, la economía y las prisas que impregnan, cada vez más nuestro mundo. Chance es un hombre incomprendido que no entiende a las grandes mentes y se comporta como un niño pequeño. Nada sabe de economía ni de política ni de sexo. Él vive por y para su jardín y, sin él, se siente completamente perdido. Como podéis ver el punto fuerte del libro es, sin duda, el protagonista.

No puedo dejar de destacar el estilo libre, sereno, en ocasiones frío como el mármol y objetivo del autor. A partir de un narrador omnisciente de tercera persona consigue dar la sensación al lector de que está observando el escenario y los pensamientos del protagonista desde una ventana. Tampoco se censura: habla de la homosexualidad, de la política y muchos otros temas desde la incomprensión y la indiferencia del protagonista. Consigue hacer que todas las preocupaciones e interpretaciones corrientes y habituales en las personas nos parezcan ridículas.

Como punto negativo solo mencionaría el final. Y no me refiero a que el final sea malo sino que lo encuentro incompleto. Teniendo en cuenta el hecho de que estamos hablando de un cuento y la única intención del autor parece ser invitarnos a la reflexión no es grave pero, en mi opinión, se han abierto demasiados cauces a lo largo del libro para dejar muchos de ellos en blanco, sobretodo en lo referente al protagonista.

En conclusión, Desde el jardín es una muy corta historia que da vueltas alrededor de una gran ironía sobre muchos elementos de nuestra sociedad. Un libro del que, en mi opinión, se pueden extraer muchas moralejas dependiendo exclusivamente del lector. Con este libro reirás por las grotescas situaciones que se dan pero a posteriori reflexionarás pues es inevitable intentar sonsacar mensajes y críticas del autor. Su poca longitud lo salva de haber explotado una buena idea.




PD: si te ha gustado la reseña, has decidido leer este libro y quieres colaborar con este blog, hazte con él a través del siguiente enlace:




Otras obras de Jerzy Kosinski reseñadas en el blog: El Pájaro Pintado y Pasos.

Feliç Sant Jordi

domingo, 21 de abril de 2013


Hace mucho, mucho tiempo, el pueblo de Montblanc vivía aterrado por un monstruoso, horripilante, gigantesco y peligroso dragón. Tan fétido era su aliento que provocaba la muerte a todo aquel que, por desgracia, lo respirara. Tan aterradora era su mirada que todo aquel que visualizaba el destello rojizo de sus ojos se quedaba paralizado y hasta los soldados más valerosos lloraban como niñas perdidas. El Rey de Montblanc, al ver que nada podía hacer contra esa criatura infernal, decidió sacrificar cada día un rebaño de ovejas para llenar el hambre voraz del dragón. Gracias a esta idea Montblanc pudo ser reconstruido y sus gentes vivieron algunos meses una paz fría como la muerte, pero paz al fin y al cabo. Cada vez que se oían las voces de las aturdidas ovejas sacrificadas desde el bosque todos los ciudadanos de Montblanc, famosos por su bondad, bajaban la cabeza avergonzados.

Sin embargo, llegó el día en el que los rebaños de ovejas se acabaron. No nacían y crecían con la misma velocidad con la que el dragón las engullía. De este modo y sin otra opción, el buen Rey decretó que, para salvaguardar la recién reconstruida villa de Montblanc y sus gentes, empezarían a sacrificar personas para calmar el hambre del dragón. Se elegiría a una persona diariamente y al azar en un sorteo matutino. La paz se prolongó pero esta vez no se oían las voces de ovejas desde el bosque sino gritos del hijo del jornalero, la hija del panadero... y ahora los ciudadanos no solo bajaban la cabeza avergonzados, también lloraban en silencio. Cada día un ciudadano más era arrastrado y atado por dos férreos soldados al siniestro bosque donde habitaba el dragón. Nunca volvía nadie.

Llegó el día en el que en el sorteo matutino le tocó a la hija del Rey. La voz que lo anunciaba tembló al decir su nombre, las gente enmudeció. La princesa era muy amada por su pueblo. Daba de comer a los más necesitados, era solidaria con todo el mundo y estaba dotada de una belleza sin precedentes: su melena rubia, su honesta mirada y su sonrisa indulgente alegraba a los corazones más melancólicos. Es por eso que centenares de ciudadanos, tanto nobles y ricos como pobres y humildes, se ofrecieron voluntarios para sustituirla. Sin embargo, el Rey era justo y severo y obedecía sus propias leyes rigurosamente. Con un pesar en el corazón que solo cargan los padres cuando pierden a sus hijos y con lágrimas resvalando por sus reales mejillas rechazó a todos aquellos bondadosos voluntarios. Así pues aquel mismo mediodía la joven princesa se dirigió hacia el oscuro bosque. No lo acompañaron los dos férreos soldados, todos confiaban en la honestidad de la princesa. Al entrar en el bosque sintió una brisa fría y escalofriante. La princesa recordaba que unos pocos años atrás en aquel mismo lugar cantaban los pájaros y florecían flores de todos los colores y frutos silvestres. Ya no habían pájaros, solo murciélagos. Todos los árboles parecían observar aterrorizados como la princesa se dirigía a su destino fatal. De repente oyó un ruido a su derecha y, despidiéndose de la vida, se giró para encarar al monstruo que había destrozado su vida y la de los suyos. Sin embargo, cual fue su sorpresa cuando distinguió un caballero con un gran escudo y armado con una larga lanza. El caballo, blanco y rápido, se detuvo ante su presencia. El yelmo del caballero no permitía ver el rostro del caballero, aun así la princesa le gritó:
- ¡Huid, huid de aquí buen caballero! ¡Huid rápidamente a la villa de Montblanc, que se acerca un hambriento dragón y yo soy su comida! ¡Huid o seréis vos su cena!
Una voz viril, joven y valerosa salió de aquella brillante armadura:
- No huiré, gentil princesa, pues no he venido de tan lejos para huir sino para salvarla a vos y a vuestro pueblo del monstruo que os atormenta sin descanso. 
Nuestro valiente caballero no tuvo tiempo de acabar esta frase que apareció el dragón, furioso y escupiendo fuego. Mientras salía de su cueva y se dirigía hacia su comida había oído las voces de la princesa y el caballero y por la presencia de éste se creía traicionado por la súbita resistencia de Montblanc. El dragón no era estúpido: en su perversa mente pensaba en deshacerse de aquellos dos y destruir una vez más la ciudad para aplacar toda esperanza de sus gentes. La princesa no lo recordaba tan gigantesco.

