El general en su laberinto, de Gabriel García Márquez


"José Palacios, su servidor más antiguo, lo encontró flotando en las aguas depurativas de la bañera, desnudo y con los ojos abiertos, y creyó que se había ahogado. Sabía que ése era uno de sus muchos modos de meditar, pero el estado de éxtasis en que yacía a la deriva parecía de alguien que ya no era de este mundo. No se atrevió a acercarse, sino que lo llamó con voz sorda de acuerdo con la orden de despertarlo antes de las cinco para viajar con las primeras luces. El general emergió del hechizo, y vio en la penumbra los ojos azules y diáfanos, el cabello encrespado de color de ardilla, la majestad impávida de su mayordomo de todos los días sosteniendo en la mano el pocillo con la infusión de amapolas con goma. El general se agarró sin fuerzas de las asas de la bañera, y surgió de entre las aguas medicinales con un ímpetu de delfín que no era de esperar en un cuerpo tan desmedrado.«Vamonós», dijo. «Volando, que aquí no nos quiere nadie»."

De García Márquez, mi escritor favorito, me quedan muy pocas novelas para acabar su bibliografía. Me guardo las obras que me quedan por leer para más adelante, me resisto a ellas todo lo que puedo para poderlas disfrutar al máximo, me da miedo la sensación de haber leído todos sus libros para siempre. Sin embargo, cuando en un programa que ofrece la universidad sobre cooperación en América Latina encontré el título del libro que os traigo hoy en la lista de lecturas sobre la región que nos repartieron (de la que teníamos que elegir por lo menos una para comentarla), no lo dudé ni un momento. Hoy os traigo El general en su laberinto, de Gabriel García Márquez. 

Simón Bolívar en sus años de gloria.
En esta novela Gabo nos sitúa en la Colombia caótica del primer cuarto del siglo XIX, lejos de las fértiles y mágicas tierras de Macondo. El Nobel de la Literatura aprovechó la idea que le dio el escritor Álvaro Mutis, a quien está dedicado el libro, para novelar los últimos días de Simón Bolívar, en que ascendió el río Magdalena hasta Cartagena, viaje del que hay muy poca documentación en contraste al resto de la vida del Libertador.

Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Ponte Palacios y Blanco fue quien liberó Perú, Nueva Granada y Venezuela del Reino de España y el fundador de las actuales Colombia y Bolivia. Fue un personaje histórico controvertido, tal y como lo son todas las personas realmente importantes en la Historia. Fue alabado por sus logros militares pero criticado por su ulterior gestión militar y oligarca (uno de sus más fervientes críticos fue Karl Marx).

Los libros de Historia tienden a resumir la biografía de sus actores reduciéndose a los hechos objetivos, la ideología política o sus aportaciones a la sociedad. Un resumen frío que deshumaniza a personajes como Cristóbal Colón, Napoleón Bonaparte o, en este caso, Simón Bolívar. Lo que hace Gabriel García Márquez es acercarse a él de una forma íntima, seguirlo después de sus discursos y encuentros políticos aprovechando su longeva endeblez. Estamos ante un híbrido entre novela de ficción e histórica.

El relato arranca el 8 de mayo de 1830, cuando Bolívar (o tal y como se le llama genéricamente en el libro, el General) dimite como Presidente de la Gran Colombia y dispone todo lo necesario para enfilar el río Magdalena hasta Cartagena de Indias para embarcar después hacia Europa. Nos acercamos a un Bolívar anciano, extenuado, derrotado y nostálgico de su antigua gloria y popularidad. La población de los territorios liberados, que antaño adulaban al General, hoy le tiran basura cuando lo ven, lo difaman en las paredes de la ciudad y se rebelan en armas casi periódicamente en su contra.

En un principio, debido a los antecedentes, nadie lo cree cuando Bolívar anuncia una vez más su partida pero, aunque con ciertos retrasos, acaba por cumplir su palabra. Así, al ritmo que su salud inestable le permite, emprende una travesía en barco pasando por poblaciones tales como Honda, Mompox, Barranca Nueva o Turbaco antes de llegar a Cartagena. Sus  evocaciones al pasado, llena de victorias, éxito y soberbios banquetes, son constantes y el contraste con su indigno presente me recordó al protagonista de El coronel no tiene quien le escriba, del mismo autor.
El Simón Bolívar que conocemos
en El general en su laberinto.

