10 personajes que deberían tener su propio libro (TTT 2)

miércoles, 29 de abril de 2015



Mejor tarde que nunca, que dicen. Y es que el de ayer fue un día tan ajetreado que no tuve ni un momento para escribir el segundo Top Ten Tuesday. Pues bien, recordar que la idea proviene del blog The broke and the bookish, en el que nos propone cada martes hacer una lista sobre un tema en particular. Como este mes era sobre los personajes con característica a elección del consumidor, he decidido hacer un Top Ten Tuesday que se hizo antes de unirme yo a esta costumbre y me hizo gracia: los diez personajes que merecen tener su propio libro. ¡Vamos allá!


1. Jay Gatsby



Sin duda el personaje más complejo, insondable e inolvidable de todos los libros que he leído. Con el narrador siendo testimonio y fijando toda la atención en él -en una novela que lleva su nombre- cualquier diría que ya tiene su propia novela. Cierto, pero ¿y lo que daríamos por leer una novela narrada en primera persona de toda su vida? Vivo con la esperanza de que encuentren por ahí unos papeles extraviados e inéditos de Scott Fitzgerald.

Reseña de El Gran Gatsby, de Scott Fitzgerald.

2. Juli Soleràs


El personaje que, sin ser narrador, es el que llama más la atención de Incerta glòria. Un soldado de la Guerra Civil Española contradictorio, imprevisible y sorprendente. Sería extraordinario poder tener su visión, no solo del conflicto bélico, sino del mundo y de la sociedad. Seguro que saldría una novela increíble de esta idea.

Leer reseña de Incerta glòria, de Joan Sales.


3. Dean Moriarty


"Porque la única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas y entonces se ve estallar una luz azul y todo el mundo suelta un “¡Ahhh!". El paradigma de esta gente es Dean Moriarty, su espíritu libre, voluble, caprichoso e independiente impregna todo el libro de En el camino. Dean Moriarty es, en realidad, Neal Cassady.

Leer reseña de En el camino, de Jack Kerouac.


4. Éponine


Mi personaje favorito de Los Miserables está, a mi parecer, muy desaprovechada en la historia. La hija de una familia egoísta, mezquina y ruin que, aunque en su infancia está exageradamente mimada en relación a Cosette, ya mayor se enamora perdidamente de uno de los protagonistas. Hay muchas partes de su vida que no se narran en la obra maestra de Victor Hugo y ella se merece una novela al menos igual de larga.

Leer reseña de Los Miserables, de Victor Hugo.

5. Kurtz


La cumbre de El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad. Kurtz es un jefe de explotación de marfil que ha obtenido un éxito asombroso sustrayéndolo y ahora ha desaparecido. Ha medida que avanza la narración el personaje brilla por su extraña ausencia, por su fama y, finalmente, por lo que representa; el horror. A los enamorados de esta impresionante novela nos encantaría poder leer su diario o el relato de como lentamente Kurtz se abandona en el corazón de las tinieblas.

Leer El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad.


6. Úrsula Iguaran


Todos los personajes de Cien años de soledad merecen tener una novela para ellos solos pero, si tuviera que elegira a uno, sería el símbolo de la madre indestructible e imparable. En el libro hay momentos que su figura se difumina e incluso hay partes que momentáneamente nos olvidamos que anda por ahí, siempre limpiando e imponiendo orden en la casa. Por eso me encantaría leer una novela centrada en su persona.

Leer Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez.

7. Smeagol


¿Os imagináis poder leer toda la vida de Smeagol (después Gollum)? Desde que nació hasta su caída en el monte del destino. Pues bien, también en esto tengo confianza, en que Christopher Tolkien tenga ese as en la manga y en una buena ocasión decida editarlo.

Leer reseña El Señor de los Anillos 1. La Comunidad del Anillo, de J. R. R. Tolkien.

8. Gandalf


¿Y qué me decís de rellenar las continuas ausencias de Gandalf con una obra que triplique la longitud de la trilogía de El Señor de los Anillos? Y es que todo se desmadra cuando el mago se ausenta, tanto en El Hobbit como en El Señor de los Anillos. Vamos, que J. R. R. Tolkien se dejó mucho trabajo por hacer.

