La verdad sobre el caso Harry Quebert, de Joël Dicker

lunes, 25 de agosto de 2014

"Anhele el amor, Marcus. Haga de él su más hermosa conquista, su única ambición. Después de los hombres, habrá otros hombres. Después de los libros, hay otros libros. Después de la gloria, hay otras glorias. Después del dinero, hay más dinero. Pero después del amor, Marcus, después del amor, no queda más que la sal de las lágrimas"
Buenos días desde San Diego, California! Después de tres duros años de estudio constante he tenido la oportunidad de incorporarme en un programa de intercambio internacional y... ¡este otoño estoy estudiando Derecho en la Universidad de San Diego! Es por esto que estos días no he podido estar por el blog tanto como me habría gustado estar. Presentaciones, primeras clases, conocer la ciudad... ¡No he parado! Sin embargo, si algo no puedo dejar de hacer esto es leer. Esta novela es de estos bestsellers que apetecen leer. Hubo un tiempo que todo el mundo lo leía y decidí no precipitarme, esperar a que pasara el furor de la crítica fácil y luego ponerme con él. Finalmente lo empecé en el vuelo que cruzaba el Océano Atlántico, dirección al Nuevo Mundo. Y he engullido sus más de 650 páginas en estos días. Hoy os traigo La verdad sobre el caso Harry Quebert, de Joël Dicker.

Conocemos a Marcus Goldman, un joven escritor que obtuvo un gran éxito con su primer libro y ahora se encuentra metido en una crisis creativa que arriesga con poner fin a su brillante vida. Desesperado recurre a su maestro, Harry Quebert, quien es considerado el mejor escritor del siglo XXI por su aclamada novela Los orígenes del mal y lleva una vida retirada en un pequeño pueblo de Nueva Inglaterra, Aurora. En su visita Marcus descubre sin querer que Harry tuvo una relación con una joven llamada Nola Kellergan que desapareció hace más de treinta años. Más relajado pero aún sin inspiración para enfrentarse a su segunda novela, nuestro protagonista vuelve a Nueva York. Unos días después se entera que Harry ha sido arrestado: han encontrado el cadáver de la joven enterrado en su jardín junto al manuscrito original de Los orígenes del mal. Marcus no duda en hacer las maletas inmediatamente y partir hacia Aurora, dispuesto a investigar el pasado de su amigo y mentor para demostrar su inocencia.

Definiría esta novela como el libro perfecto para leer en verano. Dicker tiene un estilo ameno, ágil y de ritmo cinematográfico. No estamos ante una novela para reflexionar ni para ahondar en los diversos personajes y sus sentimientos. Ha habido un asesinato, hace más de treinta años, y queremos saber quien es el culpable. Y la investigación que nos lleva hacia la verdad pasa por muchos giros inesperados y emocionantes. Joël Dicker consigue una mezcla perfecta entre humor y suspense.

Sin embargo, quizás lo más relevante de esta novela es lo que llega a enganchar al lector. No hay capítulo que acabe con un final apropiado para poder irse a dormir, alargando la lectura hasta horas indecentes de la mañana. El lector acaba desesperado por conocer el final de un rompecabezas que cada vez se presenta más y más interesante. El autor presenta unos personajes, todos muy bien definidos, y con ellos forma una tabla de ajedrez en el que todos acaban siendo sospechosos de asesinar a Nola Kellergan.

Cada uno de los treinta y un capítulos de la novela van encabezados por uno de los treinta y un consejos que, en su momento, Harry Quebert dio a nuestro narrador. Consejos sobre el arte de escribir y el boxeo, deporte cuya pasión comparten. En más de una ocasión me sentí identificado con Marcus Goldman y la verdad es que alguna que otra lección he sacado de esta lectura.

Como único punto negativo cabe señalar que, en algunos puntos del libro, el tono y las palabras elegidas no me acababan de sonar verosímiles. Momentos como el de expresar el amor entre dos personajes o simples reacciones me resultaban forzados, cayendo en muchos estereotipos.

En conclusión, no soy muy aficionado a las novelas sobre asesinatos, detectives y policías. Normalmente es debido a que aborrezco la imagen de investigador invicto y desdeñoso. Sin embargo, el enfoque de esta novela ha hecho que me haya gustado mucho; Marcus Goldman es un escritor novato que va en busca de la verdad con el único objetivo de salvar a su maestro de la silla eléctrica. Esto sí, las autoridades sanitarias del blog de literatura Trotalibros advierten que este libro es altamente adictivo y, de él, se pueden derivar efectos secundarios tales como insomnio, aislamiento temporal y dependencia absoluta del libro. "¿Quién carajos lo hizo? ¿Quién mató a Nola?"

Los favores de la fortuna, de Frederic Manning

viernes, 15 de agosto de 2014


"C'est la guerre, decían con una resignación que rozaba la apatía; pues, como toda persona sensata sabe, la guerra es una de las fuerzas de la naturaleza que no puede preverse ni controlarse. Su postura, a pesar de su ingenuidad, era sensata. No hay nada en la guerra que no esté en la condición humana, pero cuando se aúnan la violencia y las pasiones de los hombres dan lugar a una fuerza impersonal e imprevisible, a un movimiento ciego e irracional de la voluntad colectiva que no se puede controlar, no se puede comprender, y que solo puede soportarse como estos campesinos lo soportan, con amarga resignación. C'est la guerre".