El caballero supo reaccionar rápido y, esquivando el fuego del dragón, hirió su ala derecha con la lanza. Después empujó a la princesa para que se ocultara detrás de un árbol. El dragón, aprovechando esta oportunidad, le dio un coletazo que dejó al blanco y fiel caballo inconsciente cerca del lugar donde se encontraba la princesa. El caballero se levantó de donde había caído y, con la lanza lejos de su alcance, desenfundó la espada. Oía el llanto de la princesa, que se culpaba del inevitable final de aquella lucha. El hechizo de la mirada de la fiera no tuvo efecto alguno en el caballero que, esquivando una vez más su llamarada letal se montó escalando por sus escamas pétreas. El temido monstruo lanzaba fuego por doquier intentando deshacerse del caballero. Con la luz del recuerdo de la mirada añil y delicada de la princesa iluminando todos sus pensamientos, el joven caballero escaló el ardiente y largo cuello del dragón y puso sus manos en la llamarada abrasadora para clavar su espada en su boca atravesando así su garganta. Poco a poco la luz rojiza y sangrienta de los ojos del dragón se fue apagando. La fiera se desplomó.

La Bestia había muerto. Su sangre se esparció por el suelo y, en cuestión de segundos, creció un rosario con las rosas más bonitas y rojas que se hayan visto jamás. El caballero, sin ninguna herida grave, se sacó el yelmo, cogió la más perfecta de entre las hermosas rosas y se la tendió a la princesa. Ella, con lágrimas de felicidad en las mejillas y creyéndose en un sueño, aceptó el presente. Sus ojos azules en seguida se enamoraron de la mirada audaz del caballero. Él no se atrevió a besarla pues, virgen de tales sentimientos, sentía miedo de perderla. Despertaron al caballo, que se alegró de levantarse, pues en sus sueños vivía la muerte de su amo. Así pues el caballero llevó a la princesa de vuelta a Montblanc montando el caballo más feliz que se haya visto jamás.

Todos los ciudadanos tenían los ojos húmedos de tanto llorar cuando, incrédulos, vislumbraron a la princesa entre los brazos de aquel apuesto caballero. Al recibir la noticia de la muerte del dragón, el Rey, que nunca había sido tan feliz, quiso conocer al bravo caballero.
- ¿Cual es tu nombre, aparte del de Salvador?
- Jordi, su majestad.
Los ojos marrones del caballero eran vivaces pero tenían un resplandor de sabiduría que solo tiene la gente que ha visto mucho y tiene miles de historias que contar. 
- Jordi, no hay palabras para agradecer el bien que has hecho aquí. A falta de éstas, pues, te concedo cualquier cosa que esté en mi mano.
- Su majestad es muy amable. Aunque no ignoro las riquezas de Montblanc, desconocía por completo que poseíais el tesoro de los tesoros. Te aviso que no hablo de dinero, pues si de algo no peco es de avaricia. 
- Desconozco el tesoro al que te refieres pero di y será tuyo.
- Me refiero, su majestad, a mi amor. Siempre que ella consintiera, no anhelo más en este mundo que la mano de su hija.
El Rey tardó unos segundos en responder, pues su hija era lo más preciado que tenía. Sin embargo vio verdadero amor en la mirada de aquel caballero extranjero y no podía olvidar lo que había hecho por su pueblo y por su hija. 
De este modo, unos meses después sonaron campanas de boda en una Montblanc resplandeciente y próspera. El miedo era ya recuerdo y todas aquellas muertes una cicatriz que duele pero deja vivir. Todos los ciudadanos fueron invitados en el acto y nadie faltó. El caballero y la princesa se besaron ante el altar y vivieron felices y enamorados para siempre y hasta el fin de sus días.


He decorado la leyenda, ya sabéis que a esto no me puedo resistir, pero considero que he sido fiel a ella. Como se habrá notado, esta historia me ha encantado desde pequeño. En una obra de teatro del colegio me tocó hacer de jornalero. Decía dos frases y estaba más nervioso que el niño que hacía de Sant Jordi.  Espero que os haya gustado, ¡Feliç Sant Jordi a todo el mundo y leed mucho!

Entrevista de Mònica Terribas a Albert Sánchez Piñol

viernes, 19 de abril de 2013


¡Buenas tardes trotadores! Hoy os traigo una sorpresa. Estoy a punto de empezar los exámenes finales y no podré estar demasiado por el blog. Por esto y porque simplemente me encanta el escritor, he decidido asistir a la entrevista en directo de Mònica Terribas con Albert Sánchez Piñol que tenía lugar hoy en el Fnac Forum en la Illa Diagonal, Barcelona. Os dejo con lo que he ido escribiendo en mi asistencia a esta fabulosa cita que ha organizado Fnac para todos los lectores del escritor catalán más traducido.