Leer reseña El Señor de los Anillos 2. Las dos torres, de J. R. R. Tolkien.


9. Albus Dumbledore


Siguiendo la estela de Gandalf siempre está el más poderoso de los magos. Cuando en una entrevista J. K. Rowling confesó que Albus Dumbledore era homosexual me di cuenta de que realmente se sabe muy poco de este personaje que es un pilar fundamental en la saga de libros de Harry Potter. Por eso desde aquí animo a J. K. Rowling a escribir su biografía.

10. Denna


Y yo sigo en mis cuarenta. Que a nadie le gusta este personaje de Crónica del asesino de Reyes, que incluso Patrick Rothfuss ha reconocido que le cuesta mucho enfocarla. Pues a mí me gusta, qué queréis que os diga. Su carácter enigmático, sorprendente, casi inalcanzable. Por esto no me disgustaría poder leer su historia (esto sí, una vez acabada la trilogía de una vez por todas, POR FAVOR).


¿Qué os ha parecido? ¿Estáis de acuerdo? ¿Cuál añadiríais vosotros?

Lo que Sant Jordi me ha dejado

domingo, 26 de abril de 2015



El otro día Neus me preguntaba que qué tal el Día del Libro y, pensando como contestarle -y aun con resaca de este día mágico- decidí que la respuesta merecía una entrada. Es tradición en Cataluña que el 23 de abril, los hombres regalen rosas a las mujeres y estas regalen libros a los hombres (aunque en la práctica ha evolucionado: las mujeres reciben una rosa y un libro). Como dijo Ken Follett, esta tradición se tendría que extender a todo el mundo. Es mi día favorito del año. Barcelona se viste de gala con los colores de la bandera catalana, se montan tiendas por todas sus calles llenas de libros, los escritores firman ejemplares... En un día tuve el placer de conocer a Almudena Grandes, Javier Cercas, Javier Marías, Philip Kerr, Dory Sontheimer, David Trueba, María Dueñas, Chufo Lloréns, Miguel Noguera, Xavier Bosch, Jorge Bucay, Milena Busquets, Rosa Montero, Jo Nesbo, Victor del Árbol... ¡e incluso a Federico Moccia! No, no paré, pero tener tantos y tantos libros firmados, dar la mano a tantos y tantos excelentes escritores, poder conversar con ellos aunque sea un momento... Me fui sin conocer a John Banville -que se encontró mal a medio día y abandonó la mesa- ni a Ken Follett -que por la mañana formó una cola kilométrica y por la tarde firmaba en El Corte Inglés, que para que te firmara exigía el tíquet de compra para provar que les habías comprado el libro, cosa que me pareció indignante-. Sin embargo, fue un excelente día, un día redondo.

Pero esto no es todo ni es la razón principal de esta entrada. Os quiero contar qué libros me ha dejado este inmejorable 23 de abril. ¡Allá vamos!


AUTOREGALOS

Sí, aparte de los libros que me han regalado, yo me he comprado algunos. Decidme cómo pasar todo un día entre libros y escritores y no caer en la tentación. Es imposible. No me digáis cual, pero existe una fórmula matemática que confirma que un lector no puede evitar comprarse al menos un libro si se encontraba ayer en Barcelona. Y como yo soy un muy buen lector, me compré dos.


La vieja tigresa o el erotismo de la senectud, de Miguel Noguera

A Miguel Noguera, dibujante, escritor y monologuista lo conocí hace poco por mi prima. Gracias a su recomendación me compré Ultraviolencia -cuya reseña publicaré en breves en este blog- y estuve prácticamente toda la lectura riendo sin parar. Es un humor peculiar, que a casi todo el mundo con quien he compartido sus bromas no le han encontrado la gracia. Sin embargo a mí sus ideas estrafalarias y originales me hacen reír. Como firmaba en Barcelona me compré su último libro que hace menos de una semana que se encuentra en las librerías.
En cada firma hacía un dibujo con alguna idea de las suyas.


