El laberinto de las aceitunas, de Eduardo Mendoza


«-No se me pasa por alto –peroré, pues- que ha sonado la hora fatídica de mirar hacia atrás con la serena lucidez del que sabe que va a caer el telón y que, a poco que remolonee, no tendrá que hacer balance. No diré que dejo este mundo sin pena; entre los muchos sentimientos contradictorios e inoportunos que en mi ánimo luchan con resultados generalmente nefastos no están el estoicismo preclaro ni la elegante resignación. Es triste constatar, al levar anclas, que jamás he poseído las virtudes más excelsas de la hombría: soy egoísta, timorato, mudable y embustero. De mis errores y pecados no he salido ni sabio ni cínico, ni arrepentido ni escarmentado. Dejo mil cosas por hacer y otras mil por conocer, de entre las que citaré, a título de ejemplo, las siguientes: ¿por qué ponen huevos las gallinas?, ¿por qué el pelo de la cabeza y el de la barba, estando tan juntos, son tas distintos?, ¿por qué nunca he conocido a una mujer tartamuda?, ¿por qué los submarinos no tienen ventanas para ver el fondo del mar?, ¿por qué los programas de televisión no son un poco mejores? Ídem creo que la vida podría ser más agradable de lo que es, pero es probable que esté equivocado, o que no sea tan mala, sino sólo una pizca banal. Tonto, indolente y desinformado he llegado a ser lo que soy; tal vez si hubiera sido más cerril habría llegado más lejos. Nadie elige su carácter y sólo Dios sabe quién y cómo juzga nuestros méritos. Si tuviera estudios lo entendería todo. Como soy un asno, todo es un enigma. No sé si me pierdo gran cosa.»

El mes pasado os contaba que este año me he propuesto conocer bien a este célebre escritor barcelonés y, para empezar, he decidido leer su única saga, que mezcla novela negra y cómica. Si en abril le tocó a la primera de las aventuras del detective loco y sin nombre que protagoniza esta saga, El misterio de la cripta embrujada, este mes os traigo la segunda de ellas, El laberinto de las aceitunas, de Eduardo Mendoza.

Este episodio arranca cuando el lunático protagonista es secuestrado en el jardín del psiquiátrico, interrumpiendo la complicada tarea impuesta por el doctor Sugrañes de capturar las cucarachas que plagan los rosales del jardín del susodicho médico. Pronto descubrimos que este secuestro es obra del comisario Flores, que guía a nuestro detective a la habitación de un discreto hotel. Allí lo espera el mismísimo ministro de agricultura, quien le encarga una misión de relevancia nacional: nuestro detective tiene que ir a Madrid para entregar un maletín con una importante suma de dinero en su interior. Para qué es elegido nuestro protagonista para tan secreta y peligrosa misión es algo difícil de discernir pero él, impresionado por la autoridad que emana del señor ministro, acepta inmediatamente. Sin embargo, sus planes se tuercen no habiendo casi pisado la capital, cuando le es robado el maletín. A partir de este momento, y como ya nos tiene acostumbrados Mendoza, empezará un remolino de aventuras y desventuras, amigos y enemigos, propósitos y despropósitos, en busca de la verdad detrás de todo ese enredo.

Esta novela tiene muchas de las bondades de su predecesora: la parodia bien encontrada de la novela negra, la extravagancia del protagonista que aparece como un Don Quijote de los años ochenta, el hecho de que es el mismo detective loco el narrador en primera persona de la trama. También repite el registro fino, formal y lleno de vocabulario culto que brilla por estar en contraste con el perfil vulgar, iletrado y loco del propio narrador y con las desventuras que relata. Para mí, esto último es el mayor activo de estos libros, y lo que más me divierte. El lector, cautivo de la perspectiva deformada del narrador, se suma en su locura y se ríe con sus disparatadas ocurrencias.

Sin embargo, también debo admitir que este libro ha sido más flojo que el anterior (y, lo puedo decir porque ya lo he leído, también es más flojo que el siguiente). Aunque el secuestro inicial y el encuentro con el ministro de agricultura es un arranque genial, lleno de acción y muy divertido, la historia se va desinflando lentamente para acabar agonizando en un final que no me ha acabado de convencer. Quizás es este libro en el que el detective loco ha cometido menos locuras, menos disparates. Y, cuánto más normal es el protagonista, más aburre la historia. Por supuesto que, a lo largo de la novela, siempre hay comentarios y ocurrencias muy divertidas y no dejan de aparecer personajes inolvidables como Cándida, la hermana del protagonista, pero pronto la historia descarrila y no va a ningún sitio, cosa que no pasó en El misterio de la cripta embrujada.

En conclusión, El laberinto de las aceitunas ya tiene la fama de ser una de las novelas más flojas de Eduardo Mendoza. Sin embargo, es necesario pasar por ella para seguir los pasos del divertido detective que protagoniza esta saga de aventuras. Aunque no es una mala lectura, tampoco es hilarante ni engancha lo suficiente. Empieza a buen ritmo y poco a poco va perdiendo fuelle. Aun teniendo pocas páginas y no siendo un libro complicado de leer, se me ha hecho algo largo. En general, y teniendo en cuenta lo que he leído del mismo autor, una lectura floja.



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Comentarios

  1. No soporto a este buen hombre...
    he leído ya 3 libros suyos y dije.. NI UNO MAS
    no le veo el humor por ningún sitio y además, me aburre
    un beeeeesin

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  2. Coincido contigo, contra más normal es el protagonista, más aburre esta historia. Quizás por eso no me he animado a continuar con esta saga.
    Besotes!!!

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  3. Yo solo he leído un libro de Mendoza, pero me encantó. No tengo el gusto de haber leído esta saga, pero el problema es que tampoco me llama demasiado. Veremos con el tiempo.
    Saludos

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  4. Es un autor que no me llama nada. Espero que con sus siguientes libros tengas más suerte.

    Un abrazo ;)

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  5. No conocía el libro pero me parece muy interesante, así que quizá me pondre a investigar sobre la saga.

    ¡Saludos!

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  6. No he leído nada de él! Lo sé, imperdonable.

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  7. Hace mucho que no leo a Mendoza, ya toca!

    Besotes

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  8. Leído hace un montón de tiempo le guardo un grato recuerdo, junto al resto de la saga, que he recuperado no hace mucho con su última entrega. No me cabe duda de que Mendoza será de los escritores recordados en el tiempo
    Besos

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  9. ¡Buenas de nuevo!
    Me he dado cuenta de que entre mis marcadores estaba también esta entrada y mi comentario en tu reseña al primer libro de la saga ha quedado un poco absurdo. ¡En fin!

    El caso es que conforme leía el argumento de esta novela, pensaba que no me atraía tanto como la primera; veo que tú que lo has leído opinas que esta es peor y esto me hace plantearme si iniciar una saga cuyo segundo tomo ya es flojo merece la pena... Lo pensaré.

    ¡Saludillos! ♪

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