No decepcionar a papá.

Leyenda de un suicidio, de David Vann


"Su padre hizo una pausa, y Roy dijo: ¿Y entonces qué?
Con el tiempo los confines se terminaron tocando. Se doblaron y se unieron y formaron el globo, y el peso echó el mundo a rodar y los hombres y las bestias dejaron de mirarse. Entonces el hombre miró al hombre y, como todos éramos tan feos, sin pelo y con bebés que parecían escarabajos patateros, el hombre se dispersó y empezó a matar bestias y vestir su pelaje más bonito.
Ja, dijo Roy. Pero luego qué.
Lo que pasó luego es muy complicado de contar. En algun momento aparecieron la culpa, el divorcio, el dinero y Hacienda, y todo se fue al infierno.
¿Crees que todo se fue al infierno cuando te casaste con mamá?
Su padre le lanzó una mirada que dejó claro que Roy había ido demasiado lejos. No, creo que se fue al infierno un poco antes. Pero es difícil decir cuándo."


Pocas emociones han invadido con tanta fuerza mi interior como el anhelo de no decepcionar a mi padre. El padre, quien de pequeño veía tan grande, tan poderoso, incluso tan misterioso, a veces lejano, otras sorprendente, con opiniones y pareceres contundentes que no admiten réplica alguna, con la severidad del juez más seguro de su equidad y la implacabilidad del policía más vigilante y estricto. El padre, quien marca las líneas rojas, quien, con su entrada en casa después de trabajar, las normas se endurecían. Pero detrás de todo esto el padre, la figura a la que te quieres parecer de mayor, su fuerza, su espíritu, su éxito y sus principios. No decepcionar a papá, no hacerlo nunca, un anhelo nato y automático en nuestro cuerpo del que pocas veces nos damos cuenta, pero que si se nos pasa por alto puede tomar decisiones en nuestro nombre y seguir el camino que siguió papá, y no el que nosotros queremos seguir. Hoy os hablaré de la primera obra de David Vann, Leyenda de un suicidio.

Cuando David Vann tenía trece años cuando su padre, un hombre depresivo y desesperanzado, divorciado dos veces por infidelidades, le preguntó si quería ir a pasar un año con él a Alaska, le dijo que sería divertido, que estarían padre e hijo conviviendo como hombres en las salvajes tierras de la última frontera. David vivía con su madre, quien, con temor en los ojos, dejó decidir a su hijo qué quería hacer. Después de pensarlo mucho David resistió el anhelo de satisfacer a su padre y le dijo que no, pesó más el miedo que sentía hacia él. Dos semanas después el padre de David Vann se suicidó.

Leyenda de un suicidio recoge cinco relatos ("Ictiología", "Rhoda", "Una leyenda de un suicidio", "Ketchikan" y "El azul del cielo") y una novela breve ("Sukkwan Island") que hablan de lo mismo, del padre, de su presencia y de su ausencia, de las causas de su desesperanza y su suicidio. Vann se ha obsesionado con la figura de su padre, la culpabilidad por su suicidio lo ha llevado desde los diecinueve años a buscar refugio en la literatura, a acercarse al hecho que acabó con su infancia desde diferentes prismas y ficciones. A mí personalmente los cinco relatos me han parecido menores y prescindibles, han sido una especie de prólogo aburrido para la ópera prima del autor que esconde el libro, Sukkwan Island. En esta novela corta Vann explica su historia. Roy, al igual que él, tiene trece años y vive con su madre cuando Jim, su padre, depresivo, solo y desesperanzado como lo fue el padre de David Vann, visita a su hijo y le propone ir a vivir con él en una cabaña a Alaska durante un año. Sin embargo, a Roy, a diferencia de Vann, le pesa más el anhelo de no decepcionar a su padre que el miedo que le inspira, y le dice que sí. De esta manera, David Vann, desde la ficción, mira atrás y se pregunta qué habría pasado si hubiera consentido en acompañar a su padre a Alaska.

