¡Feliz Navidad!

miércoles, 24 de diciembre de 2014


"Honraré la Navidad en mi corazón y procuraré conservarla durante todo el año"
Charles Dickens

Ya ha llegado la tercera Navidad de este blog, y la verdad es que todo este tiempo ha pasado volando. El chico que está detrás de todo esto os desea a todos una feliz navidad y que Papa Noel haya sido generoso a la hora de dejar libros debajo del árbol (y que además acierte a la hora de elegirlos). 

Así empieza lo malo, de Javier Marías

martes, 23 de diciembre de 2014

"En realidad todo lo que se cuenta, todo aquello a lo que no se asiste, es sólo rumor, por mucho que venga envuelto en juramentos de decir la verdad. Y no podemos pasarnos la vida prestándole atención, todavía menos obrando de acuerdo con su vaivén. Cuando uno renuncia a eso, cuando uno renuncia a saber lo que no se puede saber, quizá entonces, parafraseando a Shakespeare, quizá entonces empieza lo malo, pero a cambio lo peor queda atrás."
Después del éxito internacional de Los enamoramientos, una de las grandes promesas de este otoño era sin duda la nueva novela de Javier Marías, uno de los escritores más importantes de España y miembro de la Real Academia Española. Para los amantes del estilo de este escritor, sin duda, será el mejor regalo de Navidad. Hoy os traigo Así empieza lo malo, de Javier Marías.

1980. El Madrid de la Transición. El narrador en primera persona es Juan De Vere, un joven que encuentra su primer empleo como secretario principal de Eduardo Muriel, un director de cine antaño exitoso. Pronto Juan es testigo del desprecio que, en la intimidad, Muriel le demuestra a su mujer, Beatriz Noguera, debido a algo que sucedió en el pasado. Por otro lado, en las calles se respira optimismo y ganas de pasar página después de una dictadura opresora y asfixiante. Sin embargo, cuando Eduardo Muriel se entera de que un amigo íntimo suyo hizo cosas imperdonables durante los años del franquismo le encarga a Juan de Vere que se acerque a él y averigüe la verdad del asunto.

En esta novela nos volvemos a encontrar con el estilo inconfundible de Javier Marías. El análisis profundo de casa gesto, de cada suspiro, de cada palabra y de cada mirada, el irse por los cerros de Úbeda constantemente, el ritmo lento y paciente, las frases interminables y el tono completamente introspectivo. En sus novelas abundan las descripciones y las reflexiones y escasea la acción y el diálogo. El comportamiento del ser humano -la traición, las mentiras, el perdón- se mezcla con las excepcionales circunstancias del momento, los aires nuevos que ofreció la Transición española, cuyo precio fue el borrón y cuenta nueva. En Los enamoramientos señalé que al ser el narrador una mujer -algo inédito en su obra- Marías no había acabado de saber encajar un tono femenino con el estilo introspectivo de sus novelas. En esta nueva novela volvemos al narrador masculino, que el autor conoce y domina. Si tuviera que mencionar una diferencia con sus obras previas sería la dosis de erotismo.

Se trata de una narración dedicada también a sus personajes. Me sentí muy cercano a todos y cada uno de ellos, aparecen y desaparecen de un modo natural, son coherentes y completos. A mí personalmente me llamó mucho la atención el personaje de Beatriz Noguera, que quizás es la que más enigmas y misterios despierta a lo largo del relato.

Una curiosidad. Javier Marías ha vuelto a hacer aparecer al Profesor Rico, amigo suyo en la vida real, en esta novela. Por primera vez este personaje consigue más protagonismo apareciendo en más de una escena. En un programa de radio en el que el escritor acudía pusieron una grabación del Rico real diciendo: «Javier Marías, el muy cabrón, veo que me saca mucho con la esperanza de que lea la novela. ¡Pues va listo!». Esta tradición me hace mucha gracia, y además el Profesor Rico como personaje es muy rico, valga la redundancia.

En conclusión, una novela al más puro estilo Marías. Una buena obra para estrenarse con el autor. A mi parecer es un gran libro que ha cumplido todas las expectativas y me ha aportado reflexiones impresionantes. He disfrutado mucho de la lectura, de hecho la he engullido en menos de tres días. Supongo que es la magia de la buena literatura.

Editorial: Alfaguara. Páginas: 534. Precio: 21,50€

¿Con qué libro empezáis las vacaciones de Navidad vosotros?