Las siete cajas, de Dory Sontheimer. Cuando Fe (de la Llibreria l'Espolsada) dice que un libro se tiene que leer, se lee sin rechistar. Esta es la historia real de Dory -la misma autora del libro- que nació en Barcelona y fue educada en la España de Franco. Su vida cambió cuando, después de fallacer su madre, encuentra en el altillo de su casa siete cajas llena de documentos y fotografías que le revelan el origen real de su familia. Huyeron del nazismo alemán olvidando su pasado, su idioma, su hogar, su identidad para sobrevivir. También tuve la oportunidad de que la autora me lo firmara y, sin duda, será una de mis próximas lecturas.



EL REGALO DE ANDREA


El lector del tren de las 6:27h, de Jean-Paul Didierlaurent. Lo que más me ha gustado de este regalo es que Andrea se planta en una librería y es capaz de encontrar un libro que (A) no se halle ya en mi estantería y (B) dejándose guiar por su intuición y lo mucho que conoce mis gustos literarios, seleccione un libro con el que no me había fijado y estaba lejos de comprar... y acierte. Ahora me encuentro leyéndolo y me está encantando. Me asombra lo mucho que me conoce. Esta es la historia de Guylain Vignolles, que trabaja en una fábrica donde se dedica a supervisar la Cosa, la máquina que tortura los libros que nadie quiere leer. Cuando acaba la jornada laboral, Guylain saca de las entrañas de la Cosa las pocas páginas que han sobrevivido a la aniquilación y cada mañana, en el tren de las 6:27, las lee en voz alta.


EL REGALO DE LOS PADRES DE ANDREA


Los hermanos Karamázov, de Fiódor Dostoievski. Con la brillante traducción al catalán del autor de Incerta glòria, Joan Sales, este clásico de la literatura aterriza en mi estantería. Es el primer libro ruso que leeré y la verdad es que le tengo ganas. Es la historia de tres hermanos, uno de ellos asesina a su padre. Así arranca esta historia que abraza a toda la sociedad rusa del momento y que lleva tiempo en mi lista de libros pendientes. 


EL REGALO DE LA EDITORIAL PROA


El gusano de seda, de Robert Galbraith. Aunque intento participar a todos los concursos con los que me cruzo, la verdad es que nunca tengo la suerte de ganar ninguno. Sin embargo, este Sant Jordi, que tenía que ser maravilloso, va y gano un concurso excepcional. ¿El premio? Un ejemplar de El gusano de seda en catalán firmado por el autor la autora. 

Cabe recordar que Robert Galbraith es el pseudónima tras el que se esconde J.K. Rowling, ¡la autora de Harry Potter! Tal y como lo oís, aún no me lo sé creer -aunque una pegatina brillante insiste en ello-: tengo un libro firmado por J.K. Rowling, autora de la saga de libros con la que crecí. No hay palabras... ¡Gracias Proa Editorial!


EL REGALO DE MIS PADRES


Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez. Y como siempre, mis padres llegan con un regalo increíble para el día de Sant Jordi; una primera edición española del que es mi libro favorito: Cien años de soledad. Está en perfectas condiciones y, aunque no es la primera edición sudamericana- se publicó en marzo de 1969, tan solo dos años después. Me encanta la portada, con la E de "soledad" al revés debido a un problema de impresión que afectó a toda la primera edición. Me encanta el olor, me encanta hallarlo luciendo en mi pequeña colección de joyas antiguas. Para mí tener este libro es muy especial.




Como habéis visto, sin duda un Sant Jordi inigualable, tanto por las experiencias vividas como por los regalos recibidos.

¿Qué os parece? ¿Cómo pasásteis vuestro Día del Libro? ¿Cuál os ha gustado más?
(Todas las reseñas de los libros en catalán serán publicadas en el blog entrelletres.cat)

Mendel el de los libros, de Stefan Zweig

viernes, 24 de abril de 2015

"Precisamente yo, que debía saber que los libros solo se escriben para, por encima del propio aliento, unir a los seres humanos, y así defendernos frente al inexorable reverso de la existencia: la fugacidad y el olvido"
Si algo nos gusta a los lectores son los libros que hablan de libros. Buscaba una nueva novela de mi descubrimiento de este año cuando en seguida me fijé en el libro que os traigo hoy por el título. "El de los libros", otra de las novelas cortas de Stefan Zweig (escrita en 1929). Y Zweig es sello de calidad tanto en la narración como -y especialmente- en los personajes. Hoy os traigo Mendel el de los libros, de Stefan Zweig.