He llegado temprano. He acabado un trabajo que tenía en la universidad y no tenía nada mejor que hacer que ir tirando para la Illa Diagonal. Al entrar al Fnac Forum he visto que aún no había llegado nadie y me ha dado vergüenza entrar. Por eso he entrado al Fnac -tienda- y he comprado dos novelas que me quedan de Albert Sánchez Piñol en idioma original: Tretze Tristos Tràngols (Trece Tristes Trances) y Pandora al Congo (Pandora en el Congo). Salgo con los dos libros bajo el brazo y veo que aun no ha llegado nadie a la cita. Son las 18:30 y la cita está planeada para las 19:30. Me pido un zumo de naranja (sin saber que me valdrá tres euros y medio, maldita sea) mientras leo los dos primeros relatos de Tretze Tristes Tràngols. Albert Sánchez Piñol en seguida conecta con el lector por lo cercano que es al narrar sus historias. Aunque utilice expresiones que pueden parecer simples, detrás de todas ellas se esconde un mensaje muy profundo. Veo que empieza a sentarse gente dentro de la sala y me animo a entrar. Son las 19:00 y después de pagar el dichoso zumo de naranja entro y pido si hay alguna silla con mesa para poder ir haciendo apuntes con el ordenador a lo largo de la entrevista. Una amable organizadora me tiende tres mesas apiladas para que el ordenador esté a la altura adecuada. Es un poco embarazoso ser el único asistente con tres mesas apiladas y con ordenador para tomar apuntes pero, creo yo, ha valido la pena. 



Empieza la entrevista con Mònica Terribas, ex directora de TV3, resaltando las ganas que tiene todo lector de saber lo que nos pasa y como Victus cumple dicho fin a través de inevitables paralelismos permanentes a lo largo de toda la historia con la actualidad que vivimos día tras día. Subraya también el hecho de que Albert Sánchez Piñol escribiera el libro en español y pregunta por la traducción al catalán, que se acaba de publicar. ¿Cómo ha ido el proceso de traducción?
A su vez, Albert Sánchez responde que se debe ser comprensivo con el traductor. Él intentó traducir Victus por él mismo pero acabó agotado. Xavier Pàmies -el traductor- encontró soluciones brillantes donde el propio autor no encontraba desenredo posible. Xavier pensaba en la historia constantemente. "Hasta cocinando", dice riendo Albert, "me comentaba que lloraba y no sabía si era por la cebolla que estaba cortando o por Victus". Al traductor se le tiene que dar margen de maniobra según Albert, el autor debe dejar que el traductor se adueñe del texto. "Victus se ha traducido ya a muchos idiomas como el coreano o el ruso, la traducción al catalán es muy importante".

¿Cuando te planeas la traducción de Victus al catalán piensas en los "felpudos rojos" de hoy?, pregunta Mònica refiriéndose a los políticos catalanes de la actualidad.
Con su característica risa traviesa Albert responde que espera que el paralelismo histórico al cual Mònica hace referencia sea solo en los cinco primeros capítulos del libro. Se queda riendo y la audiencia se ríe con él porque su risa invita a reírse más aun. "No sé porque río". Deja de reír, la audiencia refuerza sus risas. De Victus se ha dicho que es oportunista políticamente hablando. Albert insiste que pretendía justamente lo contrario. "Quise evitar que saliera el 2014 porque no quería que fuera oportunista y va y lo sacamos justo antes de la gran manifestación independentista del 11 de septiembre". El libro explica que las clases dirigentes, los popularmente llamados "felpudos rojos", no querían luchar, no tenían esperanzas de ganar esa guerra, creían en la respetable idea de no oponerse para no sufrir mayores consecuencias. Sin embargo la clase popular presionó para que se luchase y se luchó. "Después de la manifestación del once de septiembre del año pasado es una obviedad que todos los partidos catalanes hayan cambiado su dirección". Deja claro, no obstante, que él no cree en lo de que la historia es cíclica y se repite constantemente.

Mònica Terribas abre su ejemplar de Victus y se pone a leer: "He aquí nuestro peor defecto. No saber lo que queríamos, más allá de solazarnos en el reducto de lo pequeño. Esto no, aquello tampoco. Ni Francia ni España, pero incapaces de construir un edificio político propio. Ni resignados a nuestro destino ni dispuestos a cambiarlo. Atrapados entre las mandíbulas lentas de Francia y España, nos conformábamos con capear el temporal". Mónica hace un salto: "Ya lo dijo Séneca: si un marino no sabe a qué puerto se dirige, ningún viento le será favorable". ¿En qué momento pensó: "vamos a escribir Victus?
Queda muy bonito de decir a los periodistas que he estado diez años escribiendo este libro, responde Albert Sánchez Piñol, "un número muy redondo pero no han sido tantos". Albert no recuerda el primer pensamiento pero alude al hecho de que hacía más de veinte años que se manifestaba cada once de septiembre sin saber el porqué de ese día desde el punto de vista histórico. Empezó a investigar y se quedó maravillado con toda la información que encontró. Hay muchas cròniques que relatan los hechos que sucedieron aquel 1714, "y muchas curiosamente en castellano", menciona Albert. Intentó recrearlo con toda la similitud posible. Muchos países les gustaría ser poseedores de hechos históricos como el asalto de Barcelona, "y la tierra catalana es rica en esto".