Demonios familiares, de Ana María Matute

miércoles, 17 de diciembre de 2014


"¿Así era como volvía a recuperar el bosque? De pronto descubría que había estado a punto de perderlo para siempre. Perder el bosque inventado, tan inventado que jamás conocí otro más real. Recuperándolo paso a paso, minuto a minuto, hollando altas hierbas desconocidas, descubriendo detrás de cada tallo la realidad de un sueño incompartido, como esperando el día de su resurrección. "Creo que va a suceder algo que deseo sin saberlo." Aún no me había dicho a mí misma que a menudo cuando un deseo se cumple, todo un mundo muere".

El 25 de junio de este año que ya se acaba nos dejaba una de las grandes escritoras de España: Ana María Matute. Ana María era para mí una de esas escritoras que me llamaba mucho la atención, acumulaba libros suyos en la estantería pero nunca me decidía a empezar a leerla. Recuerdo su sonrisa apacible cuando en la gala del Premio Planeta del año pasado Clara Sánchez, ganadora por su obra El cielo ha vuelto, pidió en su discurso que el próximo Premio Nobel fuera para Ana María. Pero al cabo de medio año nos dejaba y me arrolló el hecho de que no había leído nada suyo.

Cuando Matute falleció, después de toda una vida de superación y resistencia continua, estaba trabajando en una obra y aun en sus peores momentos de vértigos y dolores no dejó de escribir. Por aquel entonces ya había acordado con la editorial (Destino) la fecha de publicación de su próxima novela y, después de su muerte, la editorial decidió publicar su última obra, inacabada. La que tendría que ser la despedida al mundo de todo gran escritor. Hoy os traigo Demonios familiares, de Ana María Matute.

Verano de 1936. Conocemos a Eva en el momento en el que vuelve a casa tras un intento de provocar un incendio en el convento en que estaba voluntariamente internada. Aunque vuelve a esa casa cuyas paredes y suelos le recuerdan tanto al silencio que ha protagonizado su infancia, Eva está contenta de abandonar el deprimente convento. Su madre murió cuando acababa de nacer. Su padre, al que todo el mundo conoce como el Coronel, es un ex-militar estricto, amargado, distante y tullido.  Eva vuelve a su vida aburrida pero apacible, y en esta vida la guerra es como una realidad lejana y abstracta que no afecta su rutina de modo alguno. Todo cambia cuando un día Eva encuentra en el bosque a un paracaidista herido.

Ciento veintisiete páginas fueron suficientes para Ana María Matute. Fueron suficientes para hacernos volar y, a través de sus palabras transparentes y sencillas, transportar al lector en el momento, en el espacio, en las preocupaciones de una muchacha candorosa que no conoce mucho más allá del cautiverio y la melancolía. Sin ningún disparo ni escena de acción Ana María nos inmersa en la guerra y en sus consecuencias, sus muros, sus inútiles rivalidades.

Personajes intensos, todos con su personalidad bien definida. Yago, el misterioso ex-ordenanza del Coronel, siempre detrás de su silla de ruedas como una sombra, silencioso y servicial. Jovita, decidida e independiente, la mejor amiga de Eva. A través de estos personajes Ana María crea un mundo de secretos que hará que cada uno de estos personajes se tenga que superar y tomar decisiones.


El libro está dividido en dos partes. La primera -La ventana de los halcones-, conocemos a todos los personajes, es una presentación que nos lleva al nudo de la historia, el fortuito encuentro con el paracaidista caído y al borde de la muerte. En la segunda -Vértigos- nos internamos en los lazos que unen a los diferentes personajes, y la pesadumbre del Coronel pasa a un segundo plano.

Poco a poco van quedando menos páginas para un final que no es final y quiero saber más cosas, quiero conocer alguno de los secretos que flotan por el universo de Eva, como encajarán las distintas pasiones que se entrecruzan, cuando se van a romper esos silencios frágiles. Pero el final llega con la palabra "Mada", cuando toma la palabra por vez primera el enigmático Yago, un personaje que va creciendo sin pausa desde los ojos de Eva.

¿Una novela inacabada puede aspirar a más que un intento, una tentativa, un experimento, un medio-placer? Sí. En nuestra vida conocemos a personas y nos despedimos de ellas para siempre constantemente. A veces, en cualquier momento algo -un paisaje, un olor, un sonido, una voz, un rostro, un objeto- nos recuerda a esa persona que nos llamó la atención en nuestra infancia, que nos atrajo en nuestra adolescencia o de la que aprendimos o por la que sufrimos -o ambas-.

