Un año sin la librería Canuda

sábado, 22 de noviembre de 2014


Hoy hace un año (exactamente a la hora que se publica esta entrada) la mítica librería Cervantes-Canuda, en Barcelona, cerraba sus puertas para siempre, después de ochenta y dos años vendiendo libros raros y difíciles de encontrar, primeras ediciones y manuscritos sobre temas de lo más dispares. Su sótano inspiró La sombra del viento, obra que haría famoso al escritor Carlos Ruiz Zafón. Y es que cuando uno entraba en esa librería y recorría sus seiscientos metros cuadrados llenos de libros viejos y desordenados tenía la sensación de ser Daniel Sempere y encontrarse en el mismísimo corazón del Cementerio de Libros Olvidados. Era, en fin, un lugar de culto para los barceloneses amantes de la lectura, de todas las edades y gustos. Cuando entrabas allí nunca sabías qué ibas a encontrar. Recuerdo sus miles de libros silenciosos, prudentes, sabios, expectantes. Como banda sonora, la conversación de sus risueños trabajadores, que parecían ajenos a los problemas del mundo exterior, como monjes aislados o guardianes jurados. 

Pero la realidad acabó penetrando en la librería Cervantes-Canuda como una sombra letal, contaminando sus estanterías de madera, sus suelos ruidosos, sus recónditos detalles y rincones. Dicen que los tiempos de crisis son tiempos de cambio. La nueva Ley de Arrendamientos Urbanos entra en vigor. Se acabó el pagar un alquiler de renta antigua, ahora las rentas deben estar actualizadas. ¿Qué significa esto? Un aumento del alquiler, como no podía ser de otra forma. Los números no salen. Santiago Mallafré, propietario de esta meca de lectores, tiene que tomar una decisión. 


Ahora mismo, si uno va a la estrecha calle Canuda encontrará, allí donde había estado esta librería extraordinaria, una tienda de Mango en construcción. La que será la más grande de España, dicen. En fin, una más de las quince que ya hay en Barcelona. Pero la cadena puede pagar un alquiler que la librería no está en situación de pagar. La despiadada ley de la oferta y la demanda imponiendo su orden. Los dos cientos mil valiosos libros que componían el fondo de la librería se trasladaron a Sant Cugat y, en febrero, un incendio acabó con cuarenta mil de los libros, aún sin clasificar, muchos textos antiguos o primeras ediciones muy buscadas por los bibliófilos.

No es un caso aislado. Donde estuvo no hace mucho la emblemática librería Platón, en Balmes, hoy se puede encontrar un supermercado pakistaní. Donde estuvo la librería Roquer Jardinets, que intentó resistir el tsunami de tiendas de moda que arrasó Paseo de Gracia, hoy hay una tienda de bolsos. La famosa librería Catalonia, con ochenta y ocho años de historia, era donde un servidor, cuando era un renacuajo, compró algunos de sus primeros libros. Me parecía la librería más grande e impresionante del mundo. Habiendo sobrevivido a una Guerra Civil, a una dictadura hostil con lo que representaba y a un incendio devastador, no ha podido con esta crisis. Allí mismo, en aquel suelo que la que tanta Historia ha sido testigo, ahora se puede encontrar un McDonald's.


Que cada uno saque su conclusión. A mí cada noticia que anuncia el cierre de una nueva librería me provoca un dolor agudo en el corazón, un vacío en el estómago, una sensación de pérdida insoportable. No me canso de viajar por el mundo, pero sostengo que hasta el momento nunca he estado en una ciudad tan hermosa y mágica como Barcelona. Quizás es por lo que he vivido allí, pero realmente lo siento así. Se trata de una ciudad cuya belleza real y genuina solo se puede hallar perdiéndose por sus calles, descubriendo sus joyas escondidas, joyas como estas emblemáticas librerías que van sucumbiendo para dejar sitio a lo que llaman "nuevos tiempos". Un sabio dijo un día que no todo lo viejo es malo ni todo lo nuevo es bueno.


La perla, de John Steinbeck

miércoles, 19 de noviembre de 2014

"Kino deslizó el cuchillo por el borde de la concha. En el acero sintió la fuerza del músculo. Hizo palanca con la hoja y el músculo de cierre se partió, abriendo la ostra. La carne labiada se contrajo y luego se asentó. Kino la levantó, y allí se encontraba la gran perla, perfecta como la luna. Atrapaba la luz y la refinaba y la devolvía en una incandescencia de plata. Era tan grande como un huevo de gaviota. Era la perla más grande del mundo."
La fuerza de la literatura a veces entra en mi habitación como una corriente de aire que me permite volar lejos. Una ventisca que me lleva a conocer mil mundos y mil personajes remotos de mi día a día, de todo lo que conozco, de dónde me siento cómodo. Me arranca de esta zona de confort y me hace sentir vulnerable, me hace sufrir la esencia de la injusticia y la desgracia. En definitiva, me hace ver que el mundo es mucho más que un mapa y las personas, con sus virtudes y sus defectos, son mucho más que lo que aparentan. Me encanta leer historias sobre la lucha de un protagonista humilde que se supera constantemente contra una sociedad marchita y oxidada pero letal. Hoy os traigo una de estas historias. Hoy os traigo La perla, de John Steinbeck.