Haciéndose valor de un trabajo de documentación impresionante, Gabriel García Márquez nos presenta la cara más profunda de la figura del Libertador, pero además no se detiene aquí, sino que también entra en otros personajes muy afines a él que no se hallan en los libros de Historia. Por un lado tenemos a José Palacios, su fiel esclavo manumitido, la persona que tenía más acceso a él y que comprende su personalidad voluble, “lo que mi señor piensa, sólo mi señor lo sabe”. Por otro lado, también conocemos a Manuela Sáenz, una mujer astuta, valiente, apasionada e indómita, amante del General y, aunque por deseo de éste no lo acompañaba en sus campañas, fue ciegamente leal a él, tanto de sentimiento como en ideología, hasta el día de su muerte.

Aunque no aparece materialmente en la novela, Francisco de Paula Santander brilla por su silencio amenazador. Exiliado en Francia después de intentar asesinar a Bolívar, pasó de ser uno de sus hombres de más confianza (el Libertador le encargó la presidencia de Nueva Granada) a su máximo adversario o enemigo. A este personaje que se presenta como un peligro creciente, le contrasta el Mariscal Antonio José de Sucre, que encarna el apoyo y fidelidad al General. Me llamó muchísimo la atención que el objetivo último de Simón Bolívar fuera remediar las divisiones y unir Sudamérica en una sola nación, la que sería, según él, el país más poderoso del mundo.

En 1830 España tan solo mantenía en América las colonias de Cuba y Puerto Rico. Antes de que Simón Bolívar liberara los territorios que hoy componen Colombia, Venezuela, Perú y Bolivia los españoles habían explotado las tierras y la población sin piedad alguna, y este es, de hecho, el origen de la desigualdad y la violencia que aún hoy afligen estos países. Se puede percibir a lo largo de los recuerdos de Simón Bolívar la ilusión de todos los pueblos unidos para independizarse de los colonizadores, las celebraciones sin tregua para inaugurar un futuro que se presentaba brillante. Sin embargo, también aparece la decepción posterior a este éxtasis debido a los problemas internos y a los heredados de la explotación colonial. García Márquez retrata a la perfección la soberbia europea a la hora de dar lecciones a la agotada América Latina en una conversación entre Bolívar y un francés:

«El señor Constant, como buen francés, es un fanático de los intereses absolutos», dijo el General. «En cambio el abate Pradt dijo lo único lúcido de esa polémica, cuando señaló que la política depende de dónde se hace y cuándo se hace. Durante la guerra a muerte yo mismo di la orden de ejecutar a ochocientos prisioneros españoles en un solo día, inclusive a los enfermos en el hospital de La Guayra. Hoy, en circunstancias iguales, no me temblaría la voz para volver a darla, y los europeos no tendrían autoridad moral para reprochármelo, pues si una historia está anegada de sangre, de indignidades, de injusticias, ésa es la historia de Europa». 

A medida que se adentraba en el análisis iba atizando su propia furia, en el gran silencio que pareció ocupar el pueblo entero. El francés, abrumado, trató de interrumpirlo, pero él lo inmovilizó con un gesto de la mano. El general evocó las matanzas horrorosas de la historia europea. La Noche de San Bartolomé el número de muertos pasó de dos mil en diez horas. En el esplendor del Renacimiento doce mil mercenarios a sueldo de los ejércitos imperiales saquearon y devastaron a Roma y pasaron a cuchillo a ocho mil de sus habitantes. Y la apoteosis: Iván IV, el zar de todas las Rusias, bien llamado El Terrible, exterminó a toda la población de las ciudades intermedias entre Moscú y Novgorod, y en ésta hizo masacrar en un solo asalto a sus veinte mil habitantes, por la simple sospecha de que había una conjura contra él. 