"Los que lo hemos leído ya" dice Mònica, "después de acabar Victus tenemos la sensación de que hemos sido injustos con el general Antonio de Villarroel...
"Es posible, en cambio Rafael Casanova no queda muy bien parado en este libro". Se ríe. "Cuando escribí este libro nunca pensé que a los medios de ultraderecha y españolistas les pudiera llegar a gustar. Pero les gustó". Albert dice que un razonamiento es que estos medios se aprovechan del hecho de que Villarroel era castellano y, en cambio, Casanova es catalán y queda mal. Presumen de ello sin saber que esto es justamente una crítica a su actitud actual hacia Cataluña, mucho más impermeable que la del general castellano. "Lo han interpretado mal" dice entre carcajadas el autor de Victus, que sin embargo se alegra de que les guste Victus"Para la mayoría de gente Villarroel es una calle que baja. La gente no sabe su significado". Múltiples risas en la audiencia le dan la razón reconociendo su pasada ignorancia.

Con una sonrisa Mònica Terribas comenta un momento del libro en el que el general Villarroel lucha hasta el final mientras que el gobierno catalán abandona.
Es un hecho histórico y probado el que Rafael Casanova sale con la bandera y los dirigentes no. "La tragedia de Casanova quizás es que fue bueno pero estaba rodeado de grandes héroes", reflexiona Albert. Inspira aire y se refiere al general Villarroel: "él dimite de su cargo no por cobarde sino como militar profesional que sabe que se avecina una masacre. Los dirigentes catalanes aceptan su dimisión y está documentado el momento en el que se despede de los soldados diciendo que ojalá fuera él soldado para morir junto a ellos. Y aunque se puede ir sin deshonor alguno decide quedarse hasta el final de la batalla. Consecuentemente es herido y acaba como acaba, en un presidio de Galicia en el que, cuando la marea subía, el agua le subía por los pies". Albert Sánchez Piñol define a Rafael Casanova como un personaje que nunca está cómodo en su papel porque es realista mientras que para Villarroel, partícipe en más de una misión suicida, morir no es un sacrificio. Después de la guerra Francesc de Castellví buscó testigos de los dos bandos para escribir una crónica de la batalla y entrevistó a Rafael Casanova. "En esta entrevista se puede ver entrelíneas que era un hombre amargado, un hombre al que derrotaron", cuenta un Albert muy reflexivo, "la derrota barre la imagen física de algunos personajes en sus retratos". Albert Sánchez incorporó en su libro retratos de Belwick y Verdroom pero ninguna de Villarroel o Casanova por esta misma razón. Cuando Mònica Terribas le pide su opinión acerca de Berwick el autor de Victus comenta que la altura de un protagonista la da su antagonista. "Berwick era un fiera, un criminal sin escrúpulos, un producto de Versalles, hablaba seis idiomas y era muy peligroso. Si lo hubiéramos tenido de nuestro lado quizá la guerra hubiera tomado otro cauce", bromea Albert. Nos comenta una anécdota que cree que menciona en el libro: "Berwick, el general responsable del asalto a la ciudad de Barcelona, era primo hermano de Malbrough, militar inglés. Pese a estar en los bandos opuestos durante la Guerra de Sucesión mantuvieron correspondencia privada sobre jardinería y otros temas la mar de interesantes mientras los suyos se masacraban". "Esa era la manera de hacer de la época", dice Albert riéndose aun más, "hoy en la guerra media violencia simbólica, no física".

Mónica comenta que el libro dice que como los catalanes siempre se creen que tienen la razón, se creen también que el mundo se dará cuenta y acabará por darsela. "¿Hay aquí un paralelismo con la actualidad? ¿Te refieres a Europa?"
La respuesta a esta pregunta resulta ser de lo más breve: "Los escritores nunca hablamos de pasado o futuro, siempre hablamos de nuestro presente. Al fin y al cabo, soy una persona del siglo XXI".


"Hay muchas cosas de las que nos damos cuenta pero cuando lo leemos en un libro nos impacta mucho a los lectores", comenta Mònica, "y si algo deja claro este libro es que Castilla y Cataluña son completamente diferentes".
"Lo más trágico de todo es ver como en el presente se perpetúa", responde Albert, "al fin y al cabo en la Guerra de Sucesión juegan de una forma paralela los intereses entre Inglaterra y Francia y el choque inevitable entre Castilla y Cataluña". Albert nos cuenta que Castilla y Cataluña tenían sistemas totalmente diferentes: "en Castilla lo que decía el Rey iba a misa. En cambio, Cataluña tenía un concepto muy distinto, el Rey tenía que ayudar a los suyos". Nos explica un dato: "Felipe V, antes de la guerra, firma las Constituciones Catalanas. Sin embargo los catalanes no se fían del todo. Pensad que era el mismísimo hijo del Rey Sol, de los reyes más absolutistas que han habido." Albert cita a Felipe V: "Las últimas Cortes han dejado a los catalanes más repúblicos que los ingleses con su Parlamento". Remarca que para Castilla la existencia y el funcionamiento de las Cortes Catalanes era intolerable.

