Leyendas de Guatemala, de Miguel Ángel Asturias

miércoles, 7 de octubre de 2015



«A su turno partieron pregoneros anunciando a los cuatro vientos que la guerra había concluido en todos los dominios de los señores de Atitlán. 
Y ya fue noche de mercado. El lago se cubrió de luces. Iban y venían las barcas de los comerciantes, alumbradas como estrellas. Barcas de vendedores de frutas. Barcas de vendedores de vestidos y calzas. Barcas de vendedores de jadeítas, esmeraldas, perlas, polvo de oro, cálamos de pluma llenos de aguas aromáticas, brazaletes de caña blanca. Barcas de vendedores de miel, chile verde y en polvo, sal y copales preciosos. Barcas de vendedores de tintes y plumajería. Barcas de vendedores de trementina, hojas y raíces medicinales. Barcas de vendedores de gallinas. Barcas de vendedores de cuerdas de maguey, zibaque para esteras, pita para hondas, ocote rajado, vajilla de barro pequeña y grande, cueros curtidos y sin curtir, jícaras y máscaras de morro. Barcas de vendedores de guacamayos, loros, cocos, resina fresca y ayotes de muy gentiles pepitas...»


Solo hace falta escuchar el discurso que hizo Gabriel García Márquez en el Premio Nobel para darse cuenta que Latino América es un lugar legendario y mágico. Cuando llegué a Guatemala no tardé en percatarme de la magia que impregnaba el hermoso lago Atitlán. Esto les viene de la era prehispánica, de una sociedad tan antigua y extraordinaria como la maya. Decían que una parte del lago Atitlán no tiene fondo, decían que era el ombligo del mundo, la puerta hacia otros lugares. Decían que los árboles crecen del aliento de los hombres fallecidos y enterrados. Hoy os traigo Leyendas de Guatemala, de Miguel Ángel Asturias.

El corto libro empieza con una introducción dividida en dos. En primer lugar Guatemala hace una especie de viaje por todos los lugares del país de una manera muy simbólica y mitológica, haciendo ver que todas las nuevas ciudades están construidas encima de antiguas, cuyas costumbres no han muerto, sino que se combinan en una especie de sincretismo con las nuevas tradiciones. También nos presenta al Cuco de los Sueños, que teje las historias y las leyendas. La segunda parte, Ahora que me acuerdo, conocemos al que será el narrador de las leyendas, Cuero de Oro. Un texto difícil de comprender, pues el estilo del autor se vuelve algo surrealista.

La primera leyenda es la Leyenda del volcán, que relata el origen del pueblo de Guatemala que surgió del agua y el contraste entre los antiguos dioses -representados por Cabracán y Huracán- y los nuevos -importados por los colonizadores-. En la Leyenda del Cadejo conocemos a una hermosa monja, Elvira de San Francisco, cuya trenza incita la excitación de los hombres. Cuando la mortifican, le cortan su trenza y esta se convierte en una serpiente que envía a los hombres al infierno. En la Leyenda de la Tatuana vemos como para emprender el camino negro del árbol-sacerdote, que lleva al inframundo Xibalbá, se debe intercambiar parte del alma con el comerciante de joyas de incalculable valor, quien lo utiliza para adquirir la más bella esclava, que escapa dibujando un barco en la pared de su prisión.