Con esta misma sensación me dejó este libro. He conocido y seguido unos días a los personajes de este libro, he vivido con ellos sus miedos, sus amores, sus rencores e inclusos sus silencios. Sin embargo, con "Mada", un nombre que nunca tendrá rostro, nos despedimos de todos ellos. Y precisamente por esto se vuelven más inmortales. Es más que no conocer sus finales -muchas novelas acaban sin saber al cien por cien cómo acaba todo-, es no saber cómo acabará nada, ninguno de sus miedos ni de sus amores ni de sus rencores ni de sus silencios. Y ahora mismo, una semana después de acabar la lectura, aún me sorprendo pensando en cómo habrá acabado. Como ha dicho Víctor del Árbol "no hay mejor epitafio para una gran escritora que tres puntos suspensivos, ese suspiro melancólico de la puntuación".

Empecé a leer el epílogo de María Paz Ortuño con la esperanza de que desgrane el final que tenía pensado Ana María Matute para Demonios familiares, pero, aunque nada dice sobre esto, es inmejorable. María Paz Ortuño nos explica las duras circunstancias con las que Matute escribió su última obra, su personalidad y su manera de imaginar historias y pasarlas al papel. Un epílogo que nos acerca a ella.

En conclusión, una obra que leí en menos de dos días, pues en sus pocas páginas el lector queda atrapado en el hechizo de las buenas letras, de la voz de cuento, que nos traslada a un sueño nítido y nos desembruja, nos despierta, sin acabar la historia. Y precisamente por este desconocimiento, este misterio que no espera la salida a la venta del siguiente libro de la saga para desvelarse sino que es para siempre, los personajes que han habitado este sueño son más reales, más inmortales.

¿Alguna vez habéis leído alguna obra inacabada?

Viajes con Charley en busca de Estados Unidos, de John Steinbeck

viernes, 12 de diciembre de 2014

"Los tristes son aquellos que desperdician su energía intentando retener, pues sólo pueden sentir amargura por la pérdida y ninguna alegría por la ganancia"
Cuando supe que me iría estudiar cinco meses en California el primer escritor que me vino a la cabeza fue John Steinbeck, el más popular de los Premios Nobel de Literatura. Este estadounidense nació y se crió en Salinas, California, y escribió novelas tan populares domo Las uvas de la ira y La Perla. Me reservé el libro que os traigo yo para leerlo en un road trip, y así lo hice. Hoy os traigo, pues, Viajes con Charley en busca de Estados Unidos, de John Steinbeck.

En 1962, cuando Steinbeck tenía cincuenta y ocho años vivía en Nueva York con su mujer e hijos y ya había alcanzado toda la fama que un escritor puede alcanzar por sus libros impregnados de crítica social. Sin embargo, se dio cuenta de que, confinado en Nueva York y siempre ocupado en algo, había desconectado de Estados Unidos, de su gente. Así pues, compró una autocaravana a la que bautizó como Rocinante -en honor al caballo de Don Quijote- y junto a su perro, un caniche francés llamado Charley, recorre los Estados Unidos. Con este punto de partida empieza un viaje de más de veinte mil kilómetros, durante tres meses, pasando por treinta y cuatro de los cincuenta y uno a través de sus carreteras secundarias, evitando las autopistas, con el único objetivo de volver a conocer su país, volver a conectar con sus gentes.

Debo reconocer que, a pesar de la bonita edición que ofrece Nórdica libros, cogí este libro con el temor de encontrarme con un diario de viaje personal, lectura agradable solo por los más aficionados del escritor Nobel. Sin embargo, el hecho de que cuando se publicó fuera número uno durante unas cuantas semanas en Estados Unidos hizo que me atreviera. Y me ha sorprendido gratamente.

Y es que sí, es la historia de un viaje. Pero el autor sabe seleccionar lo que nos va a interesar y lo que no. No cuenta día a día su avance a través de la carretera, sino que va narrando anécdotas destacables que le inspiraban reflexiones sobre todo tipo de cuestiones. Steinbeck, experto comunicador, narra su experiencia a través de un lenguaje sencillo, agradable y ameno y, junto a él, el lector será testigo de los paisajes cambiantes, de cómo la gente cambia de un estado a otro, de las virtudes y los defectos de este complejo país.


Charley desde que empieza el viaje adquiere importancia. El autor lo cuida y lo trata como si fuera un compañero de viaje humano y tiene mucho en cuenta sus hipotéticos juicios. Steinbeck no duda en compartir con el lector las incomodidades de estar tres meses en la carretera a su edad y la soledad que sufre al estar lejos de su mujer y los suyos. Contado así uno podría pensar que el viaje fue un fracaso, que ya no tenía edad para una experiencia así, que el libro habría sido espléndido si lo hubiera hecho de joven y sin cadenas.

