La casa de los espíritus, de Isabel Allende

martes, 26 de mayo de 2015

"El día que llegó Barrabás era Jueves Santo. Venía en una jaula indigna, cubierto de sus propios excrementos y orines, con una mirada extraviada de preso miserable indefenso, pero ya se adivinaba -por el porte real de su cabeza y el tamaño de su esqueleto- el gigante legendario que llegó a ser"
Desde que era un renacuajo lector conocía el nombre de Isabel Allende. En el autobús escolar había un niño de mi clase, Miguel, que tenía su sitio en la misma fila que yo, aunque nos hallábamos separados por el corredor central. No me acuerdo de cómo empezó, lo que sí sé es que fue algo progresivo, que no medió acuerdo alguno, que nació como nacen los hábitos; nos acostumbramos a leer durante los trayectos matutinos que nos llevaban al colegio. Siempre comentábamos y nos recomendábamos los libros que leíamos, aunque esto lo hacíamos esperando el autobús en la parada y al subir, para luego adentrarnos cada uno en su lectura cuando el motor rugía y el autobús avanzaba. Quizás, de vez en cuando, en algún pasaje emocionante soltábamos un "¡uau!" o un suspiro para llamar la atención del otro y resumirle brevemente la situación del relato. Entre el alboroto de gritos y la coral de lloros, risas burlescas y reprimendas nosotros leíamos con una complicidad tan natural que hasta que empecé mi última lectura no supe distinguir.

En el colegio no estábamos en el mismo grupo, de hecho en la posterior secundaria prácticamente no cruzamos ninguna palabra. No nos llevábamos mal, sencillamente teníamos amistades diferentes, caminos distintos. Sin embargo, en aquellos años de infancia maravillosamente cándida e ingenua, ambos sabíamos que la ruta en autobús de ida al colegio era un momento sagrado del día dedicado a entregarse a la lectura. Qué costumbre tan prodigiosa, tan perfecta y pura: dos tímidos niños leyendo en un autobús. Y es que no es cierto que no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes, sino que lo valoras de verdad cuando tienes la oportunidad de verlo con perspectiva, desde el exterior, como un narrador omnisciente, aunque a veces sea necesario perderlo para obtener esta perspectiva virtuosa.

Hacía tiempo que no recordaba a Miguel, pero lo rescaté de las sigilosas aguas del olvido cuando me decidí a leer a Isabel Allende para mi parada en Chile en mi viaje del reto Trotalibros. Me acordé de él porque mientras yo en aquellos tiempos leía las aventuras de Thomas Brezina y los cuentos traviesos de Roald Dahl, Miguel se volvía loco con Isabel Allende. Recuerdo que su libro favorito había sido La ciudad de las bestias y esperaba con impaciencia cada nuevo libro publicado de la que sería la Trilogía el águila y el jaguar. En su momento intenté leerla, pero nunca pasé de la página diez (creo que porque hablaba de drogas y esto me turbó). El hecho es que terminé por guardarle cierto rencor ridículo e injustificado a la escritora chilena. Por esto tuve esa sensación de haber leído por fin a una escritora que hacía mucho tiempo que me esperaba. Hoy os traigo La casa de los espíritus, de Isabel Allende.

La casa de los espíritus narra la vida de la familia Trueba, a través de cuatro generaciones, durante años convulsos de transformación de la sociedad chilena. La historia arranca con un osado comentario de Clara Del Valle en la misa de medio día de Jueves Santo. Esteban Trueba se enamora a primera vista de la hermosa hermana mayor de Clara, Rosa, de hermosura submarina, cabello verde y ojos amarillos. Se prometen y Esteban parte a trabajar a las minas del norte para hacerse rico y poderse casar con ella. Con este punto de partida empieza una narración en la que tres familias -los Del Valle, los Trueba y los García- van tejiendo una historia de encuentros y desencuentros, amistades, hostilidades y amores prohibidos.