«Así que no nos hagan más el favor de decirnos lo que debemos hacer», concluyó. «No traten de enseñarnos cómo debernos ser, no traten de que seamos iguales a ustedes, no pretendan que hagamos bien en veinte años lo que ustedes han hecho tan mal en dos mil». «¡Por favor, carajos, déjennos hacer tranquilos nuestra Edad Media!».

La muerte de Simón Bolívar, protagonista de El general en su laberinto.
También se refleja en esta novela uno de los problemas que comentamos en el curso de mi universidad sobre cooperación en América Latina; la inestabilidad política. A lo largo del último viaje de Simón Bolívar hacia Cartagena y su espera allí, con la excusa de estar esperando un pasaporte del nuevo gobierno, se hacen patente los conflictos políticos que se materializan en continuas revueltas, guerras civiles y sucesiones en el cargo de presidente. García Márquez lo ilustra poniendo en boca de un desilusionado Simón Bolívar:

“La América es ingobernable, el que sirve una revolución ara en el mar, este país caerá sin remedio en manos de la multitud desenfrenada para pasar después a tiranuelos casi imperceptibles de todos los colores y razas”.

Es completamente imposible tirar hacia delante un país con tal inestabilidad, y este problema no ha desaparecido del todo hoy. Desde 1991 en América Latina diecisiete presidentes han dejado su cargo antes de tiempo. Bolivia y Ecuador son los que han registrado mayor inestabilidad (de estos diecisiete, seis corresponden solo a estos dos). Esto sin duda supone un obstáculo importante para el crecimiento económico. Sin embargo, hay motivos para tener esperanza; Evo Morales lleva ya casi diez años siendo presidente de Bolivia. También representa la inestabilidad política que, aunque en menor grado, aún perdura hoy en América Latina, la conversación entre Bolívar e Iturbide:

“La vaina es que dejamos de ser españoles y luego hemos ido de aquí para allá, en países que cambian tanto de nombres y de gobiernos de un día para el otro, que ya no sabemos ni de dónde carajos somos”.

No obstante, y ya que la figura principal de la novela es Simón Bolívar, no puedo obviar en lo que pretende ser una explicación de lo que dilucidé en la novela como origen de la América Latina de hoy, la poderosa presencia del Libertador en la política de Sudamérica actual. Como personaje histórico idolatrado, entre otros, el fallecido presidente de Venezuela Hugo Chávez (con Nicolás Maduro como sucesor) ganó las elecciones proclamándose bolivariano.

El bolivarianismo es una corriente de pensamiento político basada en la vida y obra de Simón Bolívar y se ha convertido en cuestión de culto en Bolivia, Colombia, Perú, Ecuador, Panamá y Venezuela. Aunque, a mi parecer, pervertido por el desgaste del uso demagogo de los líderes políticos, la esencia del bolivarianismo se basa en el fin último del Libertador: la unión de los pueblos sudamericanos en una gran república. El mismo Simón Bolívar proclamó: “Divididos seremos más débiles, menos respetados de los enemigos y neutrales. La unión bajo un solo gobierno supremo, hará nuestras fuerzas y nos hará formidables a todos”.

En conclusión, aunque a nivel narrativo y de contenido literario no es la novela de Gabriel García Márquez que más me ha gustado, se refleja a la perfección una América Latina dividida, enfrontada e inestable. Una nación que se despierta del éxtasis de la independencia y empieza a dilucidar sus problemas internos (en parte herencia de los horrores del colonialismo). Además, brinda la oportunidad de acercarte a una figura tan misteriosa, singular y contradictoria como es Simón Bolívar: humilde y altanero, patriota y envidioso de otras patrias, risueño y nostálgico, soñador y melancólico, apasionado y voluble; un paradigma del carácter de América Latina.

“Carajos”, suspiró. “¡Cómo voy a salir de este laberinto!”



(Esta reseña, como habréis notado, ha sido diferente de las que suelo hacer, y es que, aunque adaptado, es el comentario de texto que he entregado en el seminario de Cooperación de América Latina y busca relacionar el libro elegido con lo estudiado en dicho curso. Aprecio muchísimo vuestra opinión -especialmente de los trotalibros que sois de allí- sobre "el laberinto" en el que se halla Latinoamérica, su problemática social, económica y política.)