Mònica Terribas vuelve a leer Victus en voz alta: "en realidad España no existe; no es un sitio, es un desencuentro".
"Lo más triste de Victus es que lo que se explica allí todavía no se ha acabado". Albert responde que todo el edificio político catalán se derrumbó el doce de septiembre de 1714, hasta ese momento España era un estado confederal. De repente, señala al cielo y riendo nos explica una curiosidad más: "¡Por cierto!, ¡ahora no lo dicen pero los vascos fueron muy fieles a Felipe V!". El autor de Victus reflexiona: "confiamos en Europa y en realidad nadie ayuda a nadie en las relaciones internacionales. No estamos hablando de una guerra con un final seguro. Se están descubrieron documentos continuamente y recientemente se descubrió, por ejemplo, una carta que escribió Joris Prosperius Van Verboom, que aparece en el libro, en el que pedía a Felipe V un título mobiliario y adjunta todos sus méritos. Uno de estos méritos dice que Berwick estuvo a punto de cancelar el asalto. Llovía mucho y el ambiente estaba húmedo, eso en aquella época significaba la nulidad de la tecnología militar. La lluvia era fatal por la pólvora. Verboom, sin embargo, insistió y el asalto prosiguió. A veces se tiene como una derrota total y realmente la derrota no era inevitable. El problema realmente fue que la potencia francesa ayudaba a España y nadie ayudó a Cataluña". "Los catalanes no pretendían ganar la guerra, simplemente no la querían perder", añade Albert. 

Mònica Terribas interviene diciendo que ha leído en el libro una cosa que le ha oído decir a Artur Mas personalmente: "que no nos juzguen por algo que no hemos hecho".
"Si hoy existimos como catalanes fue por aquella gente", recuerda Albert, "a los borbónicos les daba escalofríos la resistencia de los catalanes y por eso construyeron la fortaleza de la Ciutadella, un tumor urbano que ocupaba el 20% de la ciudad de Barcelona y para realizarlo derrumbaron una parte de la ciudad. Cuando finalmente los catalanes quitamos ese desastre, en el mismo lugar levantamos el Parlament de Catalunya. Así somos los catalanes", ríe Albert. "Esa derrota, lejos de separarnos y desanimarnos nos unió e incrementó la catalanidad"

Mònica Terribas comenta que en la actualidad no se sabe muy bien hacia donde dirigirse, qué camino tomar. Se denota un asedio no violento contra el proceso sobiranista de Cataluña.
"Es lo que se dice", responde Albert Sánchez con una sonrisa traviesa, "junte a tres catalanes y tendrá cuatro opiniones". La audiencia se ríe. "Sin embargo, lo que es innegable es que somos demasiado exigentes con nosotros mismos. Todo movimiento cuando nace tiene enfermedades infantiles, las cosas tardan en desarrollarse. Sin embargo en los últimos años el escenario ha cambiado mucho".


La entrevistadora mira al escritor a los ojos. "Tenías la finalidad de dar a conocer esta historia y has dicho que ha tenido una buena acogida". ¿Es la llave política para que la gente comprenda la historia de Cataluña?
"La narrativa tiene un poder que no tienen otros géneros literarios", afirma Albert, "los académicos de Historia hacen múltiples congresos pero no reúnen a demasiada gente. La narrativa es un arma divulgadora muy grande. Por parte del escritor, como narrador que es, debe tener unos 'instintos asesinos' con la documentación. Me refiero a saber qué datos tienen más interés narrativo. Por ejemplo, cuando en Victus estudiantes de Derecho y Filosofía van al frente comandados por su catedrático. Es verídico, sí, pero también es narrativo". También pone el ejemplo de la oportunidad perdida de Mataró en el que incorporó palabrotas pero el hecho es verídico y se recoge en las cròniques. 

"Esteve Ballester le dice a Zuviría que luchan por las generaciones futuras", señala Mònica, "¿hoy nos falta esta visión a largo plazo?
Albert Sánchez Piñol es del parecer que hoy todo es muy instantáneo. "El diario de hoy mañana servirá para envolver pescado". La audiencia ríe cuando Mònica interviene diciendo que todos los diarios menos el Ara, ya que ella es editora del mismo. "Todo caduca muy rápido", prosigue Albert entre risas, "leyendo las fuentes te lo planteas a menudo. A Ballester le mataron la família y buscando motivos, por descarte, se acaba luchando por el bien colectivo". El autor de Victus y La piel fría nos habla de los miqueletes, que se tenían como bandidos pero confiaban mucho en el papel como superviviente en el tiempo. "Tenían mucha más consciencia de la posterioridad que muchos de los nobles que tan solo buscaban beneficio inmediato". Se pone serio y nos comenta que le parece intolerable que se separen la cuestión social con la nacional. "Siempre van unidos. Los borbónicos querían sacarle a los catalanes derechos tangibles para las clases populares. Por poner un ejemplo, los castellanos no podían reclutar a catalanes si no estaban en peligro estos últimos. Las cortes catalanas eran inversas a las catellanas. En estas últimas las cortes estaban al servicio del Rey, en cambio en las primeras el Rey pedía y según cómo decidían las cortes recibía el dinero solicitado de los catalanes.

Mònica Terribas subraya la pasión con la que Albert Sánchez Piñol narra la historia. "El narrador es Martí Zuviría, un chico que acaba siendo ingeniero. ¿Por qué elegiste esta mentalidad?"
Albert responde que los hechos que son relatados son tan grandilocuentes que necesitaban una voz poderosa. "La ingeniería militar, en Francia y en aquella época, era un oficio elitista y sofisticado, era muy importante para los intereses de Francia. Vauban era muy importante y aun hoy se recuerda allí porque revolucionó el arte de fortificar. Construir y conquistar castillos era de vital importancia. Vauban tan solo escribió dos libros: como proteger y como asaltar. No pudieron ser bestsellers porque los dos se declararon de conocimiento secreto por el Rey de Francia, aunque ya se habían inventado las copias ilegales en aquella época". Albert Sánchez eligió el oficio de ingeniero para el protagonista de su novela porque suponía una gran contradicción que un oficio de naturaleza tan racional acabara en el asalto más irracional del siglo. "En aquella época se decía que cualquier plaza, por muy bien defendida que estuviera, no podía aguantar más de treinta días, y con pocos muertos. Barcelona aguantó trece meses y el asalto provocó muchísimas muertes".