Isabel Allende consigue crear cuatro personajes impecables. En primer lugar Rosa Del Valle; aunque su presencia en el libro es breve, su belleza extravagante y fascinante a la vez y su carácter indiferente e inconscientemente encantador me ha embargado desde el principio. En esta sintonía, sin duda uno de los pilares del libro es Clara Del Valle, su hermana menor, que desde pequeña demuestra tener poderes sobrenaturales como poder adivinar el futuro, saber interpretar los sueños o mover objetos sin tocarlos. Más allá de esta nota mágica es una mujer inmensamente sabia, siempre está en la luna de Valencia, atenta a los espíritus, cómoda en sus silencios que se pueden alargar años enteros. Sin embargo, tiene el respeto de todo el mundo porque todos saben que cuando habla no es para decir tonterías. Esteban Trueba es quizás el personaje más controvertido de la historia, con el que Isabel Allende transmite el mensaje de que, en la vida, no hay buenos ni malos. Las personas son complejas, cambian, se equivocan, lo intentan arreglar (o no) y pueden llegar a ser malvadas y generosas a la vez. La relación del lector con Esteban es bipolar, por un lado se lo detesta por algunas de sus reacciones severas y exageradas, sus opiniones tercas y anticuadas y su ira incontrolable. Sin embargo, por otro lado encontramos a un hombre sensible, que se arrepiente de muchas de las cosas que hace y ama a su familia sin límites. Por último, su hermana Férula, una mujer que conmueve, acostumbrada a vivir en la oscuridad y adoradora de la luz que Clara le da sin darse ni siquiera cuenta.

Disculpad por haberme alargado tanto con los personajes, pero cuando me conquistan de verdad, como es el caso, no dudo en cederles un merecido trono de letras en la reseña. Por otro lado, este realismo mágico que, en una historia familiar, nos lleva irremediablemente a Gabriel García Márquez. Sin duda este libro está muy influido por Cien años de soledad, quizás se le podría llamar su versión light. El tema es que solo está presente en la primera mitad del libro, y fue esta la parte que realmente disfruté. La segunda mitad se produce una ruptura, un cambio de rumbo: desaparece la magia para poner los pies del lector en el suelo, en la política y el cambio social del país. Siguiendo las pasiones prohibidas y los temores secretos de los nuevos personajes de las siguientes generaciones, los jóvenes -a mi parecer muy inferiores en calidad y complejidad a sus predecesores-, pasando por la elección del primer presidente de izquierdas -que representa a Salvador Allende, tío de la autora- y la posterior dictadura militar. Así, mientras que la primera mitad me pareció absolutamente maravillosa -como enamorado del realismo mágico que soy-, la segunda mitad del libro se rebaja al nivel de entretenido.

También me gustó que se refiriera al Poeta, que representa a Pablo Neruda. Y es que aunque no menciona en ningún momento el país en el que se desarrolla toda la trama, es evidente que se trata de Chile. Y a través de su historia es difícil no caer enamorado de un país tan impresionante, de una población y una cultura tan increíbles.

En conclusión, una historia familiar que repasa la Historia reciente de Chile. Isabel Allende ha sabido heredar la idea de Gabriel García Márquez, ese realismo mágico, y hacerlo suyo desde su perspectiva femenina, con un toque suave y sensible. Sin embargo, mientras que tanto los personajes como el estilo son inmejorables en la primera mitad, después se produce un cambio que aparece como el despertar de un sueño. Aunque puedo entender el simbolismo de este cambio de rumbo -la magie est mort-, también es verdad que he disfrutado mucho más de la primera mitad.


Siguiente parada: junio, París.