La historia arranca cuando empieza a llover en Viena y el narrador se ve obligado a refugiarse en el primer café que encuentra. Una vez dentro, en seguida sabe que ha estado allí antes. Haciendo memoria descubre que efectivamente había estado en este café, que antaño se llamaba Gluck, hace treinta años. Allí conoció a Jakob Mendel.

Jakob Mendel se vuelve en seguida en el epicentro del relato. Jakob era un viejo librero que en su juventud abandonó los estudios para entregarse a su gran pasión: los libros. No tenía local alguno sino que siempre se le podía encontrar absorto en sus lecturas en su mesa del café Gluck. Todo el mundo era conocedor de su sabiduría y los estudiantes lo visitaban cuando buscaban libros sobre cualquier tema, por muy raro que fuera Mendel siempre los encontraba.

El narrador, sorprendido de haber olvidado a Mendel, en seguida se lanza a investigar qué se ha hecho de él. No tarda en descubrir las consecuencias que tuvieron para un personaje tan extraordinario los vientos dementes del siglo XX.

Sesenta y cuatro páginas. Zweig no necesita más que sesenta y cuatro páginas para que un personaje se vuelva inolvidable, para que se vuelva inmortal a través de sus palabras. No necesita más para construir una personalidad tan compleja, increíble e insondable con una precisión y un acierto incomparables. Con este relato uno siente en primera persona las injusticias que las ideologías, las burocracias y las leyes han aplicado a gente inocente.

En conclusión, una historia cuyo personaje principal, Jakob Mendel, no os dejará indiferentes. Otro libro más que viene a asentar mi obsesión por Stefan Zweig. Un relato desgarrador que muestra lo que una sociedad puede llegar a hacer a una persona inofensiva con respecto a sus enfermizos vaivenes.

Mis 10 autores favoritos (Top Ten Tuesday 1)

martes, 21 de abril de 2015


Ya llevo tiempo pensándolo y finalmente me he animado. Nunca he participado en estas tendencias blogger de Book Haul, IMM, etc. Siempre me he limitado a publicar reseñas y puntualmente textos y noticias sobre literatura. Pero he decidido darle un empujón al blog haciéndolo más blog, más personal. Esta sección me ha gustado así que lo voy a probar y ya me diréis vosotros en vuestros comentarios si os gusta o no. En caso de seguir con esto vendría a ser... ¡la primera sección del blog!

Os cuento; se trata de cada martes (ese odioso día en que uno se encuentra abatido por el puñetazo del lunes y ve ante sí el resto de la semana como un monstruo gigante, imbatible, perversamente eterno) publicar una lista top ten sobre el tema que proponga el blog inglés The broke and the bookish, creador de este fenómeno.

Necesario es mencionar que he decidido subir a este tren en un mal momento, ya que incluso la que decide los temas de cada semana ha reconocido ser mala persona en el de esta. Se trata de decir tus diez autores favoritos, tema complejo donde los haya. ¿Según qué criterios determinar cuál es tu escritor favorito? ¿Por su biografía? ¿Por su obra? ¿Por lo que significa para ti? ¿Por su atractivo? En tal caso; ¿atractivo interior o exterior? Llamadme chapuzas o indeciso, pero he decidido realizar la lista teniendo en cuenta todos estos criterios.

10. Roald Dahl


Este no podía faltar a la lista de mis escritores favoritos por lo que significa para mí. Este escritor significa mi infancia, es autor de todos los sueños que tanto me hicieron soñar. Aunque supuso una espina cuando descubrí que en vida fue antisemita, sus cuentos siguen conteniendo para mí una magia y una imaginación que aun hoy despiertan el Peter Pan que vive en mí.



