Las ambiciones de Emma.

La señora Bovary, de Gustave Flaubert


"¡Tengo un amante! ¡Tengo un amante!", recreándose en esa idea, como si le hubiese sobrevenido otra pubertad. Por fin iban a ser suyas esas alegrías del amor, esa fiebre de la felicidad con las que ya no contaba. Estaba entrando en algo maravilloso donde todo sería pasión, éxtasis, delirio; la rodeaba una inmensidad azulada; las cumbres del sentimiento le resplandecían en la imaginación, y la vida corriente no se le aparecía sino muy abajo, en la sombra, entre los intervalos de esas alturas."

Hacía ya tiempo que, sin haber leído la famosa novela escrita por Gustave Flaubert, Emma estaba presente en mi vida. La primera vez que supe de esta obra fue en un curso de narrativa del Ateneu Barcelonès, en el que me quedé hipnotizado por el detallismo, la perfección, el realismo y el gran control sobre todos los elementos narrativos que demuestra Flaubert en la primera escena de esta novela, en la que el bueno de Charles Bovary, futuro esposo de Emma, entra torpemente al colegio a sus doce años de edad. A partir de ese momento empecé a oír constantemente el nombre de Emma Bovary, junto al de Anna Karenina, en conferencias, discursos y conversaciones, como referentes literarios femeninos del adulterio. Por esto, aun antes de empezarla, ya sabía más o menos el argumento de esta novela.

Lo que desconocía por completo era el motivo de la dedicatoria inicial de esta obra, motivo que no puedo hacer otra cosa que destacar siendo yo estudiante de Derecho. Flaubert dedicó La señora Bovary "a Marie-Antoine-Jules Sénard, miembro de la Orden de Abogados de París, expresidente de la Asamblea Nacional y Exministro del Interior". Y es que probablemente es gracias a este abogado que podemos leer hoy esta gran novela, ya que defendió a Flaubert en las cortes judiciales ante los censores del gobierno de Francia, que querían prohibir su publicación "por ofensa a la moral pública y religiosa y a las buenas costumbres".

El juicio tuvo lugar en el Palacio de Justicia de París el 29 de enero de 1857. El abogado imperial, Ernest Pinard, de quien más tarde se dijo que era autor de unos poemas eróticos y aficionado a la pornografía, acusó a La señora Bovary de ser una obra obscena, y apenas siete meses más tarde hizo lo mismo con Las flores del mal, de Charles Baudelaire. El día del juicio Pinard destacó una selección de escenas, atendiendo especialmente a lo que dice el texto sin decirlo explícitamente, para concluir que, "aunque la obra es admirable desde el talento, es execrable desde lo moral". Por el otro lado, Sénard se centró en defender que para valorar la moralidad de una obra no se tiene que atender a los pecados y escenas que aparecen en ella, sino en las consecuencias de estos y estas. Finalmente el juez, aun admitiendo muchos de los argumentos del astuto Pinard, no encontró falta bastante a la moralidad para impedir la publicación del libro que os traigo hoy, La señora Bovary, de Gustave Flaubert.


Conocemos a Emma, la hermosa y joven hija de un granjero, que pronto se casa con Charles Bovary, un médico rural tan simple, mediocre y aburrido como bondadoso. Charles es bien considerado por sus pacientes, es responsable, trabajador, está completamente enamorado de su esposa, se desvive por ella, le concede todos sus caprichos, su mayor anhelo es la felicidad de su amada. En definitiva, Charles es un excelente marido. No obstante, a Emma no tarda en decepcionarla su nueva vida como esposa, que había imaginado fantástica y emocionante, y resulta ser sumamente aburrida. Emma, se empieza a hundir en su propia infelicidad, se empieza a ahogar en su aburrida monotonía, de la que culpa al pobre Charles, al que considera un ser anodino, falto de inquietudes y ambiciones. Y es entonces, con el anhelo de escapar de su tediosa rutina, cuando Emma empieza a buscar desesperadamente esa felicidad que nunca llega a alcanzar, empieza a perseguir esas ambiciones de poder, fama, lujo y amor a espaldas de su marido, adentrándose en un remolino de infidelidad, adulterio y promiscuidad.

La primera sorpresa de esta novela ha residido en que, aunque evidentemente el adulterio tiene una gran importancia en la historia, no es en ella donde estriba el alma del libro, sino en la insatisfacción y la infelicidad de Emma con la realidad que le ha tocado vivir y su búsqueda desesperada de la felicidad. La mayoría de mujeres del siglo XIX se contentarían con un marido como Charles, pero Emma es inconformista y ambiciosa, de carácter fuerte y dominante, siempre quiere más. He dicho más de una vez en este blog que para que te enamore un personaje no es necesario que te caiga bien o compartas sus decisiones, solo es necesario que esté bien construido y sea coherente. Pues este es el caso de la protagonista. Su constante sed de más puede fruncir el ceño del lector, y lo cierto es que Emma empezó por caerme mal, es caprichosa, melodramática y algo inestable, pero Flaubert consigue meterte en su mundo, sus emociones y sus anhelos con una maestría extraordinaria, demostrando que el juicio ético de esta historia es más complejo de lo que puede parecer. Para mí el gran tema del libro es las ambiciones de Emma, y el adulterio es tan solo una consecuencia de esta ambición desmedida. Sin duda este es un libro feminista, que no es poca cosa teniendo en cuenta la época en la que fue escrito.