La biblioteca secreta, de Haruki Murakami

jueves, 21 de mayo de 2015

"La biblioteca estaba mucho más silenciosa que de costumbre. Yo llevaba, aquel día, unos zapatos de piel nuevos que, al pisar el linóleo de color gris, dejaban escapar unos crujidos duros y secos. No sé por qué, pero no parecía que aquellos pasos fuesen míos. Cuando te pones unos zapatos de piel nuevos, tardas un tiempo en familiarizarte con el sonido de tus propios pies"
El eterno candidato al Nobel de la Literatura, el escritor japonés vivo más importante, el misterioso autor de Tokio Blues... ¿Necesita Murakami presentación? No, hoy por hoy es uno de los escritores que más vende en el mundo. Yo, un lector reservado, de los que les gusta meterse poco a poco en la piscina, lo voy tanteando con sus cuentos. De él ya he leído After dark, que me hizo vivir una noche espectacular, con Sueño también pasé muchas noches sin dormir y finalmente con su último libro de cuentos pude conocer a muchos Hombres sin mujeres; desorientados, perdidos, nostálgicos y melancólicos. Hoy huyo de las que yo ya llamo noches murakanianas y de las calles mágicas de sus ciudades eternas para internarme en una biblioteca. Hoy os traigo La biblioteca secreta, de Haruki Murakami.

Narrado en primera persona, esta es la historia de un joven -no se nos revela su nombre- al que siempre le han enseñado que, cuando no sabe algo, tiene que ir a consultarlo a la biblioteca. Una vez allí, cuando pide un libro sobre la recaudación de impuestos del imperio Otomano la indiferente mujer del servicio de préstamo lo envía a la sala 107, donde encuentra a un extraño anciano que le obliga a bajar al laberíntico y misterioso piso inferior de la biblioteca y estudiarse de memoria los libros que ha pedido. Prefiero no contaros más ya que se trata de un cuento muy corto. Sin embargo, los que habéis leído a Murakami alguna vez ya sospecháis las aventuras surrealistas que va a pasar nuestro protagonista para huir de la biblioteca y el anciano.

¿Qué os voy a contar de Libros del Zorro Rojo que no os haya contado ya? Me parece una editorial extraordinaria, que cuida a cada una de sus publicaciones con un celo y un mimo del que deberían aprender muchas otras editoriales que se fijan más en la cantidad que en la calidad. La biblioteca secreta sigue la estela de Sueño. Repiten con la misma ilustradora, Kat Menschik, y no me extraña ya que, a mi parecer, ha sabido captar y materializar a la perfección la atmósfera murakaniana en sus ilustraciones. Si sumas el talento de un escritor, con el de una ilustradora y le añades el saber hacer de una editorial que sabe cuidar los detalles el resultado es un libro muy pero que muy bueno.


Como todas las historias de Murakami, se pueden hacer mil interpretaciones de lo relatado en este cuento. La mía fue la representación de un chico que se hace mayor. Su vida ha sido obedecer en todos los aspectos los consejos de su madre, hacer siempre y sin excepción lo correcto, dejándose llevar por el viento, y su mayor preocupación ha sido siempre no preocuparla. En esta biblioteca, de alguna manera, crece, se ve obligado a tomar sus propias decisiones sin consultarlo a su madre, de alguna manera debe ir a contracorriente por primera vez en su vida.

En conclusión, un cuento de Murakami que reúne todas sus virtudes como narrador. Uno acaba el libro con la sensación de haber despertado de un sueño muy intenso, muy real. Se lee en un día y, a los que les guste el escritor nipón, no se lo pueden perder. Además, esta magnífica edición acompañada de las increíbles ilustraciones de Kat Menschik no tiene desperdicio. Esto sí, cabe advertir que a Murakami o lo amas o lo detestas.

A los lectores de Murakami, ¿cuál es vuestro libro favorito suyo?
A los que no se han estrenado con él, ¿qué te atrae y qué no del autor?

