Correr - Jean Echenoz



"Pues oye, le dice el médico, menuda tortícolis parecías tener, has hecho más muecas hoy que en Berlín. Ya lo sé, reconoce Emil, es lo que siempre me echan en cara. En los entrenamientos, en las competiciones, todos dicen lo mismo. Pero no puedo evitarlo, no es ninguna pose. Te juro que hace daño de verdad lo que hago, si crees que no preferiría sonreír. Al menos podrías intentarlo, sugiere distraídamente el médico, levantando la mano para pedir otra pinta. No tengo suficiente talento para correr y sonreír a la vez, reconoce Emil, levantando también la suya. Correré con un estilo perfecto cuando se valore la belleza de una carrera según un baremo, como en el patinaje artístico. Pero yo, de momento, lo que tengo que hacer es correr lo más rápido posible." 
Capítulo 9, página 62-63.

Hay muchas vidas que merecen ser contadas. Vidas que, si no fuera porque un escritor un buen día oye hablar de ellas por casualidad y le entra la curiosidad, y emplea su tiempo en documentarse, en rescatar todos sus detalles y en darlas a conocer a todo el mundo, caerían en el olvido. Si no fuera por la labor de Laurent Binet, ¿cómo habría conocido la historia de los miembros de la Resistencia Jozef Gabčík y Jan Kubiš? Si no fuera por Pablo Martín Sánchez, ¿cómo habría conocido la vida de su homónimo anarquista? Si no fuera por la Nobel Svetlana Alexiévich, ¿cómo habría podido escuchar las voces de los sin voz, de las víctimas del régimen comunista? Si no fuera por Gabriel García Márquez, ¿cómo habría conocido el relato del náufrago Luis Alejandro Velasco? Todos estos escritores rescatan historias, recuerdos, vidas. Indagan, buscan, recorren bibliotecas, archivos y hemerotecas para salvar del olvido a héroes, mártires y supervivientes. Cada uno relata con su estilo, a veces ajustándose totalmente a la realidad, reconociendo las lagunas de la historia, y otras veces llenando los vacíos con su imaginación. De cualquier manera, de alguna forma reviven a estas personas a través de las letras y esta es una más de las maravillas de la literatura. Hoy os traigo una historia que, como la de Laurent Binet, nos lleva a la República Checa, para conocer la historia del que fue conocido por todo el mundo como la locomotora humana. Hoy os hablo de Correr, de Jean Echenoz.

Emil Zátopek nace en 1922 en el pueblo de Kopřivnice (Checoslovaquia). Empieza a trabajar a los dieciséis años como aprendiz en una fábrica de zapatillas de tenis y la empresa organiza una carrera pedestre en la que todos los estudiantes de la escuela profesional, Emil entre ellos, están obligados a participar. A Emil nunca le ha gustado el deporte pero a partir de esta primera carrera descubre que correr sí le gusta. Poco a poco empieza a aficionarse, a correr siempre que puede, a participar en todas las carreras locales y nacionales hasta que en 1948 le llega el éxito internacional cuando obtiene en los Juegos Olímpicos la medalla de oro en la carrera de 10.000 metros y la de plata en la de 5.000 metros. Muchos critican su forma de correr poco elegante, desaliñada,  la contorsión del tronco, el movimiento caótico de sus brazos y sus extrañas muecas de esfuerzo y frenesí mientras corre. No tiene estilo, no tiene técnica, pero sorprendentemente es con diferencia el más rápido de todos, y empieza a ganar todas las carreras, a pulverizar récords, hasta pasar a ser conocido internacionalmente como la locomotora humana. El Usain Bolt del momento. Sin embargo no todo es tan fácil y feliz como parece y las circunstancias históricas, primero los nazis y luego los comunistas con la tensión de la Guerra Fría influirán constantemente en su carrera como atleta.

Y os estaréis preguntando, igual que hice yo en su momento, ¿y a mí qué carajos me importa la vida de este hombre que corría rápido? ¿De veras no hay vidas más interesantes sobre las que leer? Pero como siempre en la literatura, lo importante no es el qué, sino el cómo. Emil es un atleta construido a sí mismo, que vino de la nada y que entrenaba por el simple placer de ir más rápido que los demás. No le importaba el estilo, no le importaba la política, no le importaba el dinero, lo único que le importaba era correr más rápido y más lejos. Emil se nos aparece como un hombre sencillo, tranquilo, siempre con una sonrisa en la cara, un hombre que es feliz con su esposa, un hombre que crece, que cambia, que sufre altos y bajos en su carrera. En definitiva, un hombre normal al que le apasiona correr, se le da fenomenalmente bien y pasión, esfuerzo y talento se juntan para construir al campeón olímpico en el que se convirtió.