Nada más lejos de la verdad, Viajes con Charley en busca de Estados Unidos se presenta como una narración madura y transparente de un hombre prudente pero decidido, que comenta, sin poder evitar caer en cierta nostalgia inconsciente, los muchos cambios que ha sufrido su país en los últimos años: los caminos que se convierten en autopistas, los pueblos que se convierten en ciudades, las minorías étnicas que luchan por sus derechos despertando las hostilidades de las mayorías... A través de sus reflexiones espléndidas e incomparables, cuando el lector llega al atardecer del relato, se queda con el retrato de un país cambiante, de una sociedad que no duerme, compleja y heterogénea.

En conclusión, no estamos ante una novela sino ante una narración de la experiencia real de John Steinbeck durante un largo viaje por su país. No, tampoco es un libro de viajes, pues no se centra en el recorrido propiamente, sino en lo que deriva de él. En fin, un libro para conocer al Steinbeck más diáfano y su visión de los Estados Unidos de esa época.

¿Cuál es vuestro libro de viaje favorito?

En el café de la juventud perdida, de Patrick Modiano

martes, 9 de diciembre de 2014

"Aún hoy me sucede a veces: oigo, por la noche, una voz que, por la calle, me llama por mi nombre. Una voz ronca. Arrastra un poco las sílabas y la reconozco enseguida… Me doy la vuelta, pero no hay nadie. Y no sólo me pasa por las noches, sino también en las horas bajas de esas tardes de verano en que ya no sabe uno muy bien en qué año está. Todo va a volver a empezar, igual que era antes. Los mismos días, las mismas noches, los mismos lugares, los mismos encuentros. El Eterno Retorno."
Este blog ha visto a dos escritores convertirse en Premio Nobel de Literatura. La primera fue Alice Munro, maestra de los cuentos. Cuando me enteré organicé un reto, me informé de sus obras y dediqué un invierno a leer varios de sus libros (Demasiada felicidad, Secretos a voces, Mi vida querida, Amistad de juventud y La vida de las mujeres). La academia sueca no me decepcionó, realmente Alice Munro me encantó, y aún ahora en la estantería me esperan varias de sus obras. Me lo pasé tan bien que decidí repetir con el próximo elegido, y lo he hecho. Cuando salió nombrado el francés Patrick Modiano volví a organizar un reto (muchas gracias a todos los participantes, a los que queráis podéis apuntaros aquí). Hoy os traigo el primer libro que he leído para el reto Nobel que organiza este mismo blog, En el café de la juventud perdida, de Patrick Modiano.

París, principios de los sesenta. Desde la primera página el lector se da cuenta de que toda la historia gira alrededor de un escenario y una persona: el café Condé y una misteriosa mujer a la que llaman Louki, aunque no es su verdadero nombre. Esta cafetería parisina es el punto de encuentro de la bohemia literaria y universitaria, de personas que buscan olvidarse de su vida real por un rato. De entre los personajes habituales del café Condé destaca Louki, silencioso y discreto imán, atrae la atención del grupo desde que entra por primera vez en la cafetería y el mundo se detiene cuando, de un día para otro, deja de acudir a las reuniones. Desaparece tal y como apareció; de una forma repentina.

El eje central es Louki y toda la novela -y el lector con ella- da vueltas a su alrededor como la Tierra al Sol. En cada capítulo un punto de vista diferente, un narrador atraído por la luz dulce y extraña de esta misteriosa mujer nos cuenta lo que sabe de ella y la obsesión de lo que se quedan sin saber. Cada narrador ve aterrizar a Louki en su vida como un tornado, desordenándolo todo, imprevisible y escurridiza, imposible de atrapar, la siguen un tiempo y, por decisión propia o no, acaban por perder su pista y, sin su luz, sus vidas vuelven a la amarga y aburrida realidad. Cuantifican los daños y, pasado mucho tiempo, cuando hace tiempo que han perdido la juventud y el tiempo ha cubierto esas heridas con su manto opaco, rememoran a Louki y nos traen esta historia excepcional.