Mis reliquias literarias

jueves, 14 de mayo de 2015

Si hay algo, aparte del vino, que es de buen envejecimiento, son los libros. Cuando acumulan años desprenden ese olor de usado, de libro sabio, que ha pasado por muchas manos y sus agrietadas sobrecubiertas y sus páginas amarillentas han visto de todo y más. Uno de mis momentos favoritos como lector es cuando, en una librería de segunda mano, me sonríe la suerte y me encuentro con, lo que yo llamo, una reliquia literaria.

Tengo una obsesión secreta con las primeras ediciones. Mucha gente no lo entiende pero para mí, que desde pequeño me ha apasionado hacer colecciones de todo tipo (monedas, puntos de libro... ¡incluso entradas de cine!), tener una primera edición es algo muy especial. Es como una pieza de museo, la oportunidad que supone tocar, oler y leer un libro en su primera impresión -imaginaos si está firmado por el autor...- es increíble.

Llevo tiempo pensando en cómo llevar esta afición literaria a mi blog. ¿Un reto?, ¿una nueva sección? No, finalmente he decidido hacerlo, como cantaba el inigualable Sinatra, myyy waaaay. Así, de acuerdo con las normas caóticas del libre albedrío y la inconstancia que de forma permanente reina en mi cabeza, iré compartiendo mis reliquias literarias en el blog.

Y el lector (que, no sé porque, me imagino como un intrigado, ingenuo, curioso y bigotudo Dupond) se estará preguntando, ¿qué es una reliquia literaria? Pues bien, la Real Academia Española nos da varias definiciones, entre las cuales se puede encontrar "vestigio de cosas pasadas", "cosa antigua" u "objeto con valor sentimental". He aquí la respuesta, pues.

Seguro que en vuestras estanterías tenéis libros que tienen un valor especial. O bien porque fueron de un ser querido, por la historia de cómo llegó a vosotros, por lo antiguo que es, por ser una primera edición, por estar firmada por el autor que tanto os entusiasma, por su valor en la infancia, porque os descubrió la pasión por leer... Solo tiene que ser especial para vosotros, por una razón o por otra. Una reliquia no lo es por unos requisitos objetivos, cada uno tiene sus reliquias y aunque, quizás desde los ojos de otro es un libro común y no tiene nada que lo haga valioso, para vosotros lo es.

Como habréis apreciado un servidor, acostumbrado ya a la siniestra sombra de los exámenes finales, se ha levantado con espíritu de diseñador. El señor Dupond no está satisfecho con mi definición de reliquia literaria porque no le ha dado la llave para comprender por qué la imagen de esta idea es la cara de un elefante. Pues por dos razones. En primer lugar, casi todas mis reliquias literarias las tengo en mi escritorio, entre dos sujetalibros de ébano tallados a mano y en forma de elefantes que adquirí en mi reciente viaje a Tazania. Debido a esto, de alguna manera para mí el elefante se ha convertido en la imagen de estos tesoros. En segundo lugar, porque el elefante es símbolo de memoria, de perpetuidad, de algo impermeable al paso del tiempo, como lo son nuestras reliquias literarias.

Al señor Dupond le gusta, he conseguido su atención. Ahora que me otorga unos instantes de su valioso tiempo no puedo fallar. ¿Cómo lo haremos esto? Pues bien, la idea original era que, de vez en cuando (esto es, cuando me venga en gana), escribiré un post sobre unas de mis reliquias literarias, contando la historia de la razón por la que es especial ese libro para mí. Sin embargo luego he pensado, ¿por qué hacerlo solo, aislado cual Robinson Crusoe atrapado en una isla desierta cuando estoy rodeado de tan estupendos y magníficos lectores? Así pues, me encantaría que participarais y conocer más de vosotros, vuestros libros más preciados, vuestras historias, etc. Si tenéis un blog podríais hacer vuestra propia sección (he diseñado un gadget y todo) para compartir vuestras reliquias. Si no tenéis blog, habéis leído esta entrada y os gustaría contar algo sobre vuestra reliquia literaria mandad fotografía y texto a trotalibrosblog@gmail.com y será para mí un honor publicar vuestra historia.