9. Joan Sales


Este escritor ha entrado en la lista a lo kamikaze, por una sola obra, su obra maestra: Incerta glòria. Este editor, que fundó la actual editorial catalana Club de novel·listes y publicó a escritores catalanes tan importantes como Mercè Rodoreda, dedicó toda su vida a escribir este libro. Ferviente defensor de la lengua catalana y republicano luchó en la Guerra Civil Española en el frente de Aragón y, posteriormente, en el de Cataluña. Incerta glòria refleja su experiencia y se considera uno de los libros imprescindibles de la literatura catalana.

Libros de este autor: Incerta glòria (en catalán).


8. John Williams


Con Butcher's Crossing me dejó patidifuso. Con Stoner me cautivó. Parece que este escritor haya pasado a ser un clásico de la literatura en todo el mundo menos en España. De un estilo austero y minimalista que recuerda un poco a McCarthy (o mas bien McCarthy me recordó un poco a él, siento justos por lógica cronológica). Este escritor estadounidense demuestra que menos es más, que la simplicidad no es sencilla. Con tan solo tres libros no digo un disparate cuando afirmo que éste es un maestro de la literatura, pues supo transmitirme infinitamente más que muchos escritores con obras más extensas.

Libros de este autor: Butcher's Crossing y Stoner.


7. John Steinbeck


Descubrí a este escritor de Salinas gracias a los cuatro meses que estuve estudiando de intercambio en California. Viviendo en la tierra que con tanta pasión describe y cuya sociedad con tanto fervor critica me sentía cercano a sus personajes. El que dicen que es el Nobel más popular ha escrito obras tan importantes como Las uvas de la ira o La perla. También de él he leído la curiosa obra de Viajes con Charley. Por lo que he aprendido de él y los buenos momentos que me ha regalado a través de sus letras, tiene más que merecido el puesto número siete.



6. Jerzy Kosinski


Aunque este escritor es más bien desconocido en nuestro país, pues solo sus tres novelas más famosas se pueden hallar actualmente en las librerías españolas, las escenas brutales de El pájaro pintado se han vuelto inolvidables para mí. Tanto su vida como su muerte fueron tan polémicas como su obra, que incluye libros como Pasos o Desde el jardín.

Libros de este autor: El pájaro pintado, Pasos y Desde el jardín.

5. J. R. R. Tolkien


¿Es necesario decir por qué? Tolkien es el arquitecto de la Tierra Media, que me acogió cuando los cuentos de Roald Dahl se me hacían pequeños. Y nunca he acabado de dejar de vivir allí. Sigo enamorado de paisajes como La Comarca o la Montaña Solitaria. Tengo una asignatura pendiente con él, y es que quiero leer el último de la trilogía El Señor de los Anillos y conocer más a fondo esta tierra mágica con El Salmarillon.

Libros de este autor: El Señor de los Anillos I. La comunidad del anillo y El Señor de los Anillos II. Las dos torres.

4. J. K. Rowling


Sí, soy de los que siguen esperando pacientemente la carta de Hogwarts. Me niego a pensar que soy un vulgar muggle. Los que hayáis cotilleado en la pestaña Quien soy entenderéis por qué tiene el puesto número cuatro de esta lista. Quizás no tenga la calidad literaria de grandes escritores como John Steinbeck, pero las aventuras de Harry Potter significan mucho para mí ya que he crecido con ellos.

Libros de este autor: Una vacante imprevista.

3. Stefan Zweig


Sin duda mi descubrimiento de este año 2015. Desde que empecé con Carta de una desconocida no he dejado de leer más y más de sus novelas. Y cuando me las acabé, iré a por sus biografías, y cuando acabe estas a por sus ensayos, y cuando acabe con estos a por su correspondencia. Y es que vale la pena leer todo lo que este escritor tenía la bondad de escribir. La empatía, la profundidad y la intensidad de sus narraciones me parecen insuperables. En poco tiempo ha entrado en mis top three.

Libros de este autor: Carta de una desconocida, Veinticuatro horas en la vida de una mujer y Confusión de sentimientos.

2. Victor Hugo


El maestro del romanticismo francés. Me llamó la atención con Nuestra Señora de París, del que salió la perversión literariamente hablando de la película de Walt Disney El jorobado de Notre Dame. Sin embargo, la obra maestra de Hugo es Los miserables. Me gustó tanto que decidí escribir una breve biografía suya. Tengo pendiente leer algo más de él.

