Niños en el tiempo, de Ricardo Menéndez Salmón


"Cuando supo que su hijo estaba desahuciado, Antares se recluyó en el silencio. Lo hizo porque comprendió que sólo la palabra crea la vergüenza. Y él sintió vergüenza: vergüenza de sobrevivir al niño, vergüenza de tener ganas de defecar, vergüenza de su necesidad de sueño.
Así que calló.
Calló durante setenta y dos horas, el tiempo trans­currido entre que el oncólogo le dijo que su hijo iba a morir y el instante en que el niño se apagó sin ruido ni ira, como una vela soplada por un viento dulce y caritativo. Nunca, desde que en la infancia le extirpa­ran las amígdalas, había permanecido tanto tiempo en silencio."


La primera vez que vi este libro fue el día antes de partir de viaje a Riviera Maya, México. Lo vislumbré en el escaparate de una librería céntrica de mi pueblo. No llegué a leer el nombre del autor, ni siquiera el título de la obra, pero la imagen me quedó gravada en mi mente. Aun paseando por las calles resfriadas del pueblo seguía viendo la nostálgica, confusa e inocente mirada del niño. Con cualquier excusa conseguí arrastrar a mi acompañante otra vez a la librería, donde leí el corto capítulo con el que arranca la historia. No puede resistirme y, por eso, hoy os traigo Niños en el tiempo, de Ricardo Menéndez Salmón.

Este libro está dividido en tres relatos; en primer lugar, La herida, que trata del dolor y progresivo alejamiento que sufre una pareja cuyo hijo muere inesperadamente. El segundo relato, La cicatriz, nos narra una parte desconocida de la vida de Jesucristo: su infancia. Por último, en La piel asistiremos en la huida de una mujer embarazada a la isla de Creta y descubriremos la relación entre las tres partes del libro.

No conocía de nada a Ricardo Menéndez Salmón, nunca había oído a hablar de él, pero cuando empecé a leer este libro sentí que él sí me conocía a mí. A pesar de que nunca me he visto en ninguna de las situaciones en las que sobreviven sus personajes, Menéndez sabe disparar desde sus páginas directamente al corazón del lector, envenenándolo con los agrios sentimientos, las heridas incurables y todas las sombras de sus personajes.

El libro, aunque como he mencionado anteriormente, tiene tres partes, el alma reside en el primero, La herida, que gira alrededor de la pérdida de un hijo. En este relato es en el que, en mi opinión, brilla más la prosa del autor, que demuestra tener habilidad para manejar con delicadeza pero sin censura una melancolía que no conoce límites. Una melancolía que se instala en el estómago del lector como un agujero negro que persiste a lo largo de toda la lectura. Y la culpable de todo esto es la pluma atrozmente detallista del autor.

En segundo lugar, en La cicatriz se relata con absoluta y transparente libertad narrativa la infancia de Jesús, otro tema delicado aún hoy en día. En él el autor decide introducirse en las líneas de la historia para explicar el proceso de escritura, su inspiración e interesantes conversaciones mantenidas entre él y Dios en sus sueños. Un gran ejercicio narrativo que, a mí, me convenció mucho más que la historia en sí que, aunque nos presenta a un Jesús más humano que nunca, no acabé de conectar con el devenir de los hechos que se narran.

Por último La piel es un relato que viene a endulzar el libro tras la lectura de los dos tristes relatos previos, aunque igualmente se respira una nostalgia misteriosa. Aquí la prosa de Ricardo Menéndez Salmón se vuelve suave como una brisa marina acariciando las épicas tierras de la isla de Creta, donde el lector encontrará, junto a la silenciosa protagonista, el nacimiento de un amor puro y libre como el sol.

En conclusión, la prosa del autor encaja a la perfección con el tipo de historia que nos ofrece A través de una intensidad que aburriría en un libro largo pero resplandece en un relato corto, Ricardo Menéndez transporta al lector a tres situaciones completamente diferentes pero que todas comparten cierta tristeza y nostalgia. Recomendado a todos aquellos que no busquen acción en su próxima lectura, sino una narración que incita a la reflexión y sumerge a un mundo de frías y grises corrientes de aire.


"La noche más triste nunca es la primera. Pero la primera noche triste es la más larga de las noches tristes por vivir, aquella en que la extensión de la herida se muestra infinita. La noche en que se comprende lo que queda por venir, entre otras cosas la noche más triste."

Comentarios

  1. No soy muy amante de los relatos, la verdad, así que no sé si me atrevería a lanzarme a por el libro. Además, ese halo de melancolía a veces me entristece demasiado.

    Un abrazote.

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  2. No creo que éste sea un libro para mí. Ahora no me lo llevo.
    Besos.

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  3. Qué contundente lo que comentas de que no conocías nada del autor pero que cuando empezaste a leer el libro te diste cuenta que él sí te conocía a tí. Eso dice mucho!. Ya hace tiempo que quiero leer algo de Ricardo Menéndez Salmón, que aún no me he estrenado pero no quiero tardar, no sé si con este o con otro.

    Gracias y un saludo.

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  4. Tiene buena pinta, aunque admito que me da algo de reparo. Tendía que hacer lo que hiciste tú: leer unos párrafos a ver qué me parece. Porque a veces (y últimamente con más frecuencia) sí que me apetece ese tipo de narración.
    Un beso!

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  5. Por tu reseña creo que me gustaría este libro. Tendré que hacerle hueco.
    Besotes!!!

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  6. Bueno no es un libro que me llame mucho pero algo tiene

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  7. Últimamente este libro está en boca de todos... reconozco que tu reseña me acerca un poco más a leerlo. 1beso!

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  8. A mí no me importan los relatos aunque reconozco que en los últimos meses han caído bastantes así. He leído varias reseñas y no lo descarto. Besos.

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  9. Le tengo el ojo echado, me gustó la reseña de mientras leo, lo quiero leer. Un beso!

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  10. qué ganas de leerlo! gracias por la reseña, saludos.

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  11. Me encanta este autor y con este último libro a mi entender se ha superado. El primer relato es demoledor.
    Un abrazo,

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