La tormenta perfecta del primer enamoramiento.

El primer amor, de Iván Turguéniev.


"La sangre me hervía, y mi corazón se hallaba henchido de anhelos, dulces y absurdos: lo esperaba todo, lo quería todo, y todo me sorprendía, y estaba preparado para cualquier cosa; mi imaginación volaba alrededor y se posaba fugazmente sobre los mismos temas una vez y otra, tales como los vencejos rodeando un campanario al amanecer; me perdía en mis pensamientos, me entristecía e incluso me entregaba al llanto."

Dijo una vez Antoine de Saint Exupéry que "al primer amor se le quiere más, a los otros se les quiere mejor". Y, en mi caso, no puede ser más cierta. Aún recuerdo a la perfección la sensación de las emociones acumulándose en tu interior, la sensación de estar a punto de explotar de que esta necesidad imperante de estar cerca de ella, protegerla, conocerla y cuidarla. No se me han olvidado los latidos acelerándose cuando su mirada se cruzaba con la mía, me hacía una pregunta o nuestras manos se rozaban sin querer. Recuerdo tan bien ese primer enamoramiento que me nubló el juicio, que se extendió por mi cuerpo aún infantil como una dolencia dulce y fatal, que siempre me he sentido atraído por las historias sobre los primeros amores, en los que se encuentra el descubrimiento de un nuevo sentimiento con el crepúsculo de la infancia. Además, no he leído demasiada literatura rusa, y empezar con Turguénev, al que llaman el más europeo de los escritores rusos, me pareció una buena opción para meterse poco a poco en el charco. Hoy os hablo de El primer amor, de Iván Turguénev.

Un grupo de amigos se reúnen y se deciden a contar cada uno de los presentes la historia de sus primeros amores. Sin embargo, tanto el anfitrión como uno de los amigos admiten que los suyos no tienen nada de extraordinario. En cambio, Vladímir Petróvich confiesa que su primer amor no fue trivial. Fue en 1833 y tenía dieciséis años cuando se fue con sus padres de Moscú a pasar el verano en una dacha (una casa de campo rusa) cerca de las Puertas de Kaluga. Vladímir siempre contó con una libertad absoluta gracias a la mezcla de cariño e indiferencia con la que le trataban sus padres, y las primeras semanas en la dacha se dedicó a dar largos paseos, recitando poesía en voz alta. Sin embargo, su vida da un giro inesperado cuando conoce a la hija de los vecinos, Zinaída, una hermosa princesa de veintiún años. Desde el primer momento que la ve se enamora completamente de ella. Zinaída, rodeada en todo momento de un montón de pretendientes, juega cruelmente con sus sentimientos, aprovechándose del amor que sienten por ella entre otros nuestro desgraciado Vladímir.

Se dice que este cuento largo tiene algo de autobiográfico, y yo realmente lo creo, pues nadie conseguiría describir unos sentimientos tan intensos como los de un primer amor no correspondido de la manera que lo hace esta historia sin haberlos vivido. No os dejéis engañar por el dibujo del tierno Cupido que aparece en la portada de la edición de Eneida, fijaros más bien en su rostro sombrío, su sonrisa traviesa, su mirada burlona. Parece estar divirtiéndose observando al pobre protagonista de la historia, atrapado entre unos nuevos sentimientos que no sabe cómo afrontar y la crueldad despiadada de la princesa Zinaída.

El primer amor es un cuento plano que no consiguió sorprenderme (solo el final intenta ser inesperado pero que al menos yo me olía desde el principio), por lo que sería mejor leerlo con las expectativas de una crónica, de una anécdota, que de una historia de ficción que vaya a sorprenderte. Sin embargo, transmite a la perfección las emociones del protagonista.

En conclusión, El primer amor es un relato convencional de menos de ciento cincuenta páginas sobre la historia convencional de un primer enamoramiento no correspondido. No tiene más pretensión que la de transmitir al lector los intensos sentimientos de este influjo de amor cegador. Y cumple esta expectativa. Por otro lado, si buscáis un relato que enganche, de intriga o con giros inesperados, sin duda este no es vuestro libro.




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Comentarios

  1. Pues me gustaría leerlo, pero después de tu última frase , casi que mejor lo dejo pasar. Porque yo sí quiero un libro que me enganche y que mantenga la intriga que un lector necesita para sumergirse en la lectura. Tu reseña muy buena, por cierto. Saludos desde locura de lectura

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  2. Preciosa reseña. A pesar de no darle demasiada puntuación, me la apunto. Gracias

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  3. Pese a ver que no lo has disfrutado como esperabas, si se cruza en mi camino, le daré una oportunidad, que me atrae.
    Besotes!!!

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  4. A pesar de tu reseña, como bien dices tú mismo, no es para mi, busco otra cosa ahora.
    Un besito.

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  5. La verdad es que me llama la atención...pero como le cogí tirria a el joven Werther quizá este libro no sea para mi. Al menos no ahora, no en este momento.
    Un saludo

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  6. Lo tengo en casa cogiendo un hermoso color marrón desvencijado. Siempre me ha tentado por lo breve y excitante del título, pero nunca me animé. Con tu reseña, no sé que pensar, 150 páginas pueden hacerse muy largas si no engancha, pero esos sentimientos... quiero volver a revivirlos.

    Saludos!

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