El señor Dupond salta y aplaude, está encantado y llama a su hermano sin cesar. Este llega corriendo y se quiere enterar de todo. Vamos a resumirlo todo un poco para el señor Dupont.

EN CONCLUSIÓN,
  1. ¿Qué son las reliquias literarias? Los libros que son especiales para ti por cualquier razón. O bien porque son antiguos, porque te los regaló alguien especial, por la trascendencia que tuvo en vuestra vida su lectura, porque perteneció a un ser querido... Everything counts!
  2. ¿Cómo funciona esto? De forma irregular; de vez en cuando, y encabezando la entrada con la cabeza del elefante, distintivo de las reliquias, os hablaré de un libro y de la razón por la cual es especial para mí.
  3. ¿Cómo puedo participar? Pues como te apetezca: ¡libertad de forma! Si tienes un blog, haz conocer tus reliquias desde allí. Sino, podéis mandarme la foto de vuestra reliquia literaria y su historia a trotalibrosblog@gmail.com y estaré encantado de publicarla. 


¡Creo que ya tenemos a los dos primeros participantes! ¿Os animáis a acompañarme?



Oso, de Marian Engel

domingo, 10 de mayo de 2015


"- Oso, oso- susurró, acariciándole las orejas. La lengua, no solo musculosa sino también capaz de alargarse como una anguila, encontró todos sus rincones secretos. Y, como la de ningún ser humano que hubiera conocido, perseveró en darle placer. Al correrse sollozó, y el oso le enjugó las lágrimas."

El placer de quedar hechizado con un libro. Estás paseando por la librería, observando con atención las estanterías abarrotadas de libros. Te paras; has visto algo. Ese libro, con esa bella portada, de esa editorial que es de fiar. Lo coges, lo miras, lees la sinopsis, te sorprende; te tiene. Esto es lo que me pasó con el libro que os traigo hoy. Es una lectura diferente y la verdad es que empiezo esta reseña sin saber cómo va a acabar. Hoy os traigo Oso, de Marian Engel.

Conocemos a Lou, una bibliotecaria joven y retraída que trabaja clasificando documentos y mapas. Su vida cambia cuando el director le adjudica la labor de clasificar los libros que conforman la gran biblioteca de la casa que un coronel ha legado al instituto, junto a la isla donde se encuentra. Lou, contenta de huir de las sombras de su despacho hace las maletas y se va del bullicio de Ottawa, se retira al norte de Canadá, la exultación de la naturaleza.

Allí conoce a Homer y a su hijo, que la llevan en barca a la isla y la ayudan a instalarse en la casa. Antes de irse la advierten de que el coronel tenía una mascota, un oso, y que sigue allí. Cuando se van se hace el silencio, y mientras Lou trabaja en clasificar la biblioteca de la casa, la soledad que la ha acompañado durante toda su vida la oprime y el oso la observa con una mirada triste desde su establo. Poco a poco y progresivamente ella y el oso van tejiendo una relación cada vez más y más íntima.

Y cuando digo íntima, ¿qué entendéis? No, no sois mal pensados, habéis acertado. Lou, la protagonista de esta historia, es tan zoófila como Humbert Humbert, de Lolita, es pedófilo. Son amores prohibidos, indecentes a ojos de la sociedad y que, ojo, comparto hasta la médula. Sin embargo, al igual que Lolita, el lector sufre en esta lectura un dualismo en el pensamiento. Por un lado encuentra monstruosos, asquerosos y enfermizos los deseos sexuales del / la protagonista. Pero por otro lado, al ser narrado en primera persona la conciencia de estar haciendo una locura que se aparta de lo ético y moral, el deseo incontrolable y la pugna entre ambos que existe en el interior del protagonista se viven directamente por el lector.