Al igual que muchos otros lectores, admiro a Ernest Hemingway no solo por ser un grandísimo escritor, sino también por su vida, llena de aventuras y viajes. En su época de oro, allí donde había follón estaba Hemingway. El otro día os hablé de su obra sobre la Primera Guerra Mundial Adiós a las armas y os comenté las cosas que me gustan y las que no me gustan tanto del escritor estadounidense. Hoy os traigo una obra que Hemingway decía leer anualmente porque, decía, era la novela que reflejaba mejor la realidad de la Gran Guerra. Hoy os traigo Los favores de la fortuna, de Frederic Manning.

La historia arranca en el frente de Somme, el campo más sangriento de la Primera Guerra Mundial. En él conocemos al soldado raso Bourne, un voluntario del ejército británico. A través de su día a día, relatado por un narrador omnisciente, nuestro protagonista nos deviene un personaje misterioso y enigmático. Por su forma de expresarse es evidente que se trata de un hombre de clase alta y, a pesar de que tiene la oportunidad de ascender en la rígida jerarquía militar, prefiere no abandonar a sus compañeros y mantenerse como soldado raso, renunciando a la oportunidad de escapar de un oscuro destino. No es heroico y su ideología es difusa. Es leal pero sin dejar de ser astuto.

La historia nos la cuenta Frederic Manning, que fue destinado como soldado raso en el frente de Somme. Aunque en el prólogo insiste que Bourne no es él y la narración no se ajusta a su experiencia en el frente, también reconoce que la historia se basa en sus vivencias allí. La primera vez que se publicó fue con seudónimo debido al carácter escandaloso de la fiel reproducción del lenguaje soez de los soldados.

La novela está dividida en capítulos encabezados por un fragmento de alguna obra de Shakespeare. De hecho, el título de la obra sale de uno de estos fragmentos. No es una historia larga, pero el estilo minucioso y profundo de Manning requiere atención y esfuerzo por parte del lector.

Lo que más me ha gustado de Los favores de la fortuna es que refleja a la perfección los puntos débiles del funcionamiento del Ejército, la absurdidad de su jerarquía en ocasiones y la trágica naturalidad y el desamparo con la que los soldados se dirigen a su destino. El triste final transmite al lector el origen de la irracionalidad de las guerras.

Sin embargo, es un libro en el que, al menos yo, me he liado muchísimo con los nombres de los personajes. También es cierto que parte de la narración en el que se relata el día a día como soldado cuando no está en el frente, tratando con detalle las ocasionales disputas entre soldados o la relación con sus superiores, se me ha hecho lenta e irrelevante.

En conclusión, Los favores de la fortuna es un libro que realmente refleja con el detalle y la precisión de un cirujano la vida de los soldados rasos. La guinda del pastel, sin duda, es el protagonista, Bourne, un personaje peculiar y enigmático. Sin embargo, a mi parecer sobran muchas páginas que centran en exceso su atención en aspectos banales de la vida de sus múltiples personajes.

Adiós a las armas, de Ernest Hemingway

lunes, 4 de agosto de 2014


"No se puede amar el suelo de un vagón, ni los cañones con una funda de lona, ni el olor del metal engrasado o la lona por la que se cuela la lluvia, aunque no se estaba tan mal y era agradable estar entre los cañones; sin embargo, amar a alguien que sabes que ni siquiera puedes fingir que está contigo, verlo fríamente y con claridad..., aunque no tan fríamente como con claridad y con sensación de vacío."


La cuidada edición de Lumen de esta obra me llamó en seguida la atención. La portada de dos granadas formando un corazón me parece sensacional, y aún más teniendo en cuenta la historia que hay detrás de ella. Pero es que, además, dio la casualidad de que este mes me estoy entregando a lecturas sobre la Primera Guerra Mundial, ya que este año se cumplen cien años desde que empezó. Os he hablado de La Caída de los Gigantes, de Ken Follett y he hecho un Qué leer sobre libros que traten esta sangrienta guerra. Esta novela nos da un enfoque muy diferente del conflicto. Hoy os traigo Adiós a las armas, de Ernest Hemingway.

Esta novela nos lleva a un rincón de la Primera Gran Guerra europea del que no se suele hablar. Y es que todo el mundo sabe sobre la sangrienta batalla de Somme, o el gélido frente ruso-alemán. Pero, ¿e Italia? A pesar de que antes de la guerra Italia formaba parte de la Triple Alianza -por la que habría luchado junto a Alemania y el Imperio Austrohungaro-, al ser Austria la primera agresora no se cumplieron los términos de la alianza. Así, durante el primer año de guerra se mantuvo neutral, pero en 1915 se alió con la Triple Entente (Rusia, Reino Unido y Francia). Mientras Alemania luchaba en el frente ruso y francés, a los italianos les tocó luchar contra Austria.

