Historia de una ida y poema de un retorno.
El Hobbit, de J.R.R. Tolkien | Ítaca, de C.P Cavafis

miércoles, 6 de enero de 2016

Cuando acabo las dos lecturas de las que os hablaré hoy siento la necesidad de silencio y soledad. Así pues, cojo la bicicleta y me voy a la orilla del lago Ontario, donde las olas, empujadas por el frío e incansable viento, pican contra las heladas rocas. Irrumpo en una congregación de gaviotas y patos que, molestos y siguiendo mis movimientos de reojo más por costumbre que por temor, se apartan de mi camino. He llegado justo a tiempo para despedir al sol, y a él me dirijo cuando, en silencio, pienso en la vida como un largo viaje sin destino, una travesía que se tiene que disfrutar en sí misma con cada paso, cada victoria, cada derrota, cada enamoramiento, cada odio, cada acierto y cada error.

Un hobbit y un héroe griego. La Comarca e Ítaca. Dos odiseas llenas de peligros. No hay camino a la Montaña Solitaria sin desafortunados encuentros con ogros, trasgos, huargos y arañas gigantes. No hay travesía de vuelta a Ítaca sin dioses vengativos, malvadas sirenas, cíclopes y lestrigones. Durante sus viajes repletos de aventuras y desventuras, los viajeros guardan el recuerdo del cálido hogar como una estrella que ilumina sus caminos cuando todas las demás luces se apagan. Aunque vivan en mundos distintos Bilbo y Odiseo no son tan diferentes como aparentan. 




Historia de una ida
El Hobbit, de J.R.R. Tolkien



"-¡Muy bonito! -dijo Gandalf-. Pero esta mañana no tengo tiempo para anillos de humo. Busco a alguien con quien compartir una aventura que estoy planeando, y es difícil dar con él.

-Pienso lo mismo... En estos lugares somos gente sencilla y tranquila y no estamos acostumbrados a las aventuras. ¡Cosas desagradables, molestas e incómodas que retrasan la cena! No me explico por qué atraen a la gente."

Bilbo Bolsón es un hobbit de la Comarca, y como todo hobbit y todo Bolsón, no se fía de los extranjeros y le disgusta todo lo que le parece extravagante y fuera de "lo normal" (es decir, todo lo que no conoce). Sin embargo, la visita de un viejo mago llamado Gandalf y, más tarde, la de trece enanos con una peligrosa misión despiertan en él un afán de aventuras que en la Comarca solo se había visto en los hobbits de la familia Tuk -la familia materna de Bilbo-. Así, nuestro protagonista deja su cálido hogar atrás para unirse como saqueador a la comunidad de Thórin, Escudo de Roble, el legítimo Rey Bajo la Montaña. Sin embargo, su rico reino, la Montaña Solitaria, le fue arrebatada por un poderoso, astuto y malvado dragón llamado Smaug.

Cuando Bilbo se une a ellos y llega a las fronteras de la Comarca se da cuenta que se ha olvidado su pañuelo en casa, y se plantea volver a por él. ¡Cuánto le queda por aprender! ¡Cuántas veces pensará en su cómodo agujero-hobbit durante las aventuras que va a vivir! Porque, al contrario de lo que pueda dar a entender la sinopsis de este clásico de la fantasía, la parte principal del libro no lo ocupa la Montaña Solitaria, el dragón que reposa en su interior ni el inmenso tesoro que guarda, sino el viaje para llegar allí.

No creo necesario recomendaros este libro. Para mí se trata de una lectura imprescindible, no solo por los amantes del género fantástico, sino para todo lector. Con un dominio de la narración extraordinario, Tolkien inmersa al lector a la Tierra Media por vez primera con esta novela. Lo que sí me ha llamado siempre la atención de este libro es la evolución del protagonista. Cuando empieza la historia Bilbo es un hobbit que le encanta la rutina, leer y fumar su pipa en el jardín, prepararse sus comidas, ir a comprar al mercado... En definitiva, cree que en ningún lugar se vive mejor que en el suyo, y prefiere quedarse en él. Sin embargo, una vez se atreve a hacer el paso y sale de allí, de su zona de confort, ¡cuántas cosas descubre! Si no lo hubiera hecho, ¿acaso habría conocido la ambición de los elfos, la avaricia de los enanos y la corrupción de los hombres?, ¿acaso habría conocido la sabiduría de los elfos, la lealtad de los enanos y la humildad de los hombres?, ¿acaso habría sido testigo de la magia?, ¿acaso se habría hecho con un anillo que hace transparente al que lo lleva?, ¿acaso habría visto bosques mágicos, gigantes de piedra, cambia-pieles y tesoros infinitos? No, se habría quedado en su querida Comarca sin ver ni conocer nada de esto.

