El ruido y la furia, de William Faulkner

jueves, 29 de septiembre de 2016


"Cuando la sombra del marco de la ventana se proyectó sobre las cortinas, eran entre las siete y las ocho en punto y entonces me volví a encontrar a compás, escuchando el reloj. Era el del Abuelo y cuando Padre me lo dio dijo, Quentin te entrego el mausoleo de toda esperanza y deseo; casi resulta intolerablemente apropiado que lo utilices para alcanzar el reducto absurdum de toda experiencia humana adaptándolo a tus necesidades del mismo modo que se adaptó a las suyas o a las de su padre. Te lo entrego no para que recuerdes el tiempo, sino para que de vez en cuando lo olvides durante un instante y no agotes tus fuerzas intentando someterlo. Porque nunca se gana una batalla dijo. Ni siquiera se libran. El campo de batalla solamente revela al hombre su propia estupidez y desesperación, y la victoria es una ilusión de filósofos e imbéciles."

Gabriel García Márquez acababa su famoso discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura, "La soledad en América Latina" haciendo referencia al que era uno de sus escritores más admirados: "Un día como el de hoy, mi maestro William Faulkner dijo en este lugar: "Me niego a admitir el fin del hombre". No me siento digno de ocupar este sitio que fue suyo si no tuviera la consciencia plena de que, por primera vez desde los orígenes de la humanidad, el desastre colosal que él se negaba a admitir hace treinta y dos años es ahora nada más que una simple posibilidad científica". Los que me leéis desde hace un tiempo sabéis de mi fervor por la obra de García Márquez, por lo que evidentemente William Faulkner era una asignatura más que pendiente. Hoy hablamos de El ruido y la furia, de William Faulkner.

Tan poca vida, de Hanya Yanagihara

sábado, 17 de septiembre de 2016


"Creo que el único secreto que tiene la amistad es dar con personas que sean mejores que tú, no más listas ni más populares sino más buenas, más generosas y más compasivas, y valorarlas por lo que pueden enseñarte, escucharlas cuando te dicen algo sobre ti, por malo (o bueno) que sea y confiar en ellas, que es lo más difícil de todo, pero también lo mejor
."

Es ecuánime y nítida la frontera entre el amor y la amistad? ¿Es la existencia del deseo sexual lo único que los diferencia? Muchos dirán que el amor, después de su culminación, cual fuego artificial en un cielo oscuro, se hunde para siempre en un mar de monotonía y responsabilidades, mientras que la amistad es más discreta, persistente y duradera, como las estrellas. ¿Pero todas las amistades y todos los amores son así? ¿No será que las emociones y los sentimientos, caóticos e impredecibles por definición, no se pueden amoldar a la obsesión humana de clasificarlo todo? Inconscientemente definimos el amor como un sentimiento superior, más noble, de alguna manera, que la amistad. Sin embargo, yo no veo que la amistad verdadera (confianza, lealtad, ayuda, empatía, generosidad y constancia) sea inferior de ningún modo. En mi cabeza ambos sentimientos se mezclan y se confunden. Para mí, mi pareja es mi mejor amiga. Y es que, al igual que en el amor, la amistad se prueba cuando sigue igual de sólida y fuerte, aun cuando uno se equivoca, cuando uno es injusto con el otro.

Cuando tuve la oportunidad de estudiar en Canadá, ahora hará un año, vi en todas las librerías un libro con muchas páginas titulado A little life, finalista del Man Booker Prize y del National Book Award. Aunque desde el principio me llamó la atención no me animé a leerlo en inglés por su longitud y porque tenía muchos libros en la lista de espera. Sin embargo, a la que me enteré que Lumen publicaba esta obra, que según muchos medios internacionales es la mejor novela del año, me lancé a ella irremediablemente. Hoy os traigo Tan poca vida, de Hanya Yanagihara.

Novela de ajedrez, de Stefan Zweig

domingo, 11 de septiembre de 2016


"Ya durante los últimos movimientos me había parecido observar en él una palidez cada vez mayor. Pero supo dominarse. Continuaba manteniendo su rigidez aparentemente indiferente. Mientras retiraba con mano tranquila las piezas del tablero preguntó con displicencia:
- ¿Desean los señores una tercera partida? 
Hizo la pregunta en tono completamente desapasionado, mercantil. Pero lo curioso fue que no miró a McConnor, sino que alzó la vista con aspereza y precisión en dirección a nuestro salvador. Igual que un caballo reconoce un mejor jinete por su postura más firme, Czentovic debía de haber hecho lo mismo en las últimas jugadas con su verdadero, su auténtico adversario. De modo mecánico seguimos su mirada y alzamos la vista hacia el desconocido."

Miro el calendario de este humilde blog y descubro que desde principios de febrero no leo nada de Stefan Zweig. Del que fue mi descubrimiento del pasado año y de quien leí tantas novelas cortas sumido en una especie de fiebre lectora, no había rastro en este 2016, más allá de la reseña de La impaciencia del corazón, novela que me apasionó como todo lo que escribió este hombre. Así, he decidido poner fin a tantos días seguidos sin hablaros de este experto del alma humana, este escritor europeísta empedernido que con tanta destreza desnuda al lector a través de sus historias y sus personajes. Hoy os traigo Novela de ajedrez, de Stefan Zweig (Zweig no le dio muchas vueltas al título por lo que se ve).

El noviembre de Kate, de Mónica Gutiérrez

lunes, 5 de septiembre de 2016



«Vivir es una aventura si estamos atentos a los detalles. Los pequeños detalles son las bisagras del universo.»

El blog de Mónica, Serendipia, fue de los primeros que conocí al entrar en la blogosfera literaria y, sin duda, a día de hoy es uno de los blogs que más sigo y admiro. Es por esto que, cuando me enteré que había escrito una novela y Roca Editorial la publicaba no me lo pensé ni un momento. Hoy os traigo un libro para leer en uno de esos días de lluvia y café, hoy os traigo un libro que os hará sentir muy bien. Hoy os traigo El noviembre de Kate, de Mónica Gutiérrez.