La narración es suave y tranquila, tan silenciosa y discreta como su protagonista y en ocasiones llega a ser erótica. Había momentos en los que me recordaba mucho al estilo de Alice Munro -autora también canadiense que, como Margaret Atwood, Margaret Laurence o Robertson Davies alabaron este libro-. Coincido de alguna manera con lo que dice este último de Oso: "una novela obscena y extraña. Uno de los títulos más hermosos y significativos de la literatura canadiense". Esta contradicción es la que se vive en esta lectura. Si me extraigo de la mágica atmósfera del libro lo encuentro horroroso, pero cuando respiro el aire estupefaciente de las palabras de Engel siento este amor imposible, truncado por la imposibilidad biológica, por una distancia insalvable.

Cuando Marian Engel publicó Oso en Canadá supuso todo un escándalo y, aun así, ganó el Governor General's Literary Award for Fiction en 1976. Fue la primera mejor en tener un asiento en la junta directiva del sindicato de escritores de Canadá y en 1983 fue nombrada Oficial de la Orden Canadiense. Tres años después fallecía de cáncer en Toronto.

En conclusión, este libro no es fácil de recomendar. La narración es sencillamente increíble, pero el contenido sin duda no es para todos los públicos. Una historia muy rompedora, solo apta para mentes abiertas que estén dispuestas a escuchar -que no significa estar de acuerdo- y a no juzgar a la protagonista. Aunque en estilo difieren por completo, si os gustó la obra maestra de Nabokov estáis preparados para esta.

Drácula, de Bram Stoker

miércoles, 6 de mayo de 2015

"No me atreví a levantar los párpados, aunque seguí observando la escena a través de mis pestañas, y vi perfectamente cómo la joven, arrodillada, se inclinaba cada vez más hacia mí. Sus facciones revelaban una voluptuosidad emocionante y repulsiva a la par, y en tanto encorvaba el cuello, se relamió los labios como un animal, de tal forma que, a la luz de la luna, conseguí distinguir la saliva que resbalaba por sus labios rojos y su lengua, que se movía por encima de sus dientes blancos y puntiagudos. Su cabeza descendía lentamente, sus labios llegaron al nivel de mi boca, luego de mi barbilla, y tuve la impresión de que iban a pegarse a mi garganta. Mas no, la joven detuvo el movimiento y yo oí el ruido, semejante a un chasquido, que hacía su lengua al relamer sus dientes y sus labios, al tiempo que sentía su cálido aliento sobre mi cuello. Entonces, reaccionó la piel de mi garganta como ante una mano cosquillenate, y sentí la caricia temblorosa de unos labios en mi cuello, y el leve mordisco de dos dientes muy puntiagudos. Al prolongarse aquella sensación, cerré los ojos por completo en una especie de lánguido éxtasis. Después... esperé con el corazón palpitante."
Lo bueno se hace esperar, que dicen. Por eso hoy llego con la reseña de mi parada en Rumania durante el mes de abril, parte del viaje emprendido en el reto Trotalibros. Era lógico pensar que os traería este libro, ¿no? Yo cuando pienso en Rumania pienso en Transilvania y cuando pienso en Transilvania me viene a la cabeza el lúgubre y siniestro castillo del vampiro más famoso. Hoy por fin os traigo Drácula, de Bram Stoker.

Conocemos a Jonathan Harker, aprendiz de procurador, cuando llega a Rumania en busca del conde Drácula, un cliente que busca ser asesorado para adquirir una propiedad en la ciudad de Londres. Sin embargo, pronto empieza a notar rarezas en el comportamiento de su cliente y anfitrión y poco a poco empezará a creer en una fuerza maligna, él, hombre empírico y ferviente seguidor de la ciencia. ¿Por qué el conde nunca come? ¿Por qué tiene tanta fuerza? ¿Y esa piel tan pálida? ¿Y esos dientes tan afilados? ¿Por qué nunca aparece durante el día? ¿Por qué los espejos no lo reflejan? Pronto descubrirá que no eran imaginaciones suyas; ha sido utilizado por un ser poderoso, oscuro, maldito y antiguo, que ha esperado muchos años para escapar de su tenebrosa morada y viajar a Inglaterra para escampar el horror. Allí es donde Jonathan Harker, junto a su prometida Mina Murray, el doctor John Seward, el noble Arthur Holmwood y el sabio Abraham Van Helsing intentarán acabar con sus perversos planes.