Conocemos a Kino y Juana, un matrimonio pobre, en el día que un escorpión pica a su único hijo, Coyotito. Desesperados se dirigen al pueblo y llaman a la puerta del médico para que lo trate, sin embargo éste no los atiende porque sabe que la familia no podrá costear sus servicios. Kino y Juana se lanzan a la mar en busca de perlas con las que poder sufragar los gastos de las atenciones del médico y salvar, así, a Coyotito. Es en ese momento cuando Kino encuentra la perla más grande del mundo y, justo después, se percata de que la picadura de su hijo ha sanado gracias a las curas de Juana. Todo el pueblo en seguida se entera de la noticia de que Kino ha encontrado la que llaman Perla del Mundo y, a partir de este momento, un retrato de la sociedad tan sencillo como brutal muestra cómo la ponzoña de la envidia insana de los que más tienen convierte la bendición del hallazgo de la perla en una maldición para Kino y Juana.


No se tarda en advertir que nos situamos en México, los poderosos son los hombres blancos, colonizadores, mientras que los pobres, maltratados y engañados son los indígenas, los colonizados. De hecho, John Steinbeck se inspiró en una leyenda mexicana para escribir este libro. Esta es la segunda novela que leo del autor y, de momento, ambas contienen una crítica social pertinaz y astuta. Como en Las uvas de la ira los protagonistas son gente pobre, en este caso pescadores, que, sin embargo, son mucho más ricos que todos los poderosos juntos en cuanto a bondad, lealtad, amor y valores. Atrapados en una sociedad llena de codicia cuyas leyes están hechas para que las víctimas siempre sean las mismas, Kino y Juana intentan ir tirando siguiendo la corriente, siguiendo el orden impuesto por los que más saben y más tienen. Sueñan con salir algún día de su ignorancia blindada y dejar de ser continuamente estafados. Sueñan con la felicidad de Coyotito.

El narrador omnisciente mantiene un estilo sencillo que parece resaltar a los protagonistas y su modo de ver el mundo. Evitando complejidades innecesarias, se trata de una voz cuya objetividad a la hora de describir el lado más pesimista de la sociedad oprime el corazón; describe los actos, pensamientos y deseos de los personajes dejando al lector la ardua tarea de juzgarlos.

En cuanto al final, que no podía ser otro, nada que decir. Ha estado a la altura, y era difícil. A pesar de que todo el relato va acompañado de una banda sonora imaginaria que Kino escucha cuando intuye los peligros del enemigo, cuando saborea la vida y la paz o cuando siente la luz y la bondad de su familia, el final lo viví en un silencio escalofriante. Quizás el atisbo de unos latidos, la brisa marina rozando las palmeras, las olas rompiendo en la arena clara... pero ninguna melodía, ninguna canción. Y esto lo hace sublime.

En conclusión, se trata de un libro corto, pero de estos que dicen mucho más de lo que se halla escrito en sus páginas. Con un estilo sencillo y efectivo, el lector va siguiendo los pasos de Kino y su familia desnudando a una sociedad pensada por y para unos pocos. No se puede describir con palabras la sensación de rabia y exasperación que deja este libro.


Y, cuando lo cierras, antes de volver a contaminarte mirando la televisión o yendo a comprar cosas que no necesitas, antes de volver, en definitiva, a la suave pero falsa seguridad de la rutina que nos hace sentir cómodos, quizás te pasa por la cabeza un pensamiento brillante como la Perla del Mundo: esto que has leído no es ficción. Este abuso deliberado y continuo de los poderosos y estas víctimas que se han rendido, extenuadas por la lucha constante contra un gigante invencible estuvieron allí y siguen estando allí. Solo tienes que romper esa burbuja para ver sus lágrimas de agotamiento e impotencia.

¿Vosotros habéis leído alguna novela corta que os sorprendió gratamente? ¿Cuál?


El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad

domingo, 2 de noviembre de 2014

"¡Ah, el horror! ¡El horror!"
Existen dos escenarios que me llaman la atención de la literatura, supongo que debido al Peter Pan que vive en mí: el mar de los piratas y las selvas, infinitas e indómitas. Ambos escenarios me inspiran una libertad sin límites utilizada por buenos y malos, como si fueran mundos separados y ajenos a las normas y convenciones de la sociedad civilizada. ¿Quién no ha querido viajar en el tiempo para embarcar hacia mares desconocidos o tierras inexploradas? Hoy os traigo El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad.