Todos podemos aprender de Bilbo. Querido lector, si tuvieras la oportunidad de ver las maravillas de la Tierra Media, ¿acaso te quedarías en la Comarca? Pues nuestro mundo no dista mucho de la Tierra Media en este aspecto. Allí fuera te esperan infinitos mares, puertos, ciudades, llanuras, desiertos, montañas y bosques. La Tierra está llena de miradas, culturas y pueblos diferentes, y de cada persona que te cruces por el camino aprenderás algo nuevo. Y cuando vuelvas a casa -debes volver, nunca debes perder de vista de donde vienes, tu dulce hogar-, no serás el mismo que partió.

Finalmente, después de todas las aventuras para llegar a su destino, llega la prueba suprema. Y después de esta, toca el anhelado retorno, pues Bilbo, aunque ha aprendido mucho de este viaje, nunca ha dejado de pensar en su hogar. Bilbo ha cambiado, y Gandalf se lo hace notar cuando vuelven. "-¡Mi querido Bilbo! -dijo-. ¡Algo te ocurre! No eres el mismo hobbit que eras antes.” Sin embargo, si hay algo que no le perdono a Tolkien es que, siendo el título original del libro "Historia de una ida y de una vuelta", resume las aventuras del retorno en diecisiete páginas. ¿Son las aventuras de la ida más importantes que las de la vuelta? A mi parecer no, y Homero coincide conmigo. Después de narrar la guerra de Troya en la Ilíada, dedica otro libro entero -Odisea- a narrar el regreso de Odiseo a Ítaca, entorpecida por la furia de Poseidón. Por esto he pensado en intentar corregir el descuido de Tolkien y os voy a hablar, no solo de la historia de una ida, sino también de un poema de retorno que ha marcado un antes y un después en mi manera de entender la vida.



Poema de un retorno.
Ítaca, de C.P. Cavafis


"Cuando la travesía emprendas hacia Ítaca, 
pide que sea largo tu camino, 
lleno de aventuras, pleno de saberes."

Así empieza el poema de Cavafis dedicado a Odiseo, cuando, después de hacer la guerra, se dispone a volver a su hogar, a su amada Ítaca, donde le esperan su esposa Penélope y su hijo Telémaco. Pero, ¿realmente nos habla Cavafis sobre Odiseo? Por supuesto que no, es tan solo la metáfora que utiliza para hablarnos de la vida.

No suelo leer poesía, (por el momento) no me suelen llegar al alma los estrofas de Pío Baroja, Rafael Alberti o Antonio Machado. Sin embargo, cuando un poema toca mi corazón, lo atrapa para siempre. Ha pasado pocas veces; me ha sucedido, por ejemplo, con Invictus, de William Ernest Henley, que lo tengo impreso y colgado en la pared, frente a mi escritorio, para tenerlo siempre presente como así lo hizo Nelson Mandela en su momento.

Pero ¿qué os puedo decir? ¿Qué se puede decir cuando un poema te deja sin palabras? C.P. Cavafis anima aquí a Odiseo a disfrutar de cada segundo en la travesía de retorno a Ítaca. Lo exhorta a parar a cada puerto, aprender de todo lo que vea, que escuche, que huela y que toque en el viaje. Que lo haga sin miedo y sin prisas, y sin olvidar su hogar, su destino final, Ítaca. Un canto a la vida vista como un largo viaje de vuelta a tu hogar, de la importancia de ver mundo, de explorar fuera de lo conocido y volver a casa con toda la grandeza de lo aprendido por el camino.

Acabo de volver de estudiar en Canadá unos meses. Desde el otro charco no pasaba un día en que no pensara en mi casa y en mi familia con añoranza, pero tampoco pasaba día en que no aprendiera algo nuevo de este maravilloso país, de sus gentes, de su manera de hacer y ver las cosas. Allí también he conocido a gente de todo el mundo; Israel, Turquía, Francia, India, China, México... ¡Y cada una de esas personas me ha aportado algo!

Si ahondamos en la metáfora, se puede llegar a extraer un mensaje parecido al de El Hobbit. Cuando Gandalf y los enanos sorprenden a Bilbo en su casa, éste último es adicto a su zona de confort, a su hogar, a las hermosas y verdes colinas de la Comarca. Sin embargo, después de vivir mil aventuras, recorrer la Tierra Media de oeste a este, tratar con reyes y bestias y de ser testigo de la mítica Batalla de los Cinco Ejércitos vuelve a su casa -reitero, saltándonos las aventuras de la vuelta, cosa que no perdono a Tolkien- y ya no es el mismo. De hecho, en El Señor de los Anillos conocemos a un Bilbo desquiciado, sediento de viajes y aventuras, de ver más mundo. Y, a mi parecer, es a esto a lo que Cavafis nos anima, a salir de nuestra madriguera y, sin olvidar nuestra "Comarca", porque es donde tenemos y queremos volver, aprender del mundo.