Libros de este autor: Nuestra Señora de París, Los Miserables y biografía.

1. Gabriel García Márquez


No fui inmune a la magia de Macondo, a las palabras del Nobel colombiano. Él es hoy mi escritor favorito, pues me ha conquistado con sus novelas y sus cuentos. Gabo me enseñó una cultura, un mundo, una gente que estaba lejos de conocer. Guardo los pocos libros de él que no he leído como un tesoro, pues temo el día en que acabe de leer la última línea de la última página del último libro suyo que me quede por leer. Aunque, sin duda, voy a releer toda su obra.

Libros de este autor: Cien años de soledadEl amor en los tiempos del cóleraRelato de un náufragoMemoria de mis putas tristesCrónica de una muerte anunciadaOjos de perro azulLos funerales de la Mamá GrandeEl coronel no tiene quien le escribaLa increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmadaDoce cuentos peregrinosLa hojarascaLa aventura de Miguel Littín clandestino en ChileLa mala horaDel amor y otros demoniosYo no vengo a decir un discurso y El general en su laberinto.
*

¡Ufff! ¡Tela! Estoy seguro de que me he dejado a alguien, y es que este primer Top Ten Tuesday sin duda ha sido muy y muy duro. Cabe decir que esta lista cambia continuamente, pues son miles los escritores que me quedan por leer. Estoy en una etapa de mi vida en la que estoy descubriendo poco a poco la literatura clásica, esta lista es la fotografía de este instante.


¿Os ha gustado? ¿Repetimos el martes que viene? ¿Cuál es vuestro top three de escritores?

Verdes colinas de África, de Ernest Hemingway

viernes, 17 de abril de 2015

"Los buenos escritores son destruidos en su país y sus talentos marchitados por exceso de ambición, por los elogios desmedidos, por sus pretensiones de intelectualismo y de superioridad."
Cuando supe que iba a irme a Tanzania de safari con toda mi familia, como buen trotalibros, en seguida me puse a pensar lecturas que se ambientasen en ese paisaje excepcional, esa tierra que ahora, más de una semana después del retorno, permanece en mi memoria con tonos nostálgicos. El primero que encontré fue el del Nobel estadounidense más conocido y popular, que me conquistó con obras tan magníficas como El viejo y el mar o Adiós a las armas. Hoy os traigo Verdes colinas de África, de Ernest Hemingway.

Hay una escena de Midnight in Paris en que Corey Stoll, que interpreta a Ernest Hemingway, mira fijamente al pobre e irresoluto protagonista, Ower Wilson, y sentencia: "Ningún tema es horrible si la historia es veraz. Y si la prosa es limpia y honesta. Y si afirma su valor y elegancia bajo presión." Me acordé de esta escena cuando ya en el prefacio el autor nos advierte de que esta no es una novela normal. Fue una especie de experimento para comprobar si este libro, compuesto exclusivamente de anécdotas reales, con personajes verdaderos y sin insertar ningún decorado emanado de la imaginación, podía competir con una obra de ficción. En Verdes colinas de África Hemingway relata su estancia en Tanzania durante el mes de diciembre de 1933 dedicado a una de sus aficiones más conocidas: la caza mayor.

Como ya habréis deducido, se trata de una narración lineal, formada por varias anécdotas, casi todas centradas en la pasión que comparten Ernest Hemingway y sus compañeros: la caza en la sabana. Este siempre ha sido uno de los escritores que, como persona, me ha llamado más la atención. Algunos lo llaman el escritor que encarna la virilidad hasta sus últimas consecuencias, unos lo aman por su espíritu aventurero y sus virtudes y otros lo detestan por su egocentrismo, sus relaciones con las mujeres y sus defectos. De la misma manera, algunos están impresionados por su obra y otros atribuyen el Premio Nobel por la necesidad de encontrar alguno de Estados Unidos. Lo que es incuestionable es que tuvo tanto una vida como una muerte intensas. 