Flaubert escribía quinientas palabras por semana, a un ritmo lento, perfeccionista y exhaustivo, escribía sin prisas, atendiendo a todos los detalles, buscando interminablemente le mot juste (es decir, la palabra exacta) de la misma manera que el pintor más exigente busca el color perfecto para una sombra discreta en su paisaje en la que seguramente nunca nadie se va a fijar. Y se nota, se nota en sus frases y escenas, perfectamente medidas y estudiadas. No hay ninguna frase o expresión que desentone, ninguna incoherencia, ningún paso en falso. Escenas como la del paseo de Emma y Léon en el coche (que Flaubert, pese a la exigencia de sus editores y autoridades, se negó a suprimir) son sencillamente inolvidables (¡gracias a su cabezonería!). El realismo del que esta novela es paradigma indiscutible impregna todas sus páginas.

He intentado no desvelar demasiado de la trama, pues es uno de esos libros que se disfruta mucho más si no sabes adónde te lleva. Sin embargo, no puedo hacer otra cosa que alabar el impresionante e intenso final de esta magnífica tragedia. Es sin duda uno de los mejores finales que he leído nunca. Tampoco puedo acabar esta reseña sin destacar la inmejorable edición de Alba. Aunque es cara, vale la pena ahorrar un poco para tener una edición de lujo para un clásico tan imprescindible como este.

En conclusión, sin duda es este un clásico que se tiene que leer. Aunque la historia de Emma, al igual que la de Anna Karenina, suele encarnar el adulterio en la literatura, es mucho más que esto. Esta es una de las primeras novelas feministas, una tragedia impresionantemente escrita con unos personajes inolvidables cuyo núcleo estriba en las enormes ambiciones de Emma Bovary. Aunque en la actualidad no escandalizará a nadie, en la época en la que fue escrita y publicada fue una obra totalmente rompedora. Para mí ha sido una lectura perfecta.



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Comentarios

  1. Qué gran novela. Y qué gran acierto el de Alba al traducir el título por La señora Bovary. Yo leí una traducción anterior, pero me habría encantado acercarme a la historia de Emma por primera vez en esta, que seguro que es fantástica.

    Una abraçada.

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  2. Jo aquesta la vaig llegir quan anava encara a l'institut i recorde que em va agradar molt, sobretot la segona part. El final el tinc gravadíssim a la memòria. A mi se’m fa estranya la traducció d'un títol tan memorable i clàssic com Madame Bovary, però en fi.

    Laia

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  3. Gracias por ponerme los dientes largos Jan ahora estoy deseando leerlo. Como sabes es uno de mis propósitos de este año. Cada vez que leo algo bueno sobre este libro más ganas me dan de leer.
    Ahora tu reseña, has cambiado el formato y nos has contado unos detalles bastante jugositos sobre la publicación y esa "moral" tan endeble del momento. Los que más ladran son los que más cosas tienen que callar. Buen trabajo.

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  4. Lo leí hace años, en mis tiempos de facultad. Que leímos La Regenta y como nuestro profesor siempre estaba comparando a Ana Ozores con Madame Bovary me entró la curiosidad por la novela. Me gustó mucho. Pero hace ya tantos años que necesito una relectura. Gustaba mucho en el siglo XIX la temática del adulterio.
    Besotes!!!

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  5. yo lo quiero leer en francés... pero creo que tendré que hacerlo primero en español :)

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  6. Es uno de esos libros que nunca sé si voy a llegar a leer o no, la verdad. Por un lado está eso de que es un clásico, pero por otro la temática no termina de llamarme del todo. En fin, no sé, ahí está por si quiero leerlo :)

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  7. Muchas gracias por la entrada. Muy completa.

    Y me quedo por aquí.


    Saludos.

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  8. ¡Hola!
    Me parece muy interesante y curioso lo que nos cuentas de la dedicatoria, tenemos mucho que agradecer a ese abogado y me gusta el detalle de que se le dedicase el libro.
    Aún no he leído 'La señora Bovary' pero lo tengo esperando en la estantería, no sé cuando me pondré con él pero espero no tardar en hacerlo.
    He leído de todo sobre Emma pero la mayoría de cosas son malas, la mayoría de las personas que conozco aborrecieron al personaje. Me gusta lo que dices, que un personaje no es bueno porque empatices con él sino porque está bien construido. Y me has picado mucho la curiosidad con lo que dices del final, yo que soy un poco necia con los finales.
    Un beso

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  9. Vengo queriendo leerlo desde hace tiempo. De este año no puede pasar. Me alegra ver que te ha encantado.

    Un abrazo ;)

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  10. Siempre ha sido uno de mis libros favoritos, creo que es atemporal, un clásico que se renueva continuamente porque nos cuenta algo que sigue sucediendo y lo seguirá haciendo hasta el final de los tiempos, pues así es el ser humano. Me encanta, simplemente.

    De Trotero a Trotero, un beso
    Yolanda ❤ ❤ ❤

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  11. Buenos días,

    Me ha gustado mucho la reseña, y coincido con los demás comentarios en que estos libros clásicos nunca pasan de moda, porque reflejan una naturaleza que siempre estará ahí. Además, lo bonito de estos libros es que cuando los lees en otra época de tu vida haces necesariamente otra lectura.



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