Antes de despedirse Mònica le pregunta a Albert por los puntos del ingeniero que siguen toda la narración y acaba siendo la obsesión de nuestro protagonista. El autor de Victus reconoce que son inventados. "Todo lo conciernente a la vida privada de los protagonistas es pura ficción y los puntos enganchaban al lector". Apago el ordenador y me desplazo como un león hambriento a que me firme los dos libros que he leído y los otros dos que he adquirido antes de asistir a esta magnífica entrevista. "¡Ahí va, me traes una biblioteca entera tú!". Una mujer en la cola dice en broma que "eso es abuso". Me disculpo admitiendo la culpa de aprovechar esa oportunidad. Mientras firma mis libros con una rapidez y un pragmatismo acorde con la personalidad del escritor nos comenta que hay muchos capítulos autónomos a la historia que fueron excluidos de Victus. "Unas doscientas páginas". En principio se colgarán en la web de la novela. La misma mujer comenta que Martí Zuviría aun debe tener muchas cosas que contar. Albert Sánchez Piñol se ríe y le sigue la broma: "nadie lo sabe pero la independencia de Estados Unidos se debió a una visita de Martí". Nos reímos todos. Albert es un escritor cuya personalidad y saber hacer va de la mano con su manera de escribir. Cuando habla se le denota una pasión que noté también en mi lectura de Victus. Me despido de él y lo felicito. Debe estar harto de recibir felicitaciones pero desde aquí le puedo asegurar que la mía no era una felicitación vacía. 


¡Espero que os haya gustado tanto como a mí! Aquí encontraréis la reseña de su novela Victus.

Victus, de Albert Sánchez Piñol

domingo, 14 de abril de 2013


"Más o menos hacia 1450 los dos reinos se unieron por matrimonio real. Cualquier podía ver que como matrimonio acabaría mal, muy mal. Comparo esa unión de coronas con un matrimonio desavenido, porque las discrepancias que estaban por venir se parecen mucho a eso, a una pareja que se casa con propósitos divergentes. Para los catalanes se trataba de una unión entre iguales. Castilla, con el paso del tiempo, fue olvidando ese principio fundador."

Vergüenza. Vergüenza sentí con algunos -demasiados- de los comentarios del vídeo contra la catalanofobia de la vlogger focusingvlogs. Vergüenza es lo que siento cuando los mismos que proclaman a los cuatro vientos que metería una bomba para matar a todos los catalanes está en contra de la independencia "porque la mayoría de catalanes nos queremos quedar". Vergüenza por sentirme tan atacado por partidos políticos y sentencias del Tribunal Superior. Independencia. Una palabra que es una esperanza para muchos y un irritante escalofrío para otros. Para unos una meta, para otros una preocupación. ¿De dónde viene este desencaje y rencor  eterno entre España y Cataluña? Hallamos el origen de todo esto en una terrible derrota, una guerra de sucesión larga por las alianzas de un bando y la resistencia del otro. La nueva novela del autor de La piel fría nos cuenta el origen de esta divergencia. Hoy os traigo Victus, de Albert Sánchez Piñol.

Martí Zuviría, personaje real, es el protagonista de la novela. Somos testigos de sus inicios: su padre, un comerciante de Barcelona, lo envía a estudiar a Francia. Por un incidente un tanto gracioso acaba siendo aceptado en Bazoches, donde el magnífico ingeniero Vauban le enseñará el arte de la ingeniería militar. A través de mil aventuras, desventuras, amores, desamores, encuentros, despedidas, alegrías y decepciones Albert Sánchez Piñol nos cuenta con la propia voz de un Zuviría exiliado en Áustria y a las puertas de la muerte cómo llegó a ser el ayudante del coronel Villarroel, que comandó la defensa de la ciudad de Barcelona en 1714. "¡Lo contaré todo! Como jodieron al general Villarroel, cómo derrotaron nuestras victorias. Porque, hasta ahora, de aquella guerra solo he oído las versiones que vienen de arriba o del enemigo", nos promete el protagonista. Una pobre, anciana y poco agraciada austríaca llamada Waltraud es la encargada de transcribir las memorias de un Zuviría con 98 años de edad.

Leí La piel fría, del mismo autor, en el instituto. Más de una vez he mencionado en este blog que las lecturas obligatorias, por muy buenos que sean los libros, al ser obligatorios se hacen aburridos y fatigosos. Esta es la excepción que confirma la regla. En ese libro Albert Sánchez Piñol utiliza un estilo cercano que contrasta con un realismo mágico, libre y, en momentos, surrealista. Me apasionó y me prometí releerlo. Sigue en pie dicha promesa. Ahora este magnífico escritor, el más traducido de entre todos los escritores catalanes, se ha animado a escribir una novela histórica, un éxito aplastante. Mi profesor de Historia del Arte siempre me dijo que el pintor que siempre hace lo mismo y su estilo se vuelve inmutable es efectivamente un gran maestro en el arte en el cual se ha anclado.  Sin embargo, el verdadero genio es el que cambia, avanza, progresa y evoluciona. Albert Sánchez, en este aspecto, es un genio.