Poco a poco, de narrador a narrador, vamos encajando las piezas, porque las lagunas de uno las rellena el otro y viceversa. Y este es el mayor logro de esta novela, la forma de narrarla convierte a Louki en una hermosa leyenda, una estrella fugaz e inalcanzable de una forma estable, y por esto tiene toda la atención del lector de la primera a la última página. Los que seguís mi blog sabréis de la importancia que le doy a los finales y el de esta novela cumple con creces. Inesperado e intenso, uno no comprende que no podía acabar de otra forma hasta que no ha acabado de leer el libro.

Es una novela muy corta, pero esto no la convierte en una lectura fácil. Más bien al revés, es corta pero muy intensa. Dar tanta información en tan pocas páginas a veces puede perder al lector, y esto fue precisamente lo que me pasó a mí. La gran cantidad de personajes que aparecen con una velocidad extraordinaria hizo que solo pudiera disfrutar de una mitad de la novela, porque con la otra me había hecho un lío de nombres y nunca sabía quien era el que hablaba ni de quien hablaba, excepto Louki y un par que se me quedaron. Esto puede llegar a hacer difícil y pesada una lectura. Quizás la historia exigía más páginas.

Otro elemento que no me acabó de agradar es el interés desmesurado que demuestra el autor por la ciudad de París. Me ha gustado que nombrara calles y lugares no famosos que frecuentaba la bohemia en ese momento, pero en ocasiones se excedía y me hacía desconectar de la narración. No tanto cuando venía del narrador -pues pasado el tiempo se vuelve comprensible y creíble que repase el París de ese momento con la nostalgia de quien se hace viejo- pero cuando el interés provenía de los personajes en su juventud sencillamente no me encajaba.

En conclusión, de este libro me quedo con el personaje principal, Louki, la forma que eligió Patrick Modiano de acercarse a ella y el final. Sin embargo, la gran cantidad de personajes aparecen como pelotas de tenis dirigidas al lector, que no tiene tiempo de alcanzarlas todas, y la pasión de algunos personajes por los barrios de París pasó en momentos a ser una obsesión poco creíble, en mi opinión. Seguiré con el autor porque mentiría si dijera que no he disfrutado con esta lectura, pero tampoco puedo afirmar que ha sido una novela redonda.

¿Habéis leído algún libro de Patrick Modiano? ¿Cuál? ¿Os gustó?

Goat Mountain, de David Vann

jueves, 4 de diciembre de 2014

"Contuve la respiración al tiempo que mi mano se tensaba sobre la culata. La cruz del retículo flotando justo en medio de las lentes. Yo clavado en el tiempo con aquel hombre, fijado en la propia inmovilidad del instante. El aire expulsado despacio, con cuidado, tal como me habían enseñado, y luego presionar lentamente el gatillo. El pensamiento no intervino, de eso estoy seguro. Fue todo cosa de mi carácter, de cómo soy yo, más allá de todo entendimiento".
Hay libros que desgarran, que penetran en lo más profundo del ser humano para hacernos descubrir su lado más oscuro. Una especie de morbosidad, de atracción hacia lo prohibido, nos atrae a conocer estas historias. Libros como Ánima de Wajdi Mouawad, Hijo de Dios de Cormac McCarthy o El pájaro pintado y Pasos de Jerzy Kosinski son solo ejemplos de relatos con narradores fríos que relatan una historia sin censura que consigue poner los pelos de punta al lector. Hoy os traigo uno de estos libros; Goat Mountain, de David Vann.

Nos situamos en el boscoso norte de California. Conocemos a una grupo formado por una familia (un niño, un padre y un abuelo) y el mejor amigo del padre, Tom, cuya tradición es ir una vez al año a cazar ciervos en un terreno privado. A pesar de que el niño tiene solo once años el abuelo y el padre deciden que ya tiene edad suficiente como para convertirse en hombre, es decir, para participar por primera vez en una cacería. Al llegar encuentran a un cazador que se ha colado en sus tierras. El padre le da a su hijo el rifle para que pueda observarlo a través de la mira y en ese momento el niño aprieta el gatillo, acabando con la vida del furtivo y cambiando la suya y la de todos los componentes del grupo para siempre.


Estamos ante uno de esos libros que no dejan indiferente, de los que busca impresionar y horrorizar al lector, y lo consigue con creces. Lo que más me gustó fue el estilo del narrador protagonista, el niño de once años que ya adulto rememora el accidente que cambió su vida. Lejos de intentar dar un relato objetivo de lo que pasó reflexiona constantemente sobre los hechos que narra, los compara con fragmentos de la Biblia, aún trata de comprenderlo con la vista panorámica que le aporta el paso de los años. Este punto de vista radicalmente subjetivo se ve acentuado cuando no conocemos los nombres de ninguno de los personajes (excepto Tom), un detalle que me encantó y me recordó a La carretera de Cormac McCarthy.