La historia arranca cuando Marlow acepta un trabajo como agente comercial de marfil en el continente africano. Cuando llega, en seguida se hace cargo de un barco de vapor con la misión de remontar el río Congo en dirección al corazón de la selva, para ir a recoger a un trabajador llamado Kurtz, quien progresivamente se va volviendo un misterio oscuro e indómito como el paisaje en el que se ve inmerso nuestro protagonista.

Gracias al excelente prólogo de Mario Vargas Llosa que incluye la edición Debolsillo el lector se dará cuenta, aun antes de empezar a leer la historia en si, que no está ante una novela cien por cien de ficción. La fuente de inspiración de Joseph Conrad para este relato fue, sin duda, su viaje al Congo en 1890, que lo marcó profundamente. Llegó ilusionado, pues, al igual que Marlow, desde pequeño soñaba con vivir aventuras en las tierras salvajes e inexploradas de África. Sin embargo, cuando llegó chocó con una realidad muy diferente: por aquel entonces el Congo era la colonia personal del rey Leopoldo II de Bélgica, quien sacó beneficios indecentes a través del sistema esclavista, sembrando el terror y el genocidio para su provecho personal. Esta profunda decepción pasó factura a Conrad, tanto psicológica como físicamente, y fue el origen de novelas como esta. La edición Debolsillo también incluye parte del diario que escribió el autor en dicho viaje.


A decir verdad, adquirí este libro pensando que era una novela de aventuras juvenil. No me preguntéis porqué, pues no lo sé. Pero pensaba que sería como La isla del tesoro pero ambientado en la selva. Y me impactó mucho encontrarme con la historia adulta, contundente, compleja y en ocasiones dura con la que me encontré. La narración es el monólogo de Marlow, un viejo lobo de mar, que les cuenta a los demás tripulantes abordo una anécdota de cuando era un inexperto y novato marinero de agua dulce. Y lo relata casi ininterrumpidamente, con sus saltos en el tiempo inexplicables, sus lagunas, sus dudas y su subjetividad.

Aunque Marlow es el narrador, el verdadero protagonista es Kurtz que, tal y como dice Vargas Llosa en el prólogo, al principio de la novela brilla por su ausencia. Aparece en la historia de forma muy natural, casi anecdótica, después se convierte en una leyenda y progresivamente va ganando más y más protagonismo hasta convertirse en el eje de la historia, pues suyo es el corazón de las tinieblas. El carismático Kurtz es, pues, un misterio durante toda la historia, un personaje que, al igual que Gatsby o Dean Moriarty, sin apenas conocerlo lo admiramos, nos atrae, queremos saber más de él, nos tiene atrapados. Se trata del agente más preciado de la compañía y el más admirado por todos los que lo conocen. Poco a poco va creciendo en el corazón del narrador un anhelo de conocerlo y hablar con él, pasando a ser de un misterio a una obsesión.

El estilo de Joseph Conrad es complejo y recargado de adjetivos. Desdibuja la realidad para adaptarla al punto de vista del narrador, implicando el paisaje y los demás personajes a sus sensaciones subjetivas. Todo esto hace posible una implícita denuncia social de la dominación colonial en África y a la esclavitud y la recarga psicológica y casi paranoica del relato. Se puede leer en un suspiro, pues apenas llega a las doscientas páginas, pero en mi opinión es una obra que requiere ser saboreada lentamente, pues es de una profundidad exigente con el lector.


El libro se divide en tres partes. La primera es la introducción, en la que se nos presenta a Marlow, las circunstancias que le llevan a embarcar hacia el remoto continente africano y sus primeras impresiones al llegar a su destino, en el segundo capítulo se narra el viaje a través del río Congo y en el tercero está el desenlace de la odisea. Aunque desde la primera página la historia envuelve y engancha, su intensidad va creciendo a lo largo de la lectura. Así pues, mientras que la primera parte es lenta y descriptiva, sin demasiada acción, la segunda parte mejora considerablemente y, aun muy lejos de un ritmo cinematográfico, se incorpora más acción en la historia. Por último, el desenlace es sencillamente brillante. Las consecuencias del encuentro de Marlow con Kurtz me dejaron sin habla y, después de dos días leyendo una historia que no me había acabado de llegar al corazón, el final sí lo hizo. Y con creces.

En conclusión, un libro corto pero matón, de los que no dejará indiferente a nadie y que, con una crítica clara al colonialismo que conoció de primera mano el autor, brilla por el enigmático personaje de Kurtz. Un final impresionante que no dejará indiferente. A los que os atreváis con este, sed pacientes, esta novela va in crescendo. Este puede ser un libro en el que, en ocasiones, el lector se pierda entre múltiples adjetivos y profundas reflexiones, pero vale la pena llegar hasta el final. Para los aficionados al cine, El corazón de las tinieblas inspiró la famosa película Apocalypse now, ambientada en la guerra de Vietnam.

¿Cuál es vuestro escenario literario favorito?