El libro se divide en tres grandes partes: Veni, Vidi y Victus. Julio César empleó las palabras veni, vidi, vici (llegué, ví, vencí) al dirgirse al Senado romano -47 a.C.- para relatar su victoria sobre Farnaces II del Ponto en la Batalla de Zela. El autor decide cambiar vici por victus, por lo que pasa a significar "llegué, ví y fui vencido". Me ha apasionado la originalidad de dividir la novela de esta forma pues se adapta perfectamente a las fases de la vida del protagonista. En la primera -veni- es educado en Francia y, finalmente, vuelve a su hogar. Los primeros contactos con la guerra de sucesión se dan en la segunda parte -vidi- y, finalmente, la tercera -victus- relata el asalto a la ciudad de Barcelona y como Martí se posiciona y madura.
Edición en catalán de Victus

El autor ha estado trabajando en este libro diez años y se nota en la exhaustiva e increíble labor de documentación con la que es dotada la novela. Se mezclan con destreza personajes reales con personajes de ficción y este contraste encaja con la narración que, a su vez, se ciñe a los datos constatados al mismo tiempo que tolera la ficción en el apartado privado. De este modo, todos los personajes que forman parte de la vida privada e íntima del protagonista son de ficción mientras que las fechas, comandantes, enemigos y compañeros de Martí -y el propio Martí- existieron de verdad. En el final del libro hay un índice en el que especifica cuales son reales y cuales no.

El tono divertido y jocoso que emplea Martí Zuviría al insultar sin piedad a la escriba o en muchos de los diálogos, pensamientos y actos que se desarrollan a lo largo del relato nos hace muy cercana y amena la historia que, recordemos, está ambientada a principios del siglo XVI. Extraordinario logro.

El punto débil, en mi opinión, de la historia, aunque para nada la desmerezca, es en los personajes de ficción. La vida personal del protagonista es una montaña rusa que no está dotada de un hilo argumental mínimamente lineal. Mientras que en la guerra (y por muchas escenas divertidas que incorpora en la narración) sí que conocemos el carácter y la personalidad del protagonista, en la vida íntima no se acaba de desarrollar bien. Así, Amelis, Anfant, Nan y Peret son cuatro personajes difusos y pintorescos que van apareciendo en ocasiones y no se acaban de asentar en la historia.  Digamos que en este campo Martí Zuviría es un mal protagonista.

Antes de llegar a la conclusión me gustaría exponeros el final del libro. No os asustéis: todos sabéis cómo acabó aquella guerra a no ser que aprobarais Historia a base de chuletas. Tampoco revela nada del relato. Me refiero a aquella última frase, la que se nos puede olvidar o permanecer en nuestra memoria para siempre y acompañarnos allá donde vayamos. Aquel último párrafo de la novela, un momento mágico para el lector. En Victus este último párrafo, sin saber porqué, me recordó a Bilbo Bolsón, habitante de la Comarca y protagonista de El Hobbit, de J.R.R.Tolkien. Antes de ni tan siquiera empezar su libro tenía pensado el final: "He de encontrar un lugar donde pueda terminar mi libro. He pensado un hermoso final: Vivió feliz aun después del fin de sus días". Mirad qué hermoso final para esta épica narración:

Y descubrir, al fin del último extremo, más allá de Éufrates y Rubicones, sin lloros, oh, grandeza y consuelo de los pocos y pobres, de los débiles y desdichados, que cuanto más oscuro sea nuestro crepúsculo más dichoso será el amanecer de los que están por venir.

En conclusión, Victus es una novela histórica pero enfocada de un modo diferente. Mezclando datos reales con la ficción Albert Sánchez Piñol es capaz de hacer que la narración se presente cercana y divertida al lector. Un libro maravillosamente documentado que nos relatará la Guerra de Sucesión y el asalto a Barcelona a través de las aventuras y desventuras del protagonista. Antes de opinar sobre la independencia de Cataluña todo el mundo debería leerse este libro. Una lectura que me ha llegado, quizás por ser catalán, pero considero imprescindible para todo el mundo.

Permitidme una pregunta política de la cual todo el mundo es libre de contestar o no. Siempre desde el respeto que sé que a todos os caracteriza, ¿qué opinión os merece el tema de la independencia de Cataluña?


(vídeo en catalán)
Título: Victus. Autor/a: Albert Sánchez Piñol.
Editorial: La Campana. Nº páginas: 608. Precio24€
Click para leer la entrevista de Mònica Terribas a Albert Sánchez Piñol.
Web oficial de Victus.

El Alquimista, de Paulo Coelho

miércoles, 10 de abril de 2013


"- ¿Y por qué dices que yo no conozco el Amor?- preguntó el Sol.

- Porque el amor no es estar parado como el desierto, ni recorrer el mundo como el viento, ni verlo todo de lejos, como tú. El Amor es la fuerza que transforma y mejora el Alma del Mundo. Cuando penetré en ella por primera vez, la encontré perfecta. Pero después vi que era un reflejo de todas las criaturas, y tenía sus guerras y sus pasiones. Somos nosotros quienes alimentamos el Alma del Mundo, y la tierra donde vivimos será mejor o peor según seamos mejores o peores. Ahí es donde entra la fuerza del Amor, porque cuando amamos, siempre deseamos ser mejores de lo que somos."

La causa de mi ausencia este mes -y ya os avanzo que el siguiente más y peor- es los exámenes finales. Diez exámenes finales en un mes, ni más ni menos. Para concentrarme y evitar ponerme a leer, actualizar el blog o un sinfín de cosas mucho más entretenidas que empezar con la que será una etapa infernal del año me voy a estudiar al despacho de mi padre. Siempre he odiado las bibliotecas a la hora de estudiar, el silencio -o mejor dicho esos pequeños ruiditos que se vuelven tan molestos en esa quietud sepulcral- me asfixia. Yo soy más de leer en voz alta dando paseos y sin parar de mover el culo. Así, me encontraba preguntándome el tema diecisiete de Derecho Procesal cuando mi vista se fijó en un libro a lo alto de la estantería. En seguida reconocí la famosa novela de Paulo Coelho. Hacía mucho tiempo que quería provar con el autor así que interrumpí mi conversación con mi alter ego sobre el sistema de recursos y substraje el libro lleno de polvo como si fuera una reliquia. Hoy os traigo El Alquimista, de Paulo Coelho.