Sin duda David Vann es uno de mis autores vivos favoritos. Sus historias son despiadadas, angustiosas, opresivas, desalmadas, claustrofóbicas y asfixiantes. Al igual que en Goat Mountain David Vann nos inmersa en Sukkwan Island al paisaje desolado y salvaje de Alaska, convirtiendo estas tierras heladas en el tercer protagonista de la historia. Y recluidos en una cabaña situada en una inhóspita, fría y solitaria isla de Alaska, accesible solo por mar y en hidroavión conviven un padre que intenta encontrar una felicidad que siempre se le escapa y un hijo que echa de menos la escuela y a sus amigos, un adolescente  decepcionado que intenta no decepcionar a su padre. Jim, pese a intentar conectar a su manera con su hijo con todas sus fuerzas no consigue escapar de la depresión y la soledad, nunca piensa en las consecuencias de sus decisiones, por lo que no prevé la escasez de comida, la cercanía de los osos y otros peligros a los que ningún buen padre llevaría a su hijo.

La narración es ágil, directa y opresiva, con unos diálogos secos y escondiendo en sus silencios realidades que hielan la sangre del lector. Sin descripciones, el paisaje adquiere una gran importancia, todos los elementos narrativos se configuran para acompañar el clima opresivo de la narración, la carga asfixiante de la relación entre los dos protagonistas. Siendo un narrador externo, despiadado y omnisciente quien relata la convivencia entre Roy y Jim no se trata esta de una historia fácil de digerir, es terriblemente intensa.

En conclusión, Leyenda de un suicidio no es apto para todo tipo de lector. Estos relatos son solo para lectores que, como diría Mónica Gutiérrez, son feelbad, y se centran en la complicada relación entre un padre y un hijo. Como dijo David Vann en una entrevista: "los padres son dioses capaces de crearnos y destruirnos". Si algo me ha fallado del libro son los relatos que acompañan Sukkwan Island, que me han parecido menores y prescindibles. Sin embargo, lo compensa Sukkwan Island, una novela corta, cruel, claustrofóbica, directa, descarnada, desgarradora, que indaga los límites de la soledad, la tristeza, la calamidad y las relaciones paternofiliales. Sukkwan Island es impresionante en todos los sentidos, engancha desde la primera página, tiene grandes personajes, un paisaje inolvidable y con giros sorprendentes que dejan al lector sin aliento. Una gran lectura que, tarde o temprano, releeré. Y cuando acabas de leer un libro y ya piensas en releerlo es que sin duda estás ante una gran lectura.


Comentarios

  1. Apuntadísimo.
    Que feo debe ser vivir pensando en cómo una decisión pudo cambiar el destino de su padre.
    Un abrazo.

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  2. Bueno por una parte creo que me gustaría
    las relaciones padre-hijo y toda esa psicología creo que me llegaría, veremos a ver si me animo y cuando xD pero bueno, yo lo apunto
    un beesito jan

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  3. Imposible dejar pasar este libro tras leerte. Apuntadísimo me lo llevo, que no lo conocía.
    Besotes!!!

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  4. ¡Muy buena reseña, Jan! Como lectora "Feelbad" que me considero, me la llevo anotadísima. Además, es imposible resistirse a tu reseña.
    Besos.

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  5. Tengo Sukkwan Island apuntado desde hace tiempo. Al verlo incluido en una antología se me han abierto los ojos, pues me encanta el género de relatos. No obstante, viendo que te han aburrido, ya no sé si directamente seguir con la idea principal que tenía de leer solo la edición de la novela corta.

    Un abrazo ;)

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  6. Mil gracias por tu reseña. Que Blog tan inspirador el tuyo. Te felicito.

    Susana Martín Faúndez.

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  7. Uf, aun así creo que me gustaría leerlo. Quizás me anime el que sea una novela corta, así el nudo en el estómago no duraría mucho.

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  8. Aunque el tema me llama la atención, veo que el libro no es para mí.

    Un saludo,
    Laura.

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