Por eso, si algo me ha gustado de esta novela es que Hemingway no se esconde tras un protagonista con otro nombre, sino que lo conocemos de cerca. La historia avanza siendo él mismo el narrador en primera persona y compartiendo con el lector todas sus opiniones sobre la gente y el paisaje que los rodea. No hay aquí ninguna historia de amor. Las conversaciones sobre literatura entre Ernest y Kandisky fueron, para mí, lo mejor del libro.


Sin embargo, yo no me llevé en la maleta Verdes colinas de África para leer sobre opiniones de literatura, por muy interesantes que sean. La contraportada del libro me prometía con una insistencia poética que me pareció irrefutable las descripciones inigualables que Hemingway dejó en este libro sobre la luz africana y el paisaje febril de la sabana, textos que van más allá del relato para alcanzar el mito. Pues bien, yo, después de acabar su lectura, no estoy de acuerdo. Yo no he encontrado tales descripciones si no han sido de forma totalmente accesoria para poner más en contexto al lector en lo que realmente se centra el libro: la caza mayor. La caza entendida como un deporte, una especie de competición de la que surgen amistades y envidias entre los compañeros que protagonizan la narración.

Intento reseñar esta novela buscando cierta objetividad de ideología pero ¡qué diablos! Esta es mi reseña, y como mía que es se volvería incompleta si no mencionara mi total desprecio a lo que los personajes de este libro llaman deporte. Leía Verdes colinas de África cada noche cuyo día precedente había estado de safari en maravillosos parques como el Serengeti, el Ngorongoro o Tarangire, observando entusiasmado la vida de los animales en absoluta libertad. Y el mismo día que tan solo tuve la oportunidad de ver un rinoceronte en la lejanía (el guía comentó que la única culpa de esta especie es criar tan solo cada cinco años y poseer un cuerno que se vende caro y es el mayor anhelo de los cazadores) leía por la noche como Hemingway y sus amigotes competían para ver quien cazaba el mayor.

Incompleta sería esta reseña si no mencionara que mi desprecio por este tipo de ocio ha enturbiado mi lectura por completo. Si bien no culpo a sus protagonistas, pues todo se trata de la concienciación y en esas tierras en aquel tiempo habían animales por todas partes y nadie a favor de protegerlos, me seguía pareciendo una aberración. Y cuando un libro se centra en algo que para el lector es una aberración y además lo alaba en vez de denunciarlo, la impresión no puede acabar siendo positiva. He leído muchos libros en los que aparece la caza de forma accesoria (Goat Mountain, de David Vann) y me han encantado, pero nunca había leído ninguno que se centrara casi exclusivamente en ella.

En conclusión, esta lectura me ha decepcionado, no ha estado a la altura de los otros libros que he leído del autor. Cuando me hice con él pensé que el estar leyéndolo en el escenario donde tiene lugar la narración me agradaría más, y la verdad ha sido la opuesta: al estar leyéndolo mientras era testimonio de las consecuencias de los actos que en él se describen ha hecho que me guste menos. Dejando aparte algunas conversaciones interesantes que te aproximan a la controvertida figura de Ernest Hemingway, el resto del relato me pareció, además, vacío, lineal, tedioso e interminable. 


No me quito de la cabeza un proverbio africano que leyó Eduardo Galeano, que recientemente nos ha dejado, en una librería de Chicago. Lo menciona en un libro que me estoy leyendo ahora y lo hace pensando en los que él llamaba los nadies. Sin embargo, en esta ocasión se me permitirá agarrarme a su interpretación más literal. Dice así: "Hasta que los leones tengan sus propios historiadores, las historias de cacería seguirán glorificando al cazador".


Las fotografías fueron tomadas en Tanzania. Las dos primeras en el cráter Ngorongoro y la última ante el lago Manyara, en cuyos alrededores tiene lugar la acción del libro.

Para acabar con Eddy Bellegueule, de Édouard Louis

miércoles, 8 de abril de 2015

«Salí corriendo de repente. Sólo me dio tiempo a oír a mi madre, que decía "Pero ¿qué hace ese idiota?" No quería estar con ellos, me negaba a compartir con ellos ese momento. Yo estaba ya lejos, había dejado de pertenecer a su mundo, la carta lo decía. Salí al campo y estuve andando gran parte de la noche: el ambiente fresco del norte, los caminos de tierra, el olor de la colza, muy intenso en esa época del año. Dediqué toda la noche a elaborar mi nueva vida, lejos de allí.»