Sin embargo, lo que más me ha gustado de este libro es la forma de narrar de Jean Echenoz. El primer libro que leí suyo fue 14, que describía la experiencia de un joven soldado en la Primera Guerra Mundial, y ya me impresionó muchísimo. Jean Echenoz suele escribir libros cortísimos - Correr no llega a las ciento cincuenta páginas- y su estilo destaca por su pureza, su aparente simplicidad, su narrador omniscente y neutral. Echenoz es directo, implacable, objetivo, incluso frío. Sin embargo, toda la frialdad del narrador y toda la simplicidad del relato tienen un efecto en el lector totalmente inverso a lo que cabría esperar. Me he quedado enganchado a la historia desde la primera página y he seguido impacientemente los pasos de Emil, expectante por saber el destino de la locomotora humana. Echenoz te cuenta cuarenta años de la vida de Zátopek, desde que empieza a correr obligado por los nazis hasta que termina de minero del ucranio y de basurero para apoyar la Primavera de Praga. A partir de estos hechos el lector es libre de sacar sus propias conclusiones, por una vez el autor no le va a decir la moraleja o si el protagonista toma la decisión correcta o errónea. Echenoz hace que parezca fácil escribir de una forma tan directa, tan efectiva, tan depurada de formalismos y decorados inútiles, pero en realidad no lo es.


Si el estilo del autor ya me suele encantar, el efecto que tiene al tratarse de una biografía me ha gustado aún más, ya que depura la narración de los datos inútiles y molestos que suelen abundar en las biografías, como las fechas y los olvidadizos nombres propios de gente, lugares y galardones. Según el mismo autor esta no es una biografía, reconoce no haberse documentado lo bastante como para escribir una, sino que construye un personaje de ficción a imagen y semejanza de Emil Zatópek. Incluso tengo la sensación de que en realidad la vida de Emil Zátopek es una excusa para repasar la historia de la Checoslovaquia y el mundo a lo largo de aquellos años, o la vida de un hombre humilde que subió a lo más alto, la historia de su pasión, sus ansias de superación, sus éxitos, sus fracasos, sus silencios, su resignación, su valentía, su soledad, su lucha, la cronología de una estrella fugaz, que se enciende, ilumina el cielo y se apaga, la memoria de una víctima de las circunstancias del momento. Y todo esto lo extraje yo de los hechos que narra Echenoz manteniendo una distancia prudencial continua con Emil, sin acercarse nunca a su intimidad o a sus emociones. Su libro podría ser perfectamente una recopilación de noticias periodísticas, con un tono imparcial, indiferente, casi mecánico.

En conclusión, como cabía esperar el estilo depurado, sencillo y efectivo de Jean Echenoz me ha vuelto a conquistar, esta vez con la vida del legendario atleta checo. Un libro rápido y fácil de leer que deja huella. Poco importa que no te guste correr, pues esta no es en realidad una historia de un corredor, ni de los nazis, ni del comunismo, ni de la Guerra Fría, sino que es la historia de una pasión, de unas circunstancias y de una vida. Muy recomendable.




Comentarios

  1. ¡Hooola! <3

    «¿Y a mí qué carajos me importa la vida de este hombre que corría rápido? ¿De veras no hay vidas más interesantes sobre las que leer?» JAJAJAJAJAJAJAJAJA En cuanto lo vi en twitter, me llamó la atención. Me gusta la editorial, las biografías desconocidas y los libros cortos. Él solía sonreír, según tu reseña, pues también quiero leer la historia de «la pequeña comunista que no sonreía nunca». ;)
    En el caso de que este libro pase por mis manos, te lo haré saber. ^.^
    ¡Recuerdos de una admiradora de tus fotografías!

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  2. Pues no conocía el libro, pero mira, justamente que estos días ando a toda pastilla entre clases y trabajos, así que una lectura de este tipo me resulta de lo más apropiada.
    Muy buena reseña y como ya te dije el otro día, las fotos que haces de las portadas son geniales :D
    Saludos!

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  3. No es mi estilo.. así que no creo que me gustara
    No sé, ya sabes como soy
    y bueno, con los que tengo pendientes pues tela
    un beesito

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  4. ¡Hola!
    Soy nueva por tu blog^^
    Muy buena reseña, muy completa, me apunto el libro.
    Besitos

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  5. ¡Cosa guapa!
    Para empezar... Tienes razón en eso de "Y os estaréis preguntando, igual que hice yo en su momento, ¿y a mí qué carajos me importa la vida de este hombre que corría rápido? ¿De veras no hay vidas más interesantes sobre las que leer?". Justamente estaba pensando eso mismo jajajajajaja. La verdad es que no creo que fuera a disfrutar de esta historia (ya sabes, por eso del sexo y los muertos jajaja), pero aun así, me ha gustado que el aprendizaje extrapolable de esta historia vaya más allá de la propia trama :)
    Un besazo enorme, corazón.

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  6. Zátopek fue un grande, habrá que leerlo pues.
    Mi propuesta es la siguiente:
    http://www.bubok.es/libros/246641/Relatos-y-poemas-breves-para-gente-sin-tiempo

    Ya os contaréis... ;-)

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