Aquí vienen dos de las leyendas que más me gustaron. En primer lugar la Leyenda del Sombrerón nos narra cómo el demonio -que en la tradición mesoamericana lo llaman Sombrerón- se mete dentro de una pelota que rebota por la ventana de la celda del protagonista, un monje, y este queda cautivado por ella. Siente devoción por la pelota, se queda todo el día jugando con ella. En cierto modo me recordó a la atracción y dependencia que causa el Anillo de Poder en El Señor de los Anillos -encajad tal comparación-. Sin embargo, la leyenda que sin duda me ha conquistado más es la Leyenda del tesoro del Lugar Florido, que se desarrolla en las tierras del lago Atitlán. Esta leyenda se sitúa justo en el momento en el que los conquistadores españoles llegan a dicho territorio. Los indígenas se encuentran celebrando el fin de la guerra entre los señores del Atitlán cuando los españoles se acercan para saquear la rica ciudad. Los sacerdotes mayas declaman oraciones rituales al volcán y, cuando las tribus huyen hacia el lago para protegerse contra la invasión, abandonando sus tesoros, el volcán entra en erupción y entierra la ciudad junto a sus riquezas. Aunque no lo dice en el libro de Asturias se dice que la ciudad, junto a su tesoro, saldrá del Cerro de Oro, cuando los ladinos hayan abandonado Guatemala. Es curioso, porque cuando iba en barca por el lago Atitlán y veía el pequeño monte del Cerro de Oro me pasó por la cabeza el pensamiento de que parecía estar en un enclave de una ciudad, sin saber absolutamente nada de la leyenda.

La leyenda de Los brujos de la tormenta primaveral recrea el Apocalipsis de Juan mezclando las creencias religiosas cristianas con las ideas mayas. Así conocemos a Juan Poye, quien es el hombre-río que castiga a los humanos que actúan con crueldad convirtiendo el río, fuente de vida, en un castigo letal. Por último, ocupando más de la mitad del libro, está la leyenda más diferente del libro, Cuculcán, escrita como una obra de teatro -separado en escenas-, recrea la leyenda maya de la Serpiente Emplumada. Sinceramente no la disfruté mucho porque no la acabé de entender.

En conclusión, la clave de estas leyendas no es su contenido, sino la manera en que se encuentran narrados. Con un estilo rozando lo mitológico, son realmente una perla de la literatura. A veces difíciles de entender porque se mueven demasiado en creencias mayas que me son ajenas y en un lenguaje surrealista y muy simbólico. Hay leyendas que las he releído y releído de lo que me han llegado a gustar -Leyenda del tesoro del Lugar Florido- y otras que no he sabido entender del todo -la del Volcán o Cuculcán- pero la impresión final es sumamente positiva. La cultura guatemalteca es sencillamente apasionante.

Fotografía tomada en el lago Atitlán. A la izquierda del libro hay dos grandes volcanes, uno tras otro. El de detrás es el Atitlán, y el de delante Tulimán. Si mirais bien, delante del Tulimán y rozando las aguas del lago hay otro monte, mucho más bajo; es el Cerro de Oro, donde se halla enterrada una ciudad llena de tesoros.


5 comentarios :

  1. Siempre me he sentido muy atraído por la cultura prehispánica. Incas, mayas y aztecas tienen algo, a ojos de un europeo, como de otro mundo. Qué privilegio poder leer el libro en los escenarios naturales donde se engendró. Me lo anoto y no tardará en caer en mis manos.
    Un saludo.

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  2. Pues no he leído nada del autor, pero ya me lo apunté cuando vi que hablabas de él
    a ver si me animo pronto
    un beesote

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  3. Coincido contigo. Son difíciles de entender alguna de estas leyendas, sobre todo si no conocemos nada de esta cultura, pero tiene algo que gusta, tiene algo que hace que sigas leyendo y disfrutando de cada historia.
    Besotes!!!

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  4. Este tipo de lecturas parece que no se disfrutan del todo si antes no conoces bien la cultura guatemalteca, que sí que debe ser muy curiosa.
    Por si te interesa, el último libro que terminé de leer fue uno autopublicado por una autora que ha viajado a países de latinoamérica (no sé si a Guatemala en concreto, pero supongo que sí por lo bien ambientado que está). La novela es cortita y se llama "Angelina y el Nuevo Mundo". Cuenta las "aventuras" de una niña que emigra de Guatemala a España. Pese a ser autopublicado, la calidad de la prosa es muy buena y el punto de vista interesante.
    Qué suerte que tengas oportunidad de conocer esos lugares...
    ¡Un saludo!

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  5. Pues me gustan bastante este tipo de lecturas, son diferentes y suelen tener su punto =)

    Besotes

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