Quizás no habéis leído el libro, incluso es posible que no supierais de su existencia, pero todos sabéis quien es su monstruoso protagonista. Más allá de las burbujas de jabón -Stephenie Meyer, Anne Rice, etc- que a veces nos han eclipsado con una visión humanizada -e incluso naïf- del vampiro, Drácula no deja de sonar como un escalofrío que se superpone a todos los Edwards y Lestats. Sin embargo, cabe recordar que el vampiro no fue creado por Bram Stoker en esta novela, sino que es un ser mitológico que ha existido desde tiempos inmemoriales en muchos países. El mito del vampiro se popularizó en Europa a partir del siglo XVII debido a la necesidad de explicar, ante el pánico colectivo, las epidemias causadas por enfermedades que asolaron Europa. La palabra vampiro proviene del polaco wampir y del eslavo arcaico oper. Significa a la vez "ser volador", "beber o chupar", "lobo" y "murciélago hematófago".


Para construir el personaje del conde Drácula lo único que hizo Stoker fue recoger los mitos preexistentes de este monstruo que se lo relacionaba directamente con el diablo -de hecho este es el significado de Dracul en rumano- y mezclarlo con la historia de un personaje real: un príncipe de Rumanía. Vlad Tepes vivió en el siglo XV y fue príncipe de Valáquia, territorio que juntamente con Moldavia y Transilvania formaron el reino de Rumania. Desde muy pequeño Tepes mostró un interés morboso por las mazmorras del castillo de su padre. En su país fue un héroe que resistió la conquista turca con valentía, pero fue especialmente famoso por la crueldad extrema con sus enemigos, que habitualmente condenaba a morir empalados (que es la muerte consistente en ser atravesado por una estaca de arriba abajo). Muchos documentos avalan la historia de que Vlad Tepes untaba el pan con la sangre de sus víctimas.

Disculpad esta introducción, quizás me he extendido en demasía, pero cuando me enteré en el prólogo del libro sobre el origen del mito y la etimología me quedé asombrado. La historia empieza de forma muy intensa, con la llegada de Harker en uno de los paisajes literarios más famosos, el castillo del conde Drácula. Sin embargo, y aunque empieza y acaba en Rumania, el cuerpo del libro reside en Inglaterra, una vez el conde ha conseguido desembarcar allí y unos amigos, unidos por el dolor, intentan detenerlo. Poco a poco van desgranando los secretos del conde, sus puntos fuertes y sus puntos débiles.

Sin embargo, si algo llama la atención de este libro es que está escrito de forma epistolar, es decir, en forma de cartas, telegramas, diarios, notas, etc. Para mí este es el secreto del éxito de este libro. El hecho de que esté narrado de esta forma me hacía sentir como si hubiera abierto un cofre lleno de documentos, me los pusiera a leer uno por uno y descubriera así esta aventura. Le añadía verosimilitud e incluso proximidad, pues de alguna manera sentía que estaba leyendo las palabras escritas por sus protagonistas en el momento de los sucesos. No es fácil escribir un libro así, y Stoker lo hizo con una genialidad absolutamente admirable.