Antes de empezar con el libro, muy prudente yo, visité las redes sociales de lectura que frecuento buscando opiniones y las encontré de lo más distantes. Hay gente que califica este libro de autoayuda y aburrido y mucha otra que ve en él un imprescindible con una moraleja que nos cambiará a todos. Mi posición, eludiendo los extremismos no dista tanto de la segunda posición como de la primera.

Conocemos a Santiago, un muchacho andaluz y pastor de un rebaño de cabras, que se detiene en un pueblo llamado Tarifa. Las noches pasadas se le ha repetido un sueño en el que un niño lo llevaba a las pirámides de Egipto y o guía hacia un tesoro que lo espera allí. Convencido por una gitana, adivina e interpretadora de sueños, y Melquisedec, un enigmático rey, nuestro protagonista decide vender el rebaño de cabras y despedirse de su vida rutinaria, feliz y segura para emprender una odisea hacia las pirámides de Egipto y su tesoro oculto.

Esta historia es imposible que no sorprenda. Narrada a modo de cuento y en tercera persona versa sobre todo lo que el joven Santiago va aprendiendo a lo largo de esta aventura. Todos los personajes con los que se cruza le aportan algo y muchos, antes de desaparecer de su vida para siempre, le cuentan una historia dotada de sabia moraleja antes de despedirse. A través de sus cortos capítulos el autor va desarrollando una filosofía de vida por la cual toda persona al nacer tiene un sueño que a la vez es su misión en la vida, su Leyenda Personal. La mayoría de la gente renuncia a su Leyenda Personal aplicando el sentido común en la etapa de la madurez o por los lazos. Hasta hay gente que prefiere seguir soñando antes que hacer realidad dicho sueño para evitar decepciones o, simplemente, un vacío interior. Pero también hay quienes deciden seguirlo a toda costa y no viven felices hasta conseguirlo.

Si decidís leer El Alquimista debéis ser conscientes de que no estais ante una novela convencional pues si fuera así os parecerán escasamente racionales los diálogos (¿Cómo un muchacho puede mantener  diálogos de tal nivel filosófico? ¿Por qué todo se desarrolla de un modo tan espontáneo?¿Por qué?). Paulo Coelho nos relata un cuento cuya finalidad es hacernos reflexionar, no entretenernos con una historia de ficción.

El ritmo es el propio de un cuento, se centra en las cuestiones que interesan al autor eludiendo descripciones, detalles y nimiedades que pueden distraer la atención del lector. Los personajes secundarios se podrían dividir en dos: los divinos y enigmáticos (Melquisedec y el Alquimista) y los humanos, que aportan sabiduría y vida a nuestro protagonista (el Mercader, Fátima, etc.). Santiago se nos aparece siempre como un muchacho que siempre está dispuesto a aprender.

Si os ha gustado lo que habéis leído en esta reseña el libro, sin duda, no os decepcionará. A mí me ha gustado mucho y aunque muchos internautas dicen que no es lo mejor de Coelho, yo no dudaré en recomendarlo a todos los que me pidan consejo a la hora de elegir un buen libro de filosofía. Me gustaría resaltar también el final, que es de estos que dejan contento al lector.

Coelho escribió El Alquimista en sólo dos semanas en 1987. Explicó que pudo escribir a este ritmo porque la historia ya estaba escrita en su alma. Fue publicado por primera vez por una editorial brasileña dedicada a libros de magia negra y artes ocultas. Pese a que tuvo ventas considerables, el editor del libro le dijo a Coelho que nunca iba a vender bien y que podría hacer más dinero en la Bolsa". Para recuperarse de este desengaño, Coelho abandonó Río de Janeiro con su esposa y pasó cuarenta días en el desierto de Mojave. A su regreso, decidió que seguiría luchando. Estaba tan convencido de que era un libro grandioso que comenzó a golpear puertas. Según The New York Times, El Alquimista fue traducido a 67 idiomas diferentes. Esto convirtió a Coelho en el escritor vivo cuyas obras han sido más traducidas, según el Libro Guinness de los Récords de 2009. (Fuente: Wikipedia)

No puedo acabar la reseña sin resaltar una cosa que me apenó. Al acabar con el libro me saltaron las alarmas, me sonaba de forma sospechosa el final. Resulta que este libro se parece con demasía al cuento de El tesoro enterrado, del  libro Déjame que te cuente..., de Jorge Bucay. He revisado los años de edición de los dos: el de Paulho se publicó en 1988 y el de Bucay en 1999 por lo que este último ha copiado claramente el final de El Alquimista para uno de sus más famosos libros. Dicho esto, que cada uno juzgue por si mismo.

En conclusión, en El Alquimista encontraréis un cuento cuyas 170 páginas (sexta edición Planeta) están cargadas de reflexiones aplicables a nuestra vida. Con los ojos puestos en el tesoro final aprenderemos junto a Santiago una filosofía de vida que defiende el perseguir nuestros sueños y no creer en destinos escritos e inmutables. Una vez leída no os podréis sacar el cuento de la cabeza nunca más.


Título: El alquimista. Autor/a: Paulo Coelho. Título original: O Alquimista
Editorial: Planeta. Nº páginas: 172. Precio16€