Yo ya conocía este pequeño poema desde la adaptación de Lluis Llach (el elepé Viatge a Ítaca) y, los que no lo hayan leído nunca, con una rápida búsqueda en Google podrán leerlo. Sin embargo, la edición que nos brinda Nórdica libros es aún mejor de lo que nos tienen acostumbrados -y ya es decir-. Se trata de una edición en tapa dura, con la traducción y un prólogo muy bueno de Vicente Fernández González. A cada página hay no más de tres versos, en español y en idioma original (es decir, griego) y, al lado, otra página dedicada a las ilustraciones de Federico Delicado, que mezcla mapas de la geografía griega con personas de todo tipo que representan la experiencia, el aprendizaje y la riqueza del viaje de retorno a Ítaca. Una edición única que decidí no dejar escapar -aunque, desde aquí, animo a Nórdica libros a que publiquen traducción al catalán-.



*

Camino. A cada paso estoy más cerca de mi casa, pero voy sin prisa y no miro a mis pies. Observo el paisaje, las gaviotas que vuelan lejos, el sol que desaparece entre las montañas del oeste, las calles y las casas, la gente con la que me cruzo y el camino que me queda por delante. Camino, "més lluny, sempre molt més lluny. Més lluny del demà que ara ja s'acosta."* Y cuando al fin llegue, confío en que sabré encontrar nuevas sendas.







* Parte de Viatge a Ítaca, de Lluis Llach: "Más lejos, siempre mucho más lejos. Más lejos del mañana que ya se acerca".

8 comentarios :

  1. He leído ambos, y aunque el segundo no está mal.. no es de mis preferidos
    en cambio, AMO el Hobbit, tan sencillo y tan complejo, intenso, impactante.. me encanta, pero bueno ya viene siendo un clásico en mis estanterías Tolkinianas :)
    un beeeeeesito
    PD. Ves como a veces coincidimos??? :)

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  2. No creo que lea El hobbit porque recién he terminado La comunidad del anillo y me ha spoileado todo el libro :( Pero ya veremos. Gracias por la reseña ;)

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  3. bueno empece a tolkien hace años con otra obra, pero el hobbit es de mis preferidos :D

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  4. ¿Puede ser que acabe de leer tu mejor reseña?
    Yo al menos, y aunque suene cursi decirlo, he notado tu alma en estas palabras y si te soy sincero, conforme las leía también me sentía reflejado en ellas. Sé perfectamente el tipo de sentimiento que describes y el Hobbit es único para aflorarlo.

    No puedo dejar pasar la oportunidad de volver a recomendarte a Manuel Vicent y su mágico clasicismo. De momento sólo puedo hablarte de Son de Mar, que sé que te encantará, pero con decirte que tiene otra obra titulada Del café Gijón a Ítaca, creo que lo digo todo.

    Un saludo!!

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  5. Dos lecturas que se disfrutan muchísimo y que requieren de tiempo de "degustación", sí señor. Me ha encantado esta entrada, casi me sentía a orillas del lago Ontario mientras la leía :-)

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  6. Muy buena la comparación de ambas obras que de entrada parece que no tengan nada que ver. El Hobbit me encantó en su momento, aunque se disfruta más leyéndolo de jovencito, lo releí para escribir una reseña en el blog y lo disfruté mucho, pero ya de otra manera. Qué genial lo de Canadá, no hay nada como viajar para abrir la mente, es lo mejor! Un abrazo y feliz 2016! Me asomaré por aquí de vez en cuando!

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  7. ¡"El Hobbit" es genial! Referente al final de la novela estoy totalmente de acuerdo. Pensé lo mismo. Aún tengo que leerme la trilogía de "El Señor de los Anillos", que espero hacer pronto. ¡Nos apuntamos "Ítaca"!

    ¡Besos!

    A.

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  8. Leí el Hobbit hace mucho, demasiado. Era un libro que quería releer en 2015 pero al final no lo hice, quizá tenga que ser en 2016.
    Del poema de Cavafis ¿qué te puedo decir? Es mi poema favorito. Lo descubrí en primero de carrera cuando en nuestra última clase el profesor de constitucional nos regaló una copia a cada uno. Fue un momento especial y lo guardo con muchísimo cariño.

    besos

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