Con este telón de fondo conocemos a Frederic Henry, un soldado estadounidense que se alista en el Ejército Italiano, dónde se dedica a conducir ambulancias. Mr. Henry es un teniente respetado y al que no le atemoriza el fuego enemigo. Sin embargo, su vida da un giro inesperado cuando, a través de Rinaldi, un íntimo amigo suyo, conoce a Catherine Barkley. Frederic ha tenido muchas aventuras, pero desde el primer momento que la ve sabe que con Catherine es distinto. A medida que la guerra entre Austria e Italia se encrudece la pasión entre ambos va en aumento. Esto hace que la visión de la guerra de Frederic cambie completamente y el conflicto pierda progresivamente su sentido.

Con este libro me ha pasado lo que siempre que leo a Ernest Hemingway me ha pasado. Tengo que confesar que el cuerpo de la historia me ha aburrido. Aunque está escrito con la brutalidad del autor norteamericano, algunas conversaciones me parecían superfluas y no siempre era capaz de entender la elección del autor a la hora de elegir los detalles de la historia a resaltar. La narración se me hacía lenta y con escasez de momentos relevantes o emocionantes. El protagonista y narrador me parecía muy reflexivo pero excesivamente seco y frío con los demás personajes. En general, un protagonista demasiado parecido a la extravagante personalidad del autor. Por otro lado, Catherine Barkley en ocasiones me parecía exageradamente melindrosa.

Sin embargo, como me pasa siempre que leo a Hemingway, con el final todo cobra sentido. Y es que, al menos yo, no disfruto de las obras del autor norteamericano mientras las leo, sino una vez las finalizo. No disfruto de su historia, sino de la conclusión que emana de ella. Con las últimas páginas de Adiós a las armas el lector se queda con el mensaje antibelicista clavado en el pecho y, bajo la misma lluvia con la que nuestro protagonista aleja sus pasos de nuestra mirada imperceptible, sentimos, sin querer, la desorientación y la sensación de vacío que tantos soldados debieron sentir en ese inútil conflicto bélico.

Adiós a las armas es una historia de amor que nace de la misma manera que nace una flor en medio de un desierto. Uno comienza la lectura pensando que los dos protagonistas están locos por enamorarse en medio de una guerra así y lo termina entendiendo que, en realidad, son los únicos cuerdos de la historia.

Trotalibros cambia de imagen

domingo, 3 de agosto de 2014


A principios de julio -concretamente el día tres- este blog cumplía dos años. Se dice rápido, pero estos setecientos treinta días están llenos de lecturas, experiencias, recuerdos y amistades. La verdad es que este cumpleaños me sentó como un jarro de agua fría -en el mejor sentido de la expresión-. Este blog ha crecido, esto es innegable, pero yo también he crecido con él. A través de este par de años he cambiado en todos los aspectos, incluso en el tipo de lecturas que me atraen y me agradan. Por esto, incluso antes del 3 de julio, he estado midiendo, investigando, buscando, probando, conspirando para traeros este lavado de cara de la cabecera -o logo- del blog.

En cuanto al diseño se refiere siempre he seguido la misma línea: un minimalismo con sus límites. Un diseño que no sea sobrecargado y permita la lectura tranquila de las reseñas. Fondo blanco, letra oscura, enlaces azulados -mi color favorito-. El logo del blog seguía la misma línea de colores: una fuente tipográfica elegante y formal, de color oscuro excepto la primera T de la palabra Trotalibros, que resaltaba con un azul sereno. De hecho, la Té azul ha sido el signo del blog todo este tiempo.

La nueva cabecera viene de la mano del ilustrador catalán Jordi Vila Delclòs. Desde que era pequeño que leía libros con sus dibujos en la portada, y siempre me han encantado. Navegando por internet le puse nombre y cara al hombre que estaba detrás de esos dibujos que tanto me gustaban y contacté con él para encargarle el nuevo logo de Trotalibros. La nueva cabecera se viste de gala y alardea del tema central -y único- del blog: los libros. ¿Cómo puede ser que este blog, que lo único que hace es hablar de libros, tenga una cabecera que los olvida? Jordi Vila Delclòs ha ideado la cabecera como un homenaje a esas colecciones clásicas de libros que todos conocemos: Anagrama, Austral, Penguin Books, La cua de palla... El nuevo logo tampoco olvida la T azulada, emblema del blog.

Con este cambio se añade un color a las líneas del blog. Hasta el momento era negro y azul, ahora también se deja ver el amarillo. Después de muchos vaivenes, retoques, pulidos y cambios de opinión, la cosa se ha quedado así. Espero que os guste tanto como a mí. Os dejo con los diseños que ha visto este blog en estos dos años:

Primera cabecera del blog.
Segunda. Con ilustración de la increíble Henar Bengale.
Tercer diseño. Homenaje a "Where the Wild Things Are".

Cuarto diseño.
Diseño que estrenó el dominio trotalibros.es 
Diseño que había hasta ahora.