El árbol, de John Fowles

miércoles, 30 de marzo de 2016


"Tal vez el que hallara cierto sentimiento religioso en mi inmensa devoción por los bosques se deba a que nunca tuve una verdadera religión que seguir (y sigo sin tenerla). Sus misteriosas atmósferas, sus silencios, sus pasillos (sobre todo en los hayedos)... Hasta los bosques más pequeños guardan sus secretos y sus lugares recónditos, sus recintos sin señalizar, y todos los edificios sagrados, desde la catedral más grandiosa hasta la capilla más pequeña, y todas las religiones hunden sus raíces en el aura natural de esos escenarios boscosos. En ellos, nos hallamos entre otros seres más longevos, más grandes e infinitos, más alejados de nosotros que la forma de vida no humana más extraña que pudiéramos imaginar: ciegos, inmóviles, sin habla (o capaces de usar tan solo las confuses paroles de Baudelaire), vigilantes... En general, podemos decir que adquieren la única forma física que podría tener un dios universal."

El pequeño salvaje, de T.C. Boyle

lunes, 28 de marzo de 2016


"Ni el mismo habría podido explicarlo pues no poseía lenguaje, ni ideas, ni manera de saber que estaba vivo, ni que había un lugar donde vivía ni por qué. Era un ser salvaje, un atavismo viviente y palpitante, y su vida no se distinguía ne nada de la de cualquier otra criatura del bosque."

Hombres desnudos, de Alicia Giménez Bartlett

martes, 22 de marzo de 2016


"-Desnúdate, por favor -le digo.
Noto que ha empezado a ponerse nervioso. En eso todos reaccionan igual, se inquietan hasta que están seguros de lo que quieres de ellos. En lo demás, este parece diferente: no va vestido como un hortera, es comedido, habla poco y en voz baja, se quita la ropa despacio y ordenadamente. los demás la tiraban al suelo con mala gaita, como si estuvieran cabreados. Les cabrea tener que desnudarse delante de ti, inmóvil, miránolos.
Se queda desnudo. Es larguirucho, nada feo. Tiene un cuerpo normal, no ha trabajado sus músculos en el gimnasio. Poco vello. Sexo grande, pero no está en erección.
- ¿Y ahora qué? -me pregunta.
-Ahora, nada.
-Ya. Me quedo donde estoy y como estoy."


Un mal nombre, de Elena Ferrante

jueves, 17 de marzo de 2016



"Me obligué a respetar el pacto firmado conmigo misma: planificar mi vida sin ellos y aprender a que no me doliera. Para ello me concentré en una especie de autoadiestramiento en reaccionar poco o nada. Aprendí a reducir mis emociones al mínimo: si el propietario me metía la mano donde no debía, lo rechazaba sin indignarme; si los clientes eran groseros, ponía al mal tiempo buena cara; incluso con mi madre conseguí mantener siempre la calma. Todos los días me decía: soy lo que soy y no puedo hacer más que aceptarme; he nacido así, en esta ciudad, con este dialecto, sin dinero; daré lo que pueda dar, tomaré lo que pueda tomar, soportaré lo que haya que soportar."

Amsterdam, de Ian McEwan

martes, 15 de marzo de 2016


“Durante un instante, la imagen no pareció decirle nada —más allá de sus satinados blancos y negros—, pero luego fue ganando en definición hasta constituirse en un nítido plano medio. Increíble. Vernon alargó la mano para coger la segunda: de cuerpo entero, muy de cerca. Y la tercera: un perfil tres cuartos. Volvió a la primera, y su mente se vació de pronto de otros pensamientos. Luego estudió la segunda, y luego la tercera, viéndolas ahora cabalmente, sintiendo oleadas de respuestas bien diferenciadas: al principio asombro, seguido de una desatada hilaridad interna. Al reprimirla, experimentó la sensación de levitar de su asiento. A continuación, sintió una pesada responsabilidad (¿o era poder?). La vida de un hombre, o al menos su carrera, estaba en sus manos. Y quién sabe…, acaso estaba en situación de hacer que el futuro de su país cambiara a mejor. Y que cambiara asimismo el futuro de la difusión de su periódico.
—George —dijo al fin—. Necesito pensar en esto con mucho detenimiento.”

Ve y pon un centinela, de Harper Lee

jueves, 10 de marzo de 2016


"Por más que lo intentaba no podía pensar. Solo sabía una cosa y era esta: el único ser humano en el que había confiado absolutamente, con toda su alma, le había fallado. El único hombre que había conocido al que podía señalar y decir con un pleno conocimiento de causa: Es un caballero. Es un caballero de corazón” la había traicionado, públicamente, groseramente y sin pudor".

Golowin, de Jakob Wassermann

domingo, 6 de marzo de 2016



"El convencimiento habla por usted y no un sentimiento más profundo. Usted ha tenido la desgracia de vivir un matrimonio feliz. Si no, usted sería esa clase de mujer con la que ir a las barricadas. Lástima que un ser con instinto de águila haya sido reducido a hacer de clueca. El matrimonio ha metido en una cápsula a presión toda la nobleza y libertad que había en usted, y ahora no se atreve a moverse por miedo a que la carga explote. Usted se ha parapetado tras todo tipo de seguridades, obligaciones, lazos de gratitud, ilusiones adolescentes; pero se ha cerrado herméticamente a todo aquello que podía haber alcanzado si no le hubiesen robado su libertad como individuo.  A mujeres como usted, el estado debería confiscarlas ya en su juventud. El matrimonio las estropea. Es como verter arena en un valioso mecanismo de relojería. Después, cuando llega el gran enemigo ya es tarde. El gran enemigo, el gran comisario liquidador, el insobornable".