Estamos ante una novela de terror intensa, muy intensa. No se detiene en detalles sino que avanza a ritmo cinematográfico y no dejan de sucederles cosas a sus ajetreados protagonistas. Ya de pequeño a mí me hacía temblar la historia de Drácula. Una vez a mi hermano le regalaron un libro ilustrado de la novela de Bram Stoker y, aunque no lo leía, sus ilustraciones me provocaban noches enteras sin dormir. Pues debo admitir que con veintiún años he vuelto a pasar miedo con esta lectura. Cabe resaltar también el final, al que llegamos a contrarreloj, con el corazón en un puño y no decepciona. Además, en mi edición (Debolsillo) al final encontramos un capítulo genial que Stoker eliminó.

En conclusión, se trata de una lectura obligatoria, un clásico de la literatura que, lejos de decepcionarme, me ha gustado mucho más de lo que me pensaba. En él uno se reencuentra con el vampiro más impresionante y se percata del daño que ha llegado a hacer la moda contemporánea de escribir humanizando a esta criatura del diablo. Al pasar sus páginas uno puede sentir el aliento gélido y seco de Drácula, le parece entrever sus ojos rojos en la oscuridad, quizás incluso siente una aguda presión en el cuello.

Siguiente parada: mayo, Chile.

Fotos tomadas en las ruinas del Antic Casino de L'Arrabassada.
Agradecimientos a Carlota por enseñarme las ruinas de la que, sin duda, fue la residencia de verano del conde Drácula en Barcelona.

El libro de los abrazos, de Eduardo Galeano

lunes, 4 de mayo de 2015

"Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende."
Hay libros que, cuando uno acaba de leer la última de sus páginas, no provocan sensación de despedida. No hay adiós, hay hasta luego. Son esos libros que siempre te acompañan, los que lees y relees cada vez que lo necesitas -o sencillamente te apetece- y el libro siempre está allí, con sus palabras impresas e intactas cuya combinación crea la magia de sacarte una sonrisa o ver los problemas de otra manera. Son pequeñas biblias -sin mayúscula; humildes, discretas- que ayudan a las personas a abrir los ojos. Hoy os traigo una de estas joyas; El libro de los abrazos, de Eduardo Galeano.

Este pasado trece de abril nos dejaba Eduardo Galeano, uno de los últimos diamantes del boom de la literatura latinoamericana. Al igual que con Gabriel García Márquez, por pura casualidad me hallaba yo leyendo uno de sus libros cuando llegó la funesta noticia. Y es que si hubiera tenido que elegir a un escritor vivo con el que poder tener una conversación sin duda habría sido este. Lo conocí con un vídeo que corría por internet en el que su voz leía uno de los textos que componían su libro Patas arriba, concretamente El derecho al delirio. Este texto me hizo ver, y desde entonces me quedé prendido de sus letras humildes y generosas.

El libro de los abrazos es, en mi opinión, el mejor libro para empezar con Galeano. Se compone de pequeños textos, relatos, reflexiones, que nada tienen que ver unos con otros (o sí). Acompañadas por oníricas y surrealistas ilustraciones nos acercamos a cada uno de los fragmentos de un espejo mágico, que refleja la realidad a través de metáforas. Los temas son diversos. Aunque se centra mucho en las complejidades, los problemas y las bondades de América Latina, la tierra del autor -tema que centra su obra casi al completo, de hecho el libro que le hizo famoso es Las venas abiertas de Latinoamérica- también se habla de la pobreza, de la vida y la muerte, el amor, la amistad, el olvido, la sociedad...

En conclusión, este es un libro mágico e inolvidable. Cada uno tiene sus costumbres a la hora de leer, adaptadas por supuesto a su capacidad económica (entre otras cosas), por eso no suelo recomendar comprar ningún libro, pues evidentemente hay gente que prefiere cogerlo de la Biblioteca. Esta vez os recomiendo comprarlo. Vale la pena tenerlo en casa, mimarlo, subrayarlo, anotarlo, llevarlo y releerlo una y otra vez.

Os dejo con el vídeo con el que conocí a Eduardo Galeano:


D.E.P.