La historia avanza a través de frases cortas, precisas y afiladas como cuchillos. Frases sin verbo que dan al lector un flash, una imagen, una sensación. La frialdad, la inseguridad y el miedo que se respira en el grupo se traslada al estilo. El resentimiento hacia el culpable, la decisión de qué hacer con el cadáver y con sus vidas de ahora en adelante. El autor sabe transmitir la tensión, el temor, la oscuridad del lado salvaje del ser humano con una naturalidad que estremece y fascina a la vez.

Cada capítulo (sin título ni número, como tenía que ser en este libro) empieza por una reflexión sobre la Biblia, con la que el narrador parece estar obsesionado. El paisaje adquiere importancia y se denota cierta soledad de la primera a la última página, cada personaje tiene su rol, su manera de pensar y de actuar, chocan entre ellos y todos son imprescindibles para que la historia funcione. Aunque tiene momentos en los que la acción acelera el ritmo de la historia, estamos ante una narración lenta y profunda, cosa que puede no agradar al lector impaciente. Y el final es de los que dejan sin aliento, de los que llegan sin avisar, de los que te abandonan sin piedad.


En conclusión, Goat Mountain es un libro oscuro, tenso y frío que analiza la naturaleza humana a través de un accidente durante una cacería. De narrador, personajes, escenario y final inmejorables, esta obra me ha fascinado y seguirá dentro de mí durante mucho tiempo. No dudaría en recomendarla al lector que esté preparado y le atraigan historias tan duras como esta.

¿Vosotros con qué libro estáis empezando diciembre?

Un viaje a California, de Alexandre Dumas

martes, 2 de diciembre de 2014

"Tenía veinticuatro años, el trabajo escaseaba y en Francia no se hablaba de otra cosa que de las riquísimas minas de California."
Cuando me voy de viaje no hay nada que me guste más que explorar la literatura ambientada en el lugar que voy a visitar. Me encanta leer sobre el suelo que voy a pisar, los paisajes que voy a admirar, la cultura que voy a conocer, el pasado que desemboca en el presente del que voy a ser testigo. Por eso, cuando supe que tendría la oportunidad de estudiar durante un semestre en California me puse a buscar libros cuya escena fuera este fascinante territorio de la costa oeste de los Estados Unidos. Hoy os traigo Un viaje a California, de Alexandre Dumas.

Lo que más me llamó la atención de este libro es que su autor, famoso por obras como Los tres mosqueteros o El conde Montecristo, escribió sobre California sin haber estado nunca allí. En julio de 1852 Dumas conoció a un joven viajero en un hostal en Montmorency (Francia) que acababa de llegar después de haber estado trabajando en California durante unos años. Y de su conversación y su diario de viaje nació este libro.

Un viaje a California narra en primera persona las aventuras y desventuras de un francés que, como muchos en aquella época, se embarcaron hacia California en busca de oro. Se trata de un libro corto, con algo más de ciento cincuenta páginas. En el prólogo el autor nos explica el origen de la obra y da un contexto histórico y a través del relato conoceremos este territorio durante los tiempos de la Fiebre de Oro, la California recién adquirida por los Estados Unidos de México. Un territorio caótico, rico e indómito. Una época asombrosa, unos años de cambio extraordinario. Y esto es lo que más me ha gustado de este libro. Ha sido un placer visitar San Francisco con la sensación de haber estado allí en sus orígenes o explorar Sierra Nevada con el recuerdo de una tierra salvaje cuyas rutas eran extremadamente peligrosas debido a los lobos, pumas y osos. 


Aún así, si queréis leer una novela de ficción este no es vuestro libro. Aunque hay en él el toque mágico de Alexandre Dumas que impregna la historia de emoción, vértigo y aventura, no deja de ser un diario de viaje que se ajusta a la realidad del viajante que conoció el autor. No hay introducción, nudo y desenlace propiamente. Se trata de un relato lineal que cuenta la experiencia del protagonista. No encontraréis ningún giro inesperado, la obra adopta un tono de anécdota.

En conclusión, recomendaría este libro a alguien que sienta curiosidad por la época de la Fiebre de Oro que ha dado a California el apodo de Golden State (Estado Dorado) o a algún lector que vaya allí de viaje. El estilo engancha, pero el contenido no está a la altura para el lector que busque los elementos de una novela de ficción.