Comentarios

  1. Como creo que ya te dije una vez... Gabo y yo nos llevamos FATAL
    He leído 4 libros suyos, y si te digo la verdad: a cual peor
    ufff no soporto esa manera cadenciosa, los argumentos, el estilo.. somos contrarios x)
    así que dudo que lea este, pero una vez más la foto es muuuy chula
    un beesito

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  2. Pues me pasa como a Neus, no tengo buenas relaciones con el autor...
    Besos.

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  3. ¡Hola!
    Gabriel García Márquez es también mi escritor favorito (cosa de mi madre que desde pequeña me ha instado a leerle). Y también estoy leyendo toda su obra. Ésta novela en concreto no es de mis favoritas, pero me si me gustó y no me decepcionó.
    Además comentarte que estamos montando un grupo de WhatsApp para bloggers catalanes, por si te interesa :D
    Besos y felicidades por la entrada tan completa.
    Besos!

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  4. Este libro lleva mucho tiempo en mi estantería esperando. Me encanta García Márquez, pero, quizás por su temática, no termino de animarme con este libro. Ahora me das un empujoncito.
    Besotes!!!

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  5. es de los que voy a leer porque gabo es mucho y para el reportaje y la novela historica no tiene igual.

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  6. García Márquez y yo no nos llevamos del todo bien. Si bien Crónica de una muerte anunciada me pareció un ejercicio narrativo espléndido, no pude con El coronel no tiene quien le escriba y abandoné El amor en los tiempos del cólera. Es un escritor con el que no caso, qué le vamos a hacer.

    Un abrazote.

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  7. Éste no lo he leído y no es de los que más me llaman: creo que mi próxima lectura de Gabo será Noticia de un secuestro. Este autor me encanta, así que poco puedo decir sobre sus obras: aunque no sea la mejor narrativamente, seguro que aporta mucho en cuanto a historia y pensamiento. 1beso!

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  8. Pues como la señorita Neus nos dice arriba, yo me llevo igual de mal o peor que ella con Gabriel. Y es que su narración no logra atraparme del todo, los hechos que cuenta me parecen repetitivos en la mayoría de sus libros, sólo que con nombres distintos y escenarios diferentes.

    No sé, tal vez mi mente este muy cerrada o algo parecido, pero no consigue atraparme.


    Con tu opinión me he dado un poco a la idea de lo que va este libro y aunque no rechazo la idea de leer este algún día por el momento lo dejaré pasar.


    Saludos.

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  9. Cómo se nota que te gusta, yo sí que tengo pendientes de él, así que este va a la cola :-) Un beso!

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  10. Hooola, ¡adoro tus fotos!*-*
    Aún no he leído ningún libro del autor, ¿cual es tu libro favorito? :3
    En cuanto a "El general en su laberinto" no me llama del todo, ya que el tema histórico y sobre todo político no me atraen. Admiro a la gente que le interesa, mucho. XD

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  11. Me ha encantado tu reseña. Ésta es una de mis novelas favoritas de Gabriel.
    Un saludo.

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  12. Tengo que volver a leer al autor, aunque cataré otro =)

    Besotes

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  13. Estoy leyendolo, casi terminandolo y estoy tan comprometida con su relato que me puse a investigar más sobre la vida de este prócer. Soy argentina y aunque nuestro libertador fue San Martín, las ideas bolivarianas han calado profundamente en toda latinoamérica con las presidencias de Evo Morales, Chavez, Lula y Kirchner. De ahí mi fascinación por las convicciones de un personaje que como vos bien decís fue muy controversial, pero con una idea que no creo se vaya a desvanecer.
    El colonialismo caló muy profundo en nuestras raíces implementando en nuestras sociedades heterogeneidades que a veces agradecemos y a veces padecemos. Somos países muy jóvenes, con mucho que aprender y tropezar. Lo que para el General eran las narices de los europeos, ahora son las colas de los organismos financieros internacionales. Déjenos hacer nuestra Modernidad en paz!

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