No acostumbro a leer autobiografías, soy de los que creen que resulta extremadamente difícil para una persona -por su falta de objetividad- decidir qué anécdotas de su vida son relevantes y cuales no para el lector. También está la tentación del autor de aprovecharse de su posición de dominio para decorar su pasado, acabando por escribir un libro de la vida que le hubiera gustado tener y no de la que efectivamente ha vivido. Pero de vez en cuando se atisba una estrella en este cielo oscuro y aparecen autobiografías diferentes, de gente diferente que sabe muy bien lo que quiere contar de su experiencia, autobiografías que superan cualquier libro de ficción haciendo tangible la dicha de que la realidad supera la ficción. Hoy os traigo Para acabar con Eddy Bellegueule, de Édouard Louis.

Una niño nace en un barrio pobre de una sucia ciudad del norte de Francia. Los que nacen allí ya tienen el destino escrito: estudiarán para que sus familias reciban las correspondientes ayudas económicas y al crecer irán a trabajar hasta la jubilación a la fábrica que da empleo a la mayoría de la población. Los hombres se casan con las mujeres, beben cerveza, reniegan y van a trabajar. Las mujeres se casan con los hombres, se hacen cargo de la casa, de los niños y de los maridos que llegan cansados de la fábrica. Esta rígida línea vital no es discutida por nadie, todo el mundo la conoce, la respeta y rechaza a los que no la siguen. Pero este niño que nace, Eddy, el primero de la familia Bellegueule, es diferente. Desde pequeño habla y se mueve como una mujer, no le gusta el deporte y sus sueños se atreven a ir más allá del pueblo y la fábrica. Extraño, raro, afeminado, desviado, invertido, marica, bujarrón, gay, mariposa, perpetua vergüenza de su familia. Este es el libro con el que Édouard Louis consiguió dejar atrás los oscuros recuerdos de su pasado y enterrar para siempre a Eddy Bellegueule.

"Esto es real". No me lo podía dejar de repetir mientras leía este libro. "Esto ha pasado, es real, no se trata de una novela, sin colorantes ni conservantes". No estamos hablando de la Edad Media, sino de un hombre que hoy tiene veintidós años, uno más que yo. Hay partes del relato extremadamente duros que me encogieron el corazón, que me hicieron tener una sensación extraña en el estómago, que me marearon levemente. Además, el relato se divide en cortísimos capítulos que aún lo hacen más intenso. Y lo peor de todo es que es real, y si no me hubieran dicho que es una autobiografía lo habría sabido igualmente, pues nadie puede escribir esto sin haberlo vivido en primera persona.

Tampoco cae en los males de las autobiografías. En la narración se respira una transparencia absoluta, incluso cierta neutralidad. El autor no juzga a nadie, este libro no se trata de una ofensiva ni una venganza. Ningún rencor. Narra en primera persona pero a la vez alejado de su alter ego del pasado. Como si Eddy Bellegueule fuera otra persona diferente a Édouard Louis. Cuando comparte alguna opinión o algún juicio siempre proviene de Eddy. Tampoco cae en el vicio de la vanidad, no se molesta en justificar continuamente sus errores, sus preocupaciones o sus deseos. No se alarga con otros datos de su vida que no sean imprescindibles para comprender su encarnizada pugna para seguir adelante, para ser él mismo y huir de la jaula en la que nació.


En conclusión, una historia que les sonará no solo a los homosexuales, sino a todos aquellos que se salen de la plantilla que la sociedad tiene preparada para sus ciudadanos. Pero además agravada por el hecho de que el protagonista nace y vive en un entorno pobre, ignorante y, por lo tanto, muy cerrado en según qué temas. Un relato se superación, lucha constante y supervivencia. Una novela que no se lee, se vive a flor de piel, se sufre, quema. No os voy a contar más, quiero que los que ya habéis decidido leer este libro os enfrentéis a él sin saber más